El fantasma del pobre niño Ricardito

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Uno de los casos más conocidos de casas encantadas de la ciudad de Almería lo encontramos, sin dudas, en la Rambla Federico García Lorca, lugar de concentración de jóvenes debido a la cantidad de centros educativos que en las cercanías se concentran.

Allí precisamente hemos de ubicar el conocido de La Salle, el Alhamilla, o nuestro objeto de estudio: el Stella Maris o Las Jesuitinas.

La febril actividad estudiantil fluye y, como en otros muchos centros de enseñanza atesora historias de fantasmas, historias terribles que, a veces, son entendidas como leyendas para asustar y, en otras como una dura realidad con la que es difícil –por no decir que imposible) de convivir.

Allí, en sus aulas, se manifiesta el fantasma de “Ricardito”, el alma de un niño que vaga eternamente por sus pasillos y del que todos los estudiantes tienen conocimiento. No hay mucha documentación al respecto pero se cree que hay remontarse a la época de la Guerra Civil española para encontrar la pista de este niño de nadie que se quedó entre las cuatro paredes del centro.

Durante ese periodo negro de la Historia de España, se encerraban allí a los niños y uno de ellos pudo haber fallecido quedando su espíritu atrapado en este mundo que le cegó la vida.

La figura del niño fantasma ha sido visto por alumnos, profesores y conserjes en diferentes ocasiones igual que describen toda una suerte de fenómenos inexplicables tales como luces que se enciende y se apagan, puertas o ventanas que se abren y cierran sola, voces que surgen de la nada, extrañas luminiscencias en el interior del colegio cuando este permanece cerrado o a altas horas de la madrugada e incluso sillas que aparecen apiladas en el centro de las clases en lugar de cada una junto a su mesa.

Fenómenos inquietantes que unos prefieren ignorar y otros creer antes que no vivir en sus propias carnes las habituales bromas de “Ricardito”.