¿Dónde están los Reyes Magos?

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- La tradición religiosa nos habla de como los tres Reyes Magos acudieron a adorar al niño que había nacido en un portal de Belén, lo que pocos saben es lo que ocurrió con ellos tras ese mágico momento.

La verdad es que los Reyes Magos no eran reyes, sólo magos y que, posiblemente no eran tres. Los nombres se dan con posterioridad quedando fijados como Melchor, Gaspar y Baltasar. Sólo se recoge su aventura en el evangelio de San Mateo cuando narra como unos magos (posiblemente astrónomos persas o zoroastristas) fueron a adorar al niño. En los evangelios apócrifos si se habla de ellos.

En su simbología fueron tres por ser un número cabalístico importante vinculado a la figura de Jesús de Nazaret. Así Melchor simboliza la raza europea, Gaspar la asiática y Baltasar la africana, además, añadiendo más carga simbólica se cuenta que se bautizaron tras la resurrección de Jesús y alcanzaron el grado de obispos, sufriendo martirio en el año 70 d.C. Todo ello, obviamente, es indemostrable.

Fue la emperatriz santa Helena, madre de Constantino “El Grande”, la que dispuso gran parte de su tiempo para buscar reliquias, creyendo que eso les haría más poderosos y por una cuestión de fe. Ella fue la que recuperó los restos de los que se cree que fueron los Reyes Magos y los trasladó a Constantinopla.

Pasados los siglos se los entregaron, como premio, al obispo de Milán y llevados a la iglesia de San Eustorgio, con los saqueos del norte de Italia por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico “Barbarroja” se trasladaron los restos a Colonia (Alemania) en el siglo XII, allí se dispuso un enorme mausoleo, en su catedral, donde reposarían, hasta nuestros días, los tres Reyes Magos.

El monumento impresiona, es una obra fina de orfebrería con la superposición de tres féretros forrados de oro, plata, esmaltes y piedras preciosas. Sus dimensiones son de 220 x 110 x 153 siendo su autor el orfebre francés Nicolás de Verdún,destacan las tres coronas de oro donadas por el emperador Otón IV, con el escudo de armas de Colonia.

El monumento funerario se abrió en 1864 y se comprobó que tenía tres cuerpos parciales de seres humanos al que le faltaban un húmero, una tibia y un esternón que fueron regresados a Milán a principios del siglo XX para compensar el saqueo del emperador germano.