Cuando Cádiz fue presa de las llamas

Incendio en la calle Brasil.
Incendio en la calle Brasil.

 

CÁDIZDIRECTO/David de la Cruz.- El humo que aún sale del puerto, de la nave de congelados Pleamar, trae recuerdos de color gris y olor a cenizas. Aún continúan los últimos coletazos de las llamas. Controladas, pero que han sobrevivido a 48 horas de agua y nervios. Durante la jornada de hoy se prolongará el trabajo de los bomberos, que respiran aliviados ante un suceso que acabará sin víctimas ni heridos.

No ha sufrido Cádiz grandes incendios (la explosión de 1947 no se puede considerar como tal). Capitales como Londres sí sabe lo que significa que su suelo y edificios sean arrasados por el fuego. Ocurrió en 1666 y destrozó por completo aquel paisaje medieval. Un año antes la metrópolis había sufrido el azote de la peste. Las penurias nunca llegan sola.

Sin embargo, el aire denso no resulta desconocido para el gaditano, que ha contemplado en otras ocasiones como su cielo celeste se ha teñido de oscuro. Sin tener en cuentas los sucesos en viviendas particulares, algunos siniestros perduran en el recuerdo.

Año 1961, la hemeroteca recoge las inquietudes de los vecinos del Mentidero. Ha caído la noche y desde el bar Serrallo varios clientes observan cómo el humo se escapa de la droguería ubicada en la plaza, en la esquina con la calle Veedor. Cuentan que cuando llegaron los bomberos y abrieron la puerta del establecimiento “surgieron enormes llamaradas”.

Los ciudadanos comenzaron a lanzar cubos de agua. Un esfuerzo en vano, que se alternó con las mangueras sin presión que usaban los bomberos. Finalmente, llamaron a los efectivos de la base de Rota y la Carraca. De madrugada consiguieron apagar un siniestro que “no provocó daños personales”.

Más reciente, el 17 de abril de 1991, en la Residencia Zamacola (actual Puerta del Mar) un cortocircuito en el sótano se extendió por las plantas. Pacientes desalojados, también niños en incubadoras, que eran abrazados con mantas para que mantuvieran el calor. Una gran evacuación en la que participaron policías, bomberos, militares e incluso vecinos anónimos que echaban agua con más esperanza que efectividad.

Muecas de terror y enfermos desorientados. Imágenes que aún guardan algunas retinas. Unos 700 hospitalizados durmieron aquella noche en otros centros. 

Dos sucesos recoge la Zona Franca de Cádiz en su historia reciente. El primero, en 1981: “Espectacular incendio”, titula El País, que habla de un fuego en un local de la calle Ronda del Tesorillo dedicada a la comercialización de productos alimenticios. Fue necesaria la colaboración de la Marina para extinguirlo. A escasos metros, unos depósitos de gas. El más cercano en el tiempo, se produjo en junio del 2.000. En la planta de Tabacalera. Aunque en unas tres horas se controlaron las llamas, la cercanía de un contenedor cargado de papel usado (apenas a 400 metros) pudo acabar en tragedia un día en el que soplaba fuerte el viento de Levante.

Una chispa sobre un barril de pegamento acabó con las madrugadas de la discoteca Metropol, era junio del 2003. Por suerte se produjo al mediodía, en el local ubicado Cayetano del Toro se efectuaban obras. Tuvieron que evacuar a los inquilinos de los portales contiguos (23, 25 y 27) y a un bombero le asistieron por humo. Consecuencias de un suceso que privó a Cádiz de una oferta más en sus noches.

Reciente y espectacular. Así fue el que se produjo hace poco más de dos años en la calle Brasil. Donde ahora se ubica ‘El libre albedrío’. No dejó ningún herido, pero sí cientos de desalojados. El local estaba inmerso en reformas y una chispa radial se extendió en cuestión de segundos por las paredes y el techo, de un material altamente inflamable. Apenas queda el color despintando de algún rincón del edificio.

Una veintena de bomberos y numerosos agentes tomaron aquella mañana el Paseo Marítimo. Aún se recuerda la inmensa bola de humo y fuego. Y el olor. El mismo que ahora invade el muelle y Canalejas.