Antrum, la película que si la ves… Mueres

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Hay películas que tienen fama de estar malditas o que, realmente, conllevan una importante campaña publicitaria tras ella que le confieren un aura casi maligna. En ocasiones sólo se trata de eso -marketing-, como en el caso de la muy popular de “The Ring”,aquella película que todo aquel que veía una determinada cinta de vídeo recibía una llamada telefónica y moría en el plazo de una semana.

Hay una película que podría llevar eso mismo a extremos que son reales, tal es el caso de la película dirigida por David Amito y Michael Laicini “Antrum: The Deadliest Film Ever Made” de los años 70 del pasado siglo XX y siendo “reestrenada” en 1988.

Su historia maldita comienza en el Festival de Cine de Budapest cuando se incendió un teatro y varias personas murieron de forma extraña, posteriormente en San Francisco (Estados Unidos) se produjo una especie de rebelión en un teatro, la única copia de la película desapareció.

El argumento es bastante simple: dos chicos, hermanos (Rowan Smyth y Nicole Tompkins), entran en el bosque tratando de buscar un sendero que le lleve al infierno y salvar el alma de su perro muerto. Tiene una parte en estilo “docureality” que viene a reforzar lo visto en la película con sucesos ocurridos con la película y hay debates de ocultismo.

Tras años perdidas fue el director y productor Eric Thirteen el que la encuentra mientras asistía al Festival de Cine de Horror de Brooklyn, en sus propias palabras decía: “Aquí estaba en el festival donde se está reproduciendo esta película. Normalmente, todos están promocionando sus proyectos, es muy fácil hablar con la gente sobre lo que se está mostrando y, sin embargo, no puedo hacer que nadie me dijera qué diablos sucedió con esta película de la que todos hablan. Ahí fue cuando tuve que verla, una película que no se está proyectando en ningún otro lugar, que no tiene registros en Internet, una peli que no se puede encontrar en ningún sitio”.

Es curioso pero la propia película para haber sufrido una “metamorfosis” extraña en la que en el propio metraje, el tiempo que ha estado desaparecida, se han ido incluyendo símbolos e imágenes fantasmagóricas, a decir de los testigos en lo que parece que se está convirtiendo en toda una leyenda urbana o, quizás, en un mito moderno tal vez propiciada por una nueva campaña de marketing en torno a la película.

En torno a todo ello Thirteen decía: “Originalmente, estaba en árabe y luego se perdió durante años y se volvió a recuperar, tiene todas estas notas donde alguien intentó traducirlo, pero tal vez fue un intento desafortunado porque murieron en el proceso. Hay notas garabateadas en los márgenes y cada vez que la película se pierde y se recupera, se le agregan nuevas piezas de mosaico”.

En este camino de inquietudes en torno a la película nos encontramos con más detalles que Thirteen matizaba a la vez que relataba abiertamente: “Hay ciertas personas que dicen: ‘Ok, una película maldita. Oh no, ¿voy a ser maldecido?’ Y luego hay otros que dice: ‘Por supuesto que no serás maldito por una película, no seas ridículo’. Y luego hay quien pensará en los días posteriores de ver la película… Quieres mostrárselo a tu amigo, y cuando lo muestres a tu amigo, ¿les dices que es una película maldita? ¿De alguna manera haces una broma al respecto? Está en tu vida ahora, estás hablando de eso, estás tomando decisiones al respecto. La forma en que la película te sigue en el mundo real, esa es la verdadera maldición”.

Lo curioso es que “Antrum” resurgirá en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas y en otros países en meses sucesivos, con este aura de “película maldita” tan conveniente que recuerda tanto a “The Ring”, posteriormente tendrá un lanzamiento que será  escala internacional y donde tendrá su máximo apogeo.

No es la única película maldita en la historia del cine, la misma “Poltergeist” es una de ellas; en otros sectores encontramos también este mismo “halo” que tanta admiración causa en los seguidores de lo paranormal, así en la industria del vídeojuego era famoso el “Polybius” que llevaba al jugador a sufrir perturbaciones mentales y finalmente provocar el suicido a todo aquel que jugara.

Juego lanzado en 1981 en salones recreativos. Se localizaron en una población concreta, donde al parecer serviría para experimentar sobre la mente de los chicos que jugaban a él, ya que tenía ciertos sonidos y gráficos que eran capaces de modificar la conducta del sujeto. Se llegó a asegurar que ciertos jóvenes se suicidaron y otros, quedaron maltrechos psicológicamente. Asimismo, se dice que unos extraños “hombres de negro” visitaban estos salones de juego, manipulando esta maquinita en ciertas ocasiones, y preguntando sobre la cantidad de personas que participaban del mismo al dueño del negocio.

También se daba frases subliminares como “No Imagination” (sin imaginación), “No Thought” (sin pensamiento), “Conform” (confórmate), “Honor apathy” (honra la apatía), “Do not question authority” (no cuestiones a la autoridad), que menoscababa la autoestima de quien lo jugaba. Había otros mensajes más contundentes como “Kill Yourself” (mátate) y “Surrender” (ríndete), y el extremo que afectaba a la salud del jugador que eran tics nerviosos, vómitos, mareos, alucinaciones auditivas y ópticas, ataques epilépticos y terrores nocturnos.

Así, como con el “Polybius”, que acabó por ser una especie de leyenda urbana muy recurrente en círculos de misterio, el caso de “Antrum” lleva el mismo camino si bien media su proyección -y consiguiente monetización- en salas de todo el mundo. El espectador acude temeroso pues se advierte por redes que “la película podría provocarte la muerte” con una advertencia justo antes de proyectar la misma en la que advierte de la responsabilidad legal para aquellos que sean lo suficientemente valientes como para sentarse a disfrutar de ella.

Así pues es la particular historia de otra de esas películas que reaparece con toda una carga de misterio y maldición tras ella. Posiblemente salga del cine de una pieza y con menos inquietud con la que entró aunque, tal vez, con algún susto de más.