Contacto con el más allá en El Puerto de Santa María

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- A veces deseamos algo tan fervientemente que ese deseo se puede realizar, incluso si se trata de contactar con el otro lado, con el más allá o con un familiar fallecido por el que se sentía especial cariño.

Es la historia de nuestra protagonista,Loli, una chica que pasaba unos días en una casa familiar -por un triste motivo- en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María y que vería como lo imposible se manifestaba.

Nuestra protagonista nos relataba los acontecimientos con un pañuelo blanco entre sus manos aun temblorosas por lo sucedido. “Llegamos sobre las 8 de la tarde a la casa y me fui directamente a mi cama, estaba destrozada y notaba la ausencia de mi abuela pues lo fue todo en mi vida y no hacía ni dos horas que dejó completamente de existir, venía de su incineración” recordaba.

Nuestra protagonista continuaba explicándonos su experiencia: “Me quedé dormida y me despertó el olor del perfume que se ponía mi abuela siempre al anochecer, me quedé mirando a la puerta esperando a que apareciera en cualquier momento y note cómo una brisa suave y cálida atravesaba mi cuerpo. Me levanté y respire hondo, me fui para el salón y allí es cuando me percaté que algo estaba sucediendo”.

Loli no iba a dar crédito “una hamaca en la cual mi abuela se sentaba todas las tardes empezó a moverse, primero despacio y después rítmicamente, me asusté y en ese momento paro. Mi corazón se salía del pecho. Llamé a mi hermana Isabel corriendo y se lo conté entre lágrimas y sollozos, mi hermana no tardó ni diez segundos en aparecer. Las dos en el salón cogidas de las manos mirando la hamaca y aguantando la respiración esperando a que empezará su suave balanceo y… empezó, mi hermana y yo casi nos hacíamos daño en nuestras manos por la tensión del momento”.

Pero fueron un paso más en aquel contacto con su abuela fallecida. Isabel preguntó:

¿Abuela eres tú?

Y la hamaca se giró hacia nuestras protagonistas “pegamos un brinco que casi nos caemos”.  E Isabel insistió:
– ¿Abuela? (volvió a preguntar). ¿Estás aquí?

La hamaca, paró de golpe y a continuación volvió con un suave balanceo volviendo a girar dando un fuerte golpe a la mesa que estaba justo a su lado haciendo caer un libro abriéndose por las páginas 13 y 14. Las chicas cogieron aquel libro, era su diario y “en él decía justamente el día que fallecería y que para que creyésemos que hay vida después de la vida la hamaca, su hamaca, se movería durante 7 días”. Y así fue.

“Mi abuela era una mujer especial hasta después de muerta” recuerda Loli, emocionada por este contacto vaticinado por su abuela. Y es que, a veces, la realidad supera a la ficción.