40 años de la bomba que explotó en la Viña

CADIZ DIRECTO / @ManoloDevesa.– Julio de 1977. La noche ha caído y Miguel se dirige hacia su coche aparcado en la calle Mariana Pineda. En su cabeza aun resuenan las risas soltadas en el bar La Potala en pleno barrio de la Viña hace solo unos minutos. Es habitual allí. Tiene su grupo de amigos que hace evadirlo de sus problemas cotidianos.

Junto a su coche observa un extraño objeto que lo llama poderosamente la atención. Lo coge en sus manos, lo curiosea y decide llevarlo al bar para que lo guarden y poder trabajar con él en algún tipo de manualidad.

La escena narrada es perfectamente el preludio de una tragedia que está a punto de suceder. Han pasado unos días y nos situamos en La Potala. El sol cae incandescentemente sobre el barrio de la Viña. Son las 15.45 h. El dichoso y extraño objeto sigue siendo motivo de conversación en el bar entre los dos clientes que se encuentran allí en ese momento.

Déjate de rollo, no vaya a ser algo raro” advierte uno de ellos. “Que no joe. Verás que no pasa nále responde el otro a punto de estrellar el aparato contra el suelo para demostrar lo que él dice. “Ten cuidao coone” le espeta el dueño del bar dejando patente también sus temores.

Cuando el extraño objeto cae al suelo, la explosión se produce ipso facto. El cliente encargado de lanzarlo sale despedido a la acera de enfrente muriendo a las pocas horas. El estado de los otros dos es grave. La Potala sufre los daños de una onda expansiva que despierta a todo el barrio de su siesta veraniega. Los cristales estallan y la metralla de lo que resulta ser finalmente una granada al parecer de origen italiano se incrusta en varios rincones del local.

Ni que decir tiene que pronto la Viña se convierte en un hervidero entre curiosos y vecinos que se arremolinan en torno al local dispuestos a enterarse de lo que ha ocurrido y a ayudar en lo que puedan. Lo hacen ante la presencia de la Policía, Guardia Civil y Policía Armada y Municipal que se personan allí de inmediato.

Hasta la Comisaría se dirige Miguel, el joven que noches antes se había encontrado con el curioso objeto dejándolo en el bar de su amigo. No puede creer lo que ha ocurrido y no tiene idea alguna de quien ha podido dejar la granada, además, junto a su propio coche.