El poderoso influjo de los ‘amarres de amor’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- ¿Crees en los “amarres”?¿Crees que alguien te puede hacer un hechizo y anular o influir en tu voluntad? El Amarre de amor es un conjunto o hechizo que se hace sobre una persona y donde hay cabida para diferentes ritos y tradiciones mágicas, brujeriles y “religiosas”. El amarre para el amor es conocido desde tiempos inmemoriales -con diferentes nombres- y son muchas las personas que lo usan, convencidas, para lograr un amor, conseguir un “amor imposible”, recuperar el amor o una relación así como para otros temas relacionados con el corazón, aunque tiene otros usos.

Es una práctica que en pleno siglo XXI se suele realizar y los resultados sorprenden a todo aquel que lo sufre. Es el caso de nuestro testigo -Juan Antonio-, una persona que nos iba a narrar su experiencia: “Bueno, la verdad es que no sé cómo comenzó todo. Yo tenía un círculo de amigos y pasaba tiempo fuera de casa por razones de trabajo, viajaba mucho por razones del departamento comercial y siempre tienes más relación con unos compañeros que con otros. Bueno, pasaba el tiempo y no sé cómo pues comencé a acercarme más a una compañera de trabajo en la que jamás me habría fijado… Era una atracción antinatura, imposible, pero sin embargo se estaba dando. Un día hablé con ella y ella conmigo y vimos que aquel “sentimiento” era compartido, así que poco a poco fuimos quedando más veces fuera del trabajo hasta que, finalmente, decidimos vivir juntos dejando todo atrás. Al principio iba todo bien pero algo dentro de mí me decía: “¿Qué estás haciendo?”. Algo no terminaba de funcionar. La cosa es que aquello no duró demasiado, un día algo se iluminó en mi cabeza y me hizo tener el sentido común para retomar mi vida, pero fue muy extraño”.

Nuestro protagonista pensó que era “una calentura” pero poco a poco comenzó a unir “cabos sueltos”: “No sé cómo me fui dando cuenta, eran cosas extrañas, veía que conversaciones que habíamos tenido, privadas, eran conocidas por amigas de ella, que otras cosas personales también eran compartidas sin que nada me dijera y que luego me mentía diciéndome que eran cosas de una amiga suya y confidente con la que compartía cosas y que no me preocupara. La cosa es que fui conociendo mejor su forma de ser, me sentía espiado, vigilado, controlado, muy controlado, asfixiado, además siempre tenía ella especial relación con una amiga y hasta noté que dudaba de mi pues yo había tenido una vida antes de irme con ella…” Con evidente nerviosismo nuestro testigo contaba aquellos días como los vivió, algunas de esas vivencias no son publicables pero aportan datos personales que nos hace estar alertas sobre determinadas circunstancias de aquella relación.

En cierta ocasión descubrió una realidad que él ni creía ni esperaba: “Un día fui a casa de unos amigos, fui yo sólo, acababa de llegar de Córdoba de cerrar un negocio y le llevé la documentación a su casa. Al entrar vi que en su casa estaba su familia con visita, era una chica que cuando me vio puso una cara muy rara. Saludé, estaba contento por el trato cerrado y aquella chica, aprovechando un descanso en la conversación, me dijo: “Perdona, ¿puedo hablar contigo?”. Le dije que sí y ella me dijo que mejor en privado. Entonces me cogió la mano y me dijo: “¿Tú sabes que tú tienes un amarre de amor hecho?”. Me dejó helado y le dije que no sabía ni lo que era eso… Ella me lo explicó. Me dijo que si “había acabado una relación para comenzar, de imprevisto, otra”, le dije que sí, pensé que se lo habría contado mi compañero o su esposa, pero ella me dijo que no. Entonces me dijo que me habían hecho un amarre y que procurara ver entre mis amistades o las de mi pareja en ese momento por qué era alguien de ese entorno que sabía hacerlo. Y comencé a sospechar. Lo fuerte de todo esto es que un día, hablando con unas amistades de ella me dijo una de sus amigas que ella sabía quién hacía amarres y que era relativamente fácil dar con otra gente con ese conocimiento… Y que había amarres muy poderosos que podían conseguir el amor o romper una pareja. Me dejó de piedra”.

Nuestro testigo aseveró: “tengo claro que lo que hice lo hice yo sólo y nadie me llevó a esa situación, pero ahora pienso que algo raro hubo sobre todo por los cambios de comportamientos, aquella persona que casi tira su vida por la borda no era yo, hacía cosas incongruentes, me alejé de gente que me apreciaba, tomé decisiones incomprensibles, no era yo, simplemente, y la otra persona lejos de hacérmelo ver lo que hacía era alentar más ese tipo de comportamiento y de alejarme de todos menos de quién ella quería”.

Todo quedó ratificado cuando un día: “Estaba buscando unos gemelos para ponerme pues tenía una reunión importante. No era mi casa, era la de Natalia y todavía no sabía dónde ponía las cosas. Miré en mis cajones pero no lo vi y pensé que podían estar con las pulseras y joyas de ella, entonces abrí uno de sus cajones y vi unas fotos, una foto de ella y otra mía que estaban unidas por una especie de lazo rojo con tres nudos muy llamativos y tenía un poco de cera como de una salpicadura… Eso hizo que me informara y me dijeran que era un amarre de amor y además era muy poderoso. Yo no creo en estas cosas pero aquel comportamiento mío no era normal, al contrario… No era yo y quizás, aunque yo no creo en esas tonterías, quizás, algo tuvo que ver. Desde entonces me tomo esas cosas más en serio. Tengo claro que la decisión la tomé yo pero tal vez la otra persona tuvo ayuda extra. Regresé con mi mujer que me perdonó y fui a una persona que deshacía “amarres”, por si acaso”.

Es la historia de Juan Antonio y Natalia, que terminó poco después, y que puso de manifiesto que en el corazón no se manda ni por la influencia de “amarres de amor” que, en ocasiones, tal vez, puede llevar a actuar de forma irracional. ¿Superstición, realidad o simple casualidad?