El milagro de la Virgen de la Caridad de Sanlúcar de Barrameda

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Reconozco que es uno de los lugares en los que me gusta perderme. Me fascina la vida que tiene, pasear por Bajo Guía, llegar andado, a pie de playa, hasta La Jara, disfrutar de su ambiente y su gastronomía, de su playa y de su arena dorada y, como no, de sus misterios.

Me Virgen de la Caridad es una de esas imágenes a las que el pueblo le tiene devoción y a la que se atribuyen muchos milagros. Llegó a Sanlúcar de Barrameda en el siglo XVII, en el año 1608, gracias a Pedro Rivera y Sarmiento. Fue llevada a la calle Bolsa en la confluencia con la Plaza del Cabildo, allí mismo un devoto sufrió una herida y sanó gracias a la intervención de la Virgen.

En el Archivo Ducal de Medina Sidonia podemos encontrar este legajo: “Pedro de Rivera, en reconocimiento y hazimiento de gracias de esta merced, había puesto la dicha Imagen en un Tabernáculo de madera, pintado de oro y azul, en la pared de las casas que son de Alberto Lumel, en la esquina de la Aduana vieja, con una lámpara delante de hechura de faro, y que el susodicho había propuesto de dejar el dinero que fuere menester a Juana Luisa, que vive en las dichas casas, para que tuviese cuidado de encender todas las noches la dicha lámpara, la cual, sin faltar ninguna noche, lo había hecho desde una ventana de reja que tenía en su casa, ayudándole de parte de abajo un hijo suyo con una escalera, y de esta suerte había estado sin faltar  noche ninguna de encenderse”.

Pero no sería el 6 de junio de 1608 hasta que no se produciría el milagro que, sin dudas, despertó la admiración y múltiples devociones tanto en Sanlúcar de Barrameda como en todas las localidades cercanas. Y es que la lámpara que se colocó se encendió sola y el aceite rebozó, así se repitió en varias ocasiones y el aceite rebozado fue recogido y aplicado sobre enfermos a modo de unción. Gracias a ello sanaron muchas personas, como el caso de Juana Sánchez que dejó de usar sus muletas; o Catalina Marmolejo, que se quebró una mano al caerse del caballo y sanó gracias al aceite milagroso.

Así la imagen, dado su carácter milagroso, fue trasladada a un nuevo lugar donde se edificó el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad.