El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón y su presunta maldición

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En 1922 se iba a producir un acontecimiento que marcaría para siempre la Arqueología y la Historia: el hallazgo de la tumba de un faraón de tercera línea llamado Tutankamón.

Su paso por el país de las arenas eternas no tuvo mayor relevancia si no fuera porque su tumba se encontró sin saquear y el concepto “tesoro faraónico” cobró un nuevo significado.

Pertenecía a la XVIII Dinastía del Antiguo Egipto (1336-1325 a.C.), casado con la hija de la reina Nefertiti y fallecido en extrañas circunstancias a los 18 años.

Sería el arqueólogo Howard Carter el afortunado que encuentra la tumba que, cuenta la leyenda, que una tablilla advertía:

“El que profane mi cadáver en la necrópolis y rompa mi estatua en mi tumba será un hombre odiado por Ra; no podrá recibir agua en el altar de Osiris, morirá de sed en el otro mundo, y no podrá transmitir sus bienes a sus hijos”.

“A toda persona que entre con intenciones impuras en esta tumba, le agarraré por el cuello como a un pájaro y será juzgado por el Gran Dios”; “¡Que el cocodrilo en el agua y la serpiente en la tierra estén contra aquellos que hagan cualquier clase de mal contra esta tumba, porque yo no he hecho nada contra él y ellos serán juzgados por dios!” . Toda una declaración de principios para el osado profanador, aunque se cree que era más intimidatorio que efectivo.

Tras el hallazgo, George Edward Stanhope Molineux Herbert, que -acortando- era el mecenas de la expedición y era el quinto conde de Carnavon. Además se consideraba un egiptólogo. Pues sería la primera víctima. Le picó un mosquito y afeitándose se cortó la picadura ocasionándole una septicemia. Moriría el 5 de Abril de 1923, habían pasado apenas cinco meses del importante hallazgo.
Cuenta la leyenda de la maldición que cuando muere lord Carnavon la ciudad de El Cairo sufrió un apagón y, paralelamente, el perro que el conde tenía en su mansión inglesa aullaba incontroladamente para morir en el último aullido.

Se comenzó a propagar el rumor que la maldición se había comenzado a cobrar las primeras víctimas; tras Carnavon fallecieron dos hermanastros y la esposa del conde. El ayudante A.C.Mace, el secretario de Carter, el hijo de lord Wsetbury, el egiptólogo Arthur Weigall que estudió la momia del faraón Tutankamón.
También falleció Archibald Douglas Reid cuando examinaba la momia por rayos X; igualmente se sufrieron accidentes extraños, como el de un magnate americano y un egiptólogo francés.

Otra víctima del influjo de Tut (Tutankamón) fue el Director de Antigüedades de Egipto, Dr. Mohammed Ibrahim, que autorizó la exposición de los tesoros de la tumba de Tutankamón en París, al salir de su oficina en el Museo de El Cairo fue atropellado por un camión.

Otra víctima -colateral- sería la esposa de Richard Adamson, único sobreviviente de la expedición de Carter y Carnarvon, dijo en referencia a la “la maldición de la momia” que era “superchería barata”, moriría al día siguiente y él mismo sufrió un gravísimo accidente. No volvió a hablar de este tema hasta un día que lo hizo: al día siguiente su hijo sufre un accidente y le deja maltrecha la espalda.

Ken Parkinson, ingeniero de vuelo del avión que traslado los tesoros de Tutankamón a la capital francesa, cuando se cumplía el aniversario de la exposición, sufría un ataque cardíaco aunque logra sobrevivir. Pero otros miembros de la tripulación sufrieron todo tipo de extraños accidentes, enfermedades y ataques cardíacos.

Pero parece que la maldición extiende sus alas más allá de décadas pasadas, en 1992, un equipo de la BBC hizo un documental en la tumba y siempre ocurría algo durante el rodaje, incluso dos miembros del rodaje están a punto de morir cuando el ascensor en el que viajaban cae una veintena de pisos.

Aunque todo esto no tiene porqué ser una maldición real, la Ciencia ha tratado de buscar explicaciones a la misma. El profesor de medicina y biología de la Universidad de El Cairo, el Dr. Ezzedine Taha anunció que había dado con el causante de la maldición. Era el 3 de noviembre de 1962 y estudiando a los arqueólogos y empleados del Museo de El Cairo notó que muchos de ellos padecían trastornos respiratorios ocasionales y fiebre. Todo ello se correspondía con los efectos del llamado Aspergillus Niger, y puede permanecer “adormecido pero activo” por siglos y milenios “refugiados” en las tumbas y en el cuerpo de los faraones momificados.

El doctor pasó mucho tiempo investigando todo lo relacionado con Tutankamón y, en el colmo, Dr. Ezzedine Taha moría en un accidente con su automóvil…

Finalmente nos queda su descubridor, Howard Carter, que murió por causas naturales en 1939, si tuvo que vivir una especie de hecho premonitorio cuando trabajando en la tumba estaba acompañado de su canario -que estaba en una jaula- , aquella tarde-noche notó como algo silenciaba al pajarillo y fue cuando observó a una cobra (que se interpreta como la serpiente guardiana de los faraones y encarnación de la diosa Edjo) que se comía al animal.

A la posteridad quedó aquella frase que dijo Howard Carter al asomarse al interior de la tumba: “Veo cosas maravillosas”.