Cristos prodigiosos, Cristos misteriosos

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Cuando llega la Semana Santa nos sorprende la imaginería sin igual que se despliega por las diferentes ciudades de España, algunas imágenes de gran realismo, otras de gran impacto, y algunos de ellos, aunque no procesionen, de gran inquietud. Son los denominados Cristos con misterio.

En ese orden se debería comenzar un ranking muy recomendable de visitar, al menos alguna vez en la vida, para mayor asombro del observador.

1º.- Cristo sindónico de Córdoba: el Cristo de la Universidad, realizado por Juan Manuel Miñarro y que está realizado en función de los datos obtenidos en la Sábana Santa de Turín. Un Cristo que sorprende por su extremo rigor, por ser una imagen con una gran cantidad de heridas, tal y como debió ser en la realidad, y que sobrecoge a todo aquel que lo ve. Es la imagen más exacta que tenemos de la Pasión de Jesús de Nazaret.

2º.- Cristo de las Mieles en el Cementerio de San Fernando de Sevilla: En el cementerio de San Fernando, en Sevilla, encontrará la escultura de un imponente Cristo al llegar paseando al ecuador del mismo… Es la tumba de Antonio Susillo (1.857 † 1.896) que tiene una de las historias más curiosas y trágicas que se puedan narrar…

Su tumba es una de las más impresionantes de todo el recinto. Fue uno de los escultores españoles más famosos, de la segunda mitad del siglo XIX. Nunca sabremos por qué, Antonio, decidió quitarse la vida con un revólver. Hay dos teorías, una hace referencia al Cristo que preside su tumba “El Cristo de las Mieles”. Cuentan que al crear este Cristo, tuvo una equivocación que a él le pareció imperdonable, colocó en posición inversa los pies del crucificado. Debido a este error, se pegó un tiro. La otra versión se refiere a una depresión, vinculada a la difícil relación que mantenía con su segunda esposa, una mujer a la que no amaba y que gastaba más dinero del que el autor conseguía. Tanto que llevó a Susillo a la bancarrota…

Se marchó para siempre el 22 de diciembre de 1.896, cuando contaba tan solo 39 años de edad. Se dirigió a la Barqueta, se colocó delante de un tren y quiso que fuera atropellado, aún iba vestido tal y como salió del taller. En el último momento comprendió que aquella no era la muerte que debía tener y con una pistola, que había conseguido en París hace una década, se dirigió a la zona de San Jerónimo, al llegar a la altura del Instituto Anatómico, siguiendo las vías del tren, se sentó sobre un montón de traviesas de madera, sacó la pistola del blusón que llevaba puesto y la colocó bajo la barbilla. En un momento determinado, se armó de valor, disparó. Y allí dejó su vida Antonio Susillo.

En la prensa de la época se publicó: “Hallazgo de un cadáver. Junto a las vías del tren, en el ramal de la Barqueta en San Jerónimo, apareció ayer tarde el cadáver de un hombre decentemente vestido. Fue trasladado al depósito judicial, donde aún no ha sido identificado”. Al día siguiente se conoció la muerte del genial Antonio Susillo y Sevilla entera se conmocionó con la noticia.

Por un permiso especial concedido por el Arzobispo a la infanta doña María Luisa se permitió que fuera enterrado en lugar sagrado, cosa que no podía hacerse –sin ese permiso- sin la autorización de la autoridad eclesiástica. Su cuerpo fue enterrado en la rotonda al pie del Cristo que el mismo había realizado.

Imagino, que se preguntaran el por qué se le puso a este Cristo el nombre “de las Mieles”… Cuenta la leyenda, que el primer verano que estaba la imagen del Cristo situada en el sitio que aquí ven, observaron que, inexplicablemente, brotaba un líquido extraño de su boca y le caía por el pecho, lo que en principio parecía un milagro. No era tal. Simplemente era que un enjambre de abejas, se había instalado en la boca y garganta hueca de la escultura, que con los calores veraniegos, aumentados por ser de bronce, hizo que los panales se derritieran y brotara la cera y la miel por la boca de la imagen.

Susillo nació en Sevilla el 17 de Abril de 1.857, concretamente en la Alameda y desde muy joven, gozó del mecenazgo de la infanta Luisa Fernanda de Orleáns, que fue su principal valedora y gracias a ella, se pudo desarrollar su don escultórico. Sus obras son tan inmortales como su leyenda.

3º.- El Cristo del Cachorro del panteón de Aníbal González:  si hay un arquitecto que representó con personalidad propia el regionalismo costumbrista sevillano ese fue, sin dudas, el singular Aníbal González. A él se deben obras de la importancia de la Plaza de España de Sevilla donde, acuérdense, hay una lápida y su nombre.

