El decapitado de Ayamonte

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Manuel Luis de Guzmán y Manrique de Zúñiga, era el VII marqués de Ayamonte y IV marqués de Villamanrique a principios del siglo XVII. Tenía poder social y económico como todo personaje de su época y mandó construir un hermoso palacio que pasaría a la historia por los sucesos que en su interior tienen lugar.

Es un palacio con un patio interior por el que podían acceder los carruajes y tenían un amplio zaguán. El patio es el eje de la vida en la casa en torno al cual orbitan las habitaciones y surge la escalera que permite la subida a las plantas superiores. De su fachada destacan las rejas de forja características y su balcón superior.

Pero no todo fueron parabienes y en el año 1640 se acusó al marqués de separatista implicado en la conjura de secesión de Andalucía, fue detenido y conducido antes la “justicia” de la época. Entre tanto también se le acusó de haber entregado unos documentos que impidieron la reintegración de la corona portuguesa a España, lo cual era considerado como delito de alta traición y penado con la muerte.

Así se dictó sentencia y Manuel Luis de Guzmán era condenado a morir decapitado, pese a que se trató de evitar la pena no se pudo evitar y poco tiempo después perdía su aristocrática cabeza.

Cuenta la triste historia del marqués que allí mismo, en su casa señorial, se ejecutó la sentencia, aunque yo me permito dudarlo pues solía llevarse a cabo el lugar de escarnio público.

Sea como fuere, desde la muerte del marqués, su espectro se pasea por los bellos pasillos de la casa, como si aún lo hiciera en vida mientras los asombrados testigos escuchan el resonar se sus botas sobre el pulido suelo.

Un fantasma que deambula por lo que antaño fue su hogar y que se niega a aceptar que su realidad ya no está entre los vivos.