El obispo critica “los gastos ostentosos y superfluos”, el “afán de poder” o el “figurar” en las cofradías

CÁDIZDIRECTO. – El Obispo diocesano, Rafael Zornoza, ha presentado una Carta Pastoral dirigida a todos los miembros de las Hermandades y Cofradías, que bajo