Cádiz, el barco de piedra encallado en hormigón

CÁDIZDIRECTO/David de la Cruz.- Tiempo de posguerra. Miseria y represión. En ese contexto, década de los 40, el Gobierno dictatorial optó por cubrir la silueta de El Campo del Sur de bloques de hormigón. El objetivo, frenar los embates del mar. Un Atlántico, que en los días de temporal, arrojaba su furia lejos de unas murallas incapaces de frenar las dentalladas de unas olas que, con la ayuda del viento, llegaban hasta la Iglesia de Santa Cruz.

“La colocación de los bloques fue una operación barata”, cuenta el arquitecto Julio Malo de Molina. Barata e ineficaz. Julio Malo explica que los dados de hormigón se encuentran mal situados. Deberían encontrarse separados varios metros del mar, para que el océano batiera lejos de la muralla. “Así, se formaría una especie de piscina artificial, una zona tranquila, de agua mansa. La solución actual no protege la muralla pues la rompiente acomete contra la misma y la escollera no aminora más que levemente los azotes del Mar de Vendaval”.

Sin embargo, incluso una escollera, alejada de la fortaleza de El Campo del Sur, dañaría -como hizo en su momento- el medioambiente y la fauna marítima del enclave. También, el paisaje, “esa silueta de barco de piedra”, tal y como denominaron a Cádiz María Teresa León y Miguel Martínez del Cerro. La embarcación parece encallada entre bloques de hormigón.

Razones por las que Julio Malo entiende que lo mejor “es reconstruir la muralla”. “Esta ciudad, por sus características, limitada por el Atlántico, debe encontrarse en continuo mantenimiento. Así ha sido siempre”. Evoca los siglos pasados, finales del XVI, el ataque y saqueo de la flota inglesa y la necesidad de crear una fortaleza. Esa construcción nunca se ha detenido, siempre se ha mantenido viva. En ocasiones, han modificado incluso la franja litoral y el mar “siempre tiende a recuperar los espacios que el hombre le ha robado”.

“Mire, imagine que, de repente, todos los gaditanos nos vamos de Cádiz. Pon que nos toca una lotería y nos vamos al Caribe y dejamos la ciudad abandonada durante unas décadas. Al regreso, no reconoceríamos la ciudad. Sólo habría piedras, similares a las que adornan La Caleta”, explica Julio en una comparación en la que quiere resaltar el mantenimiento constante de un lugar de peculiaridades geográficas.

Por ello, se opone a la decidión que Costas ha tomado en el paseo de Santa Bárbara. Una medida que daña paisajísticamente y que no soluciona el problema. “No me creo que la alcaldesa de Cádiz no fuera consciente de lo que se estaban haciendo. Me parece una tomadura de pelo”.

Tampoco el historiador Alberto Ramos comprende ese hormigón colocado a los pies de la Alameda: “No se puede plantear en el 2014 lo mismo que en la década de los 40”. Y menos en una zona “en la que el vendaval es más débil”.

La construcción de la fortaleza de Cádiz comenzó en las Puertas de Tierra, de manera progresiva, hasta finalizar en el mismo punto por El Campo del Sur. Es decir, “se inició por las partes que menos sufrían el temporal”. Alberto Ramos asegura que nunca ha leído que en Santa Bárbara “hubiera socavones”. “Se trata de una zona muy bélica, que ha resistido a los conflictos. Y es ahora cuando se encuentra dañada…”. Por ello, plantea si la construcción del aparcamiento subterráneo ha influido en el patrimonio catalogado como BIC.

Cartagena de Indias, San Juan, La Habana o Veracruz. Rincones donde el mar rompe con violencia. “El Caribe tiene mucha fuerza” y donde la arquitectura es idéntica a la gaditana. “Utilizaron allí las mismas técnicas que antes habían desarrollado aquí”. Sin embargo, la silueta americana no se encuentra encallada en bloques de hormigón.

Campo del Sur

 

Muralla en Santa Bárbara