Anécdotas Reales, perlas de la Historia

CÁDIZDIRECTO.- Dentro de los países que han sido gobernado por sus respectivas monarquías, en un presente o un pasado, han quedado anécdotas reales que han pasado a la Historia por su curiosidad, simpatía o excentricidad.

De todo se puede encontrar y hay una larga lista de ‘sentencias’ que no dejan de llamar la atención. Una de ellas tiene como protagonista al octavo rey de los Godos, Teodorico, que era un fiel al arrianismo (una variante del cristianismo). Tenía un ministro que era católico y por peloteo se hizo arrianista. Teodorico al enterarse de ello mandó que lo mataran. Antes el ministro preguntó las razones y el rey contestó: “Si ha sido capaz de traicionar a su Dios, no tardará en traicionarme a mí”.

En tiempos de Carlos III se acometieron unas importantes obras en Madrid, entre ellas se incluía la canalización del agua para que limpiara de residuos la ciudad. Esto no gustó demasiado a los madrileños de la época, al saber el monarca del disgusto del pueblo dijo: “Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava”.

La reina Isabel II de España, reina poco querida por el pueblo, era una ferviente seguidora de una novela que publicaba, por entregas, el diario “La Nación”. Su autor era Antonio Flores, y recibió en su día una carta de la reina exigiéndole que le entregara el manuscrito de la obra para conocer el final. El autor contestó: “Majestad, lamento no poder complaceros, pero ni siquiera yo tengo idea de cómo voy a salir del enredo que he tramado. Eso sí, en cuanto lo averigïe os lo comunicaré de inmediato”.

El Palacio Real de El Pardo, en Madrid, sufrió un incendio en 1604, entre el valioso patrimonio que se quemó se encontraban las obras de arte que acumuló la Casa de Austria. Felipe III, al saber de l desastre dijo: “¿Se ha quemado la Venus de Tiziano?”
Le respondieron que que no, que se había salvado y el rey respondió aliviado: “Pues lo demás no importa, ya se volverá a hacer”.

El Rey Federico II ‘el Grande’ de Prusia, en el año 1780, no se fiaba demasiado de la medicina de la época, debido a ello preguntó a su médico personal, el doctor Johann Georg Zimmermann: “Decidme, sinceramente, doctor ¿de cuántos pacientes lleva su muerte en la conciencia?”
Y el médico respondió: “De unos trescientos mil menos que Vos, Majestad”.

La reina Victoria I de Inglaterra era algo seca y estaba acostumbrada a las críticas a su persona, en cierta ocasión se enteró que un ministro hablaba mal de ella a lo que respondío: “No pienso ocuparme de lo que el ministro opine de mí; lo que debe importarle es lo que opine yo de él”.