El falso caballo de Troya

Cinematografica imagen de la historia del Caballo de Troya
Cinematografica imagen de la historia del Caballo de Troya

 

CÁDIZDIRECTO/J.M.García Bautista.- La Historia, a menudo, nos cuenta relatos que son comúnmente aceptados, tal vez a fuerza de repetirlos o, tal vez, con intereses socio-culturales.Sea como fuere hay historias que esconden más falsedad que realidad.

Comenzamos estas particulares historias falsas de la Historia con una épica, epopéyica casi: el Caballo de Troya.

La famosa guerra de Troya a alimentado durante siglos la imaginación del ser humano. Un relato casi quimérico de una guerra entre “super-hombres” iniciada por Amor, el amor de Paris hacia Helena que llevó a secuestro consentido y con él a una guerra sin cuartel…

Era el año 1184 a.C., el rey Agamenón de Esparta viaja, acompañado de un gran ejército, a Troya a recuperar a su joven esposa, pero el rey Príamo acompañado de sus hijos Paris y Héctor resisten.Sólo la argucia del “Caballo de Troya” hizo que la legendaria ciudad cayera y fuera destruida.

El poeta Homero recoge todo esto en sus obras La Iliada y La Odisea. Y aquello fue tenido por un relato legendario. Pero fue soñador llamado Heinrich Schliemann creyó aquellos texto y dedicó parte de su tiempo y de su fortuna a buscar la legendaria ciudad…

Y es que Schliemann era un adinerado señor que había hecho una fortuna económica y cultural a lo largo de su vida, trabajó como agente comercial, vivió en diferentes países, entre ellos en Rusia, en la ciudad de San Petersburgo. Se divorció de su esposa rusa Catheryna en 1868 y contrajo segundas nupcias con la bella griega Sofía Engastrómenos quién tenía amplios conocimientos en la vida y obra de Homero.

En 1870 comenzó a excavar en la península de Anatolia, buscando Troya, y en la colina de Hirssarlik, a cinco kilómetros del estrecho de los Dardanelos, por que se ajustaba perfectamente a lo descrito por Homero.

Schliemann no era arqueólogo, solo un apasionado a la arqueología. Y el 30 de Mayo de 1873 encontró, en aquel mismo lugar, un cofre con monedas de oro, y así comenzó a cavar dando con los restos de una antigua ciudad y con el tesoro de  lo que él calificó “el tesoro de Príamo”.

Aunque se dudó de apasionado arqueólogo las piezas demostraron que realmente había dado con restos muy antiguos, con una ciudad datada antes del nacimiento de Cristo. Así Schliemann sacó secretamente el tesoro de Turquía rumbo a Berlín, donde permaneció hasta que fue saqueado por los soviéticos en el año 1945.

La excavación continuó y se descubrieron los restos de cuatro ciudades “Troya” más en aquel mismo emplazamiento. El ayudante de Schliemann, el arqueólogo Wilhelm Dörpfeld, descubrió allí mismo cinco ciudades más… Es decir: sobre los restos de una primera ciudad destruida se erigieron al menos nueve ciudades más.

Así pues Schliemann descubrió la ciudad de Troya, cierto, pero no la que reinó Príamo en la legendaria batalla de Troya.

La Troya homérica estaría ubicada en el nivel VI y VII pero no en el II. No obstante el hallazgo y el avance fue debido al impulso del arqueólogo que seguía su sueño: Troya.

Y  como colofón final a una historia de encuentros y desencuentros tenemos, en esta guerra entre griegos y troyanos, al famoso caballo de Troya que puso fin a esa guerra “de los diez años”. Un caballo de madera en ofrenda a los vencedores, aquellos que mordieron el anzuelo de bello gesto heleno.

En el interior de aquel irían un reducido grupo de hombres con la misión de abrir las puertas de la ciudad y facilitar el acceso a las escondidas tropas griegas. Caída la noche los troyanos estaban embriagados, borrachos por la fiesta de celebración que se habían dado. Sin centinelas a la vista los soldados salieron del caballo, abrieron las puertas d ela ciudad y la tragedia estaba servida.

Pero lo curioso de este incidente histórico-legendario es que la realidad podría indicar que no fue un gran caballo de madera sino más bien un ariete de madera coronado por la cabeza de un caballo, una impresionante arma para abrir fortalezas que, con el paso del tiempo, la Historia habría deformado hasta su actual versión, muy distante de la realidad pues esta también implica un cambio en la misma: los griegos acosaron a la ciudad hasta entrar en ella forzando una de las entradas con el ariete.

Dos versiones de una misma Historia, a caballo -nunca mejor- que entre la leyenda y la realidad.