Androides y artilugios mecánicos imposibles en el Medievo

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- La figura de san Alberto Magno (1206-1280), teólogo y científico alemán, se le acusaba -tal vez de forma infundada- de gustar demasiado de la fama, también de estar muy introducido en conocimientos esotéricos y  de alquimistas. Su reputación como innovador iba más allá, casi lo ubican el los albores, del conocimiento, del siglo XX.

Se decía de san Alberto Magno que fue capaz de construir un androide, un primitivo robot mecánico que se comunicaba con su inventor y daba respuestas correctas a sus preguntas. Pero su discípulo sentía gran animadversión por él, se trataba de santo Tomás de Aquino, quien lo destruyó al creerlo maléfico y obra del demonio. Al menos así lo refleja la Historia más heterodoxa.

Otro constructor de robots hace siglos, muñecos animados imposibles, fue el relojero y monje italiano al servicio de España Juanelo Turriano (1501-1575) que construyó el famoso Hombre de Palo, que era un maniquí articulado, labrado en madera y decían que podía caminar.

Igualmente el afamado filósofo René Descartes (1596-1650) parece que también era un hábil constructor de este tipo de artilugios y construyó un gato robótico que llevaba consigo en todos los viajes. Fue en uno de ellos cuando el capitán del barco lo tomo por diabólico y tiró al mar por la borda.

Tres grandes figuras de la Historia con un saber oculto dentro de la heterodoxia que va más allá de su propia vida.