Antonio Pareja, gaditano en Argentina: “No decidí emigrar, me expulsó la situación del país”

CÁDIZDIRECTO/David de la Cruz.- Bajo la Cordillera de los Andes se extiende una enorme llanura de clima seco. Muy calurosa en verano, fría y nevada en invierno. Allí se ubica Mendoza, la cuarta ciudad Argentina, apenas separada por 200 kilómetros de la montaña Aconcagua. Antonio Pareja, gaditano de 30 años, lleva casi dos acostumbrándose a su clima, la gente y la cultura. Emigró junto a su pareja, mendocina que llevaba una década lejos de su patria, cansados ambos de un Cádiz donde pagar el alquiler y las facturas se convertían en una heroicidad mensual: “No decidí emigrar, la situación económica del país me expulsó”. Ahora, el que fuera músico de la F.R.A.C., esos atípicos raperos gaditanos, divide su tiempo entre el trabajo audivisual, “soy técnico, y trabajo como cámara para productoras en televisión”, la publicidad, la prensa, e incluso un taller de serigrafía que ha montado junto a su cuñado. Sin olvidar la música y su último videoclip: ‘La Gran Cagada’.

– A veces, da la impresión de que Argentina empieza y acaba en Buenos Aíres.

– Argentina tiene uno de los territorios más grande del mundo, y en la provincia de Buenos Aires vive casi el 50 por ciento de la población del país, imagínate el caos, el tráfico y la polución. Mendoza la comparo con Sevilla. Una capital de provincia, que se rodea de pequeñas ciudades, (aquí les llaman departamentos), que están pegadas a la capital y que hacen una gran urbe. Mendoza es grande, pero es bastante fácil moverse. Nada que ver con Buenos Aires, una auténtica locura.

– Los medios de comunicación, últimamente, trasladan la imagen de una Argentina insegura, ¿es para tanto?

– Mira, no te voy a mentir. Argentina es un país inseguro si se compara con cualquiera de Europa, pero realmente los medios de comunicación españoles se encargan de mostrar sólo las noticias malas, una campaña de desprestigio hacia este Gobierno que no simpatiza ni con políticos ni con los empresarios españoles que se han acostumbrado  a venir a Argentina a robar recursos. El Gobierno actual no les deja actuar a sus anchas y se preocupan más por su ciudadanía y su economía local.  Eso no quita que haya armas. De hecho, es común leer en la prensa algún robo o algún tiroteo entre bandas, pero yo personalmente no he vivido ninguna experiencia así, sólo con la Policía. Lo más peligroso es la Policía: corrupta y autoritaria. Te llevan detenido por cualquier cosa y además te roban o te sobornan ellos a ti. Eso es lo peligroso. Ahora, vete a Barcelona, Madrid o a Sevilla, por ejemplo, y dime si no hay robos ni delincuencia. Aquí la pobreza es más visible y, a su vez, la delincuencia. La inseguridad es un tema complicado, pero lo que es seguro es que la prensa española no muestra que la Universidad y la Sanidad son públicas y totalmente gratuitas para cualquier ciudadano argentino o extranjero.

Antonio se adapta a base “de muchos huevos”. No es fácil. Como no lo es para ningún emigrante separado de su hogar por un océano. Destaca la dificultad de los primeros meses, pero al instante le resta importancia: “Hay gente que lo pasa mucho peor por falta de papeles y por los asuntos migratorios. A mí no me tocó pasar por eso”. No tiene fecha de regreso, “me queda mucha Latinoamérica por conocer”, pero deja claro que volverá. Cuando llene su maleta de viajes, proyectos y trabajo. Sus palabras, en cambio, se llenan de nostalgia cuando evoca Cádiz.

– ¿Echa de menos su tierra?

– Me encantaría volver. Cuando me fui, dije que en un año volvería de visita. De momento, voy para dos y no he tenido la oportunidad. El avión es bastante caro. Pero ya me estoy preparando un romancero porque pienso ir en febrero y salir en Carnaval como hacía con mi chirigota. Se me sigue escapando un pisha un cabesa un qué pasa cojone, y es algo que nunca voy a olvidar. Aunque al portero le diga arquero. Necesito una dosis de ventresca de atún de Barbate en mis venas y un tablaíto en febrero donde suenen pasodobles viñeros a ritmo de 3×4, cual Manolín Galvez. Además de extrañar mucho a mi familia, mis amigos, mi perro y mi Caleta.

– Habrá hablado por allí de Cádiz…

– Continuamente. Con alguna cerveza de más se me escapa un pasodoble o un cuplé. Ya hasta la gente me pregunta que “cuándo se va Teófila” (risas). No, en serio, conocen a Mágico González y a Camarón de la Isla. Yo ya he invitado como a 1.000 personas a mi casa cuando vuelva.

– Y la F.R.A.C. también la conocerán, supongo.

– Siempre que salgo a poner música se cuela alguna canción de la F.R.A.C., ¡Cómo no! Sigue siendo mi grupo, aunque ya no forme parte activa de él. La idea es que en algún momento se pueda comprar unos billetes de avión y hacer una gira sudamericana con la F.R.A.C. Por cierto, no os olvidéis de descargar el nuevo disco ‘Relaxing Cup of patá en el pesho’.

Antonio asegura que el argentino, ese tópico extendido de él, no existe. Eso sí, en cuanto notan el acento español preguntan si “sos gallego”. Entonces, automáticamente, emulan a un madrileño. “Igual que nosotros imitamos siempre a un porteño, a pesar de que en Argentina existen muchos acentos, muchas provincias, muchas costumbres diferentes. No todas las personas del Estado español son madrileños”. El mendocino, asegura, tiene otro carácter: menos prepotente, más respetuoso y tranquilo. Aunque, en todos los rincones del país comparten una pasión, el fútbol.

– Cómo se vive el fútbol?

– Es una religión, una forma de vida. La verdad, una locura. Todo es fútbol, a todas horas, en la televisión, en la radio, en la calle. Mucho fanatismo por unos colores, pero a su vez una forma de socializar con el resto de la gente. Yo juego todas las semanas con un grupo de amigos, y después nos comemos unos choripanes y nos tomamos unas cervezas. Imagínate el Mundial, jugando en Brasil y casi lo ganan. Es muy bonito que se pueda jugar al fútbol en cualquier lugar. Un “potrero” es cualquier cosa donde algo redondo ruede y se le pueda dar con los pies, un descampado, un aparcamiento, una calle, una obra… Aquí en Mendoza está el Godoy Cruz, que juega en Primera división, pero cada barrio tiene su equipo en divisiones regionales, y en mi barrio, por ejemplo, el Deportivo Guaymallén mete como 4.000 personas semanalmente en su estadio, y juegan en Cuarta.

– ¿Qué te ha sorprendido más del argentino de a pie?

– La conciencia política y social de la población en general. Es muy común ver cómo la gente organiza asambleas, manifestaciones, o un parón de trabajadores de una fábrica. En general, hay más libertad de expresión popular que en el Estado español. Una de las grandes batallas ganadas por el pueblo es la de la Memoria Histórica. La justicia argentina está juzgando a los asesinos de la última dictadura cívico-militar y aún se buscan a los desaparecidos. De hecho, hace poco encontraron al nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas Madres de Plaza de Mayo. Seguro que esa noticia no trascendió tanto como la inseguridad. En España, el PP quiere pasar página para no abrir viejas heridas, ¿será que algunos tienen las manos manchadas de sangre? Otra cosa que me sorprende es la capacidad de buscarse la vida de la gente. Si te falta trabajo, cualquiera puede poner en la puerta de su casa una parrilla y vender pollo o chorizos. Por cierto, el asado y la carne son espectaculares en este país. Me estoy doctorando en carnes a la parrilla.

Antonio Pareja durante su estancia apenas se ha relacionado con españoles, aunque “todos los argentinos tienen algún antepasado europeo”. Sobre todo, andaluces y gallegos. Quizás, por ello, valora de manera muy positiva la gastronomía y “sus empanadas criollas”. También, el Fernet. Una bebida digestiva, “tipo Jägermeister”, que la toman con Coca Cola, “pero en cantidades descomunales”. “Ya me acostumbré, pero al principio es raro. Aquí, toma Fernet hasta el Papa”. Ahora, que allí llega “el calorcito”, Pareja se prepara para una vida más agitada en el marco profesional: “Más trabajo, más conciertos, más oportunidades para pagar las facturas con menos dificultad”. Desde Argentina, anima a la gente, a “los gaditanos y andaluces que están luchando contra la crisis, contra el paro y los desahucios, y a todos esos que no llegan a fin de mes. Seguid luchando y defendiendo vuestros derechos”.

– Muchos de esos andaluces, esos que animas y no llegan a fin de mes, también han tenido que emigrar…

– Lo sé. De hecho, te cuento. Cuando llevaba poco más de un año, venía en el coche camino de mi casa y otro vehículo me golpeó en un semáforo. Me reventó la puerta, pero por suerte no nos pasó nada. Cuando me bajé, fui directamente a la defensiva. Por suerte, era un hombre mayor, buena persona, casi ni hablamos hasta que llegó la Policía. Cuando llegamos a la comisaria el agente dijo: “Dos gallegos que han chocado”. Me pregunta el hombre que de dónde era, y le dije: “De Cádiz”. Y él se echa una carcajada y me responde: “Yo soy de Almería”.

Antonio Pareja