Fue un arquitecto regionalista de referencia, además ocupó el cargo de Vicepresidente del Ateneo de Sevilla y dirigió, como arquitecto jefe, las obras de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1.929. Algunas de sus numerosas obras fueron: El Pabellón de la Asociación Sevilla de Caridad en la calle Arjona, la Fachada de la Capilla de los Luises, en calle Trajano de Sevilla, el Pabellón Real del Parque de María Luisa y un largo etcétera. Algo que no se comprende muy bien es, que este arquitecto que tanto hizo y construyó para esta ciudad, falleciera a los 53 años de edad, en la ruina más absoluta. Hasta tal punto, que su familia tuvo que vivir de prestado.

Su panteón encierra un misterio profundo. Lo podemos encontrar entre la evocadora Glorieta del Cristo de las Mieles de Antonio Susillo y la Glorieta de la Piedad, en su interior se esconde evadido de la realidad cotidiana, desde hace muchas décadas, un gran misterio. Si se asoma por su reja forjada, con dificultad, verá en su interior un impresionante crucificado. Dicen de él que es el auténtico Cristo del Cachorro llevado allí para acompañar en su último viaje al insigne arquitecto sevillano. Si pregunta, no faltará aquel que le afirme que efectivamente aquel es el auténtico “Cachorro” depositado allí tras el incendio sufrido en la iglesia del Patrocinio y que dañó gravemente a la imagen de su Cristo titular y cuyas llamas devoraron sin piedad a la Dama de la calle Castilla.

Hoy sabemos y desvelamos aquel misterio: el Cristo del “Cachorro” del panteón de Aníbal González es una copia de aquel que guarda Triana desde casi el otro brazo del río. El Cachorro del cementerio –como popularmente se le conoce- es una copia realizada por Eduardo Muñoz Martínez y policromada por Cayetano González, sobrino del popular arquitecto sevillano, y mandada hacer por el propio Aníbal González previa autorización de la Hermandad.  Con todo ello, aparte de la copia en el cementerio que guarda la tumba del arquitecto, también se hizo una segunda que regaló a Manuel Siurot para que presidiera un colegio en Huelva, pero que se quemó en los años más anticlericales de aquella República española.

Guardando los restos de Aníbal González esta copia, que si no fuera por las evidentes marcas del paso del tiempo, que cualquiera diría que el mismísimo “Cachorro” ha querido visitar al más universal de sus devotos.

4º.- Cristo de Limpias: están en Limpias (Cantabria) y es una talla del siglo XVIII. Sobre esta imagen pesan muchas leyendas, en 1.775 se le atribuye un milagro muy gaditano cuando como consecuencia del terrible terremoto de Lisboa se creía que el maremoto ocasionaría una gran tragedia en Cádiz, los vecinos sacaron al Cristo en procesión y las aguas se calmaron. En 1917, unas niñas en el transcurso de la misa le dijeron al sacerdote: “Padre, disculpe pero el Cristo está moviendo los ojos.” Los presentes en la iglesia miraron al Cristo que estaba, como decían las niñas, moviendo los ojos. El sacerdote pasó un pañuelo por el rostro del Cristo y estaba húmedo, igualmente se testimonio que el pecho tenía un movimiento como si estuviera respirando.

5º.- Cristo de la Catedral de Orense: se encuentra en Orense (Galicia) y de él se cuenta que le crece la melena y la barba, la leyenda cuenta como fue encontrado en el mar y es muy milagroso.

6º.- Cristo del Monasterio de Santa Clara: está en Palencia y de su interior cuenta que surge una suerte de luminaria, igualmente le crecen las uñas y originalmente tenía las manos cruzadas, poco a poco las fue ‘moviendo’ hasta su posición actual.

7º.- Cristo de Burgos: está en la catedral de la ciudad castellana, cuenta su historia más misteriosa que se le encontró en el mar dentro de una urna de cristal y rodeado de inexplicables luces.

8º.- Cristo de la Luz: para encontrarlo debemos irnos hasta la escarpada ciudad de Toledo, hasta allí llegó el rey Alfonso VI y en un momento del trayecto su caballo hinca las rodillas, allí manda cavar el monarca y descubren un Cristo junto a un candil encendido. Es leyenda pero no deja de ser impactante y ser parte de la historia de esta imagen.

9º.- Cristo de Castilviejo: está en Valladolid y según testigos la imagen suda provocando la consternación de los presentes.

Son sólo algunos ejemplos de Cristos con misterios de nuestro país, Cristos prodigiosos que impresiona mirarlos tanto o más que conocer su enigmática historia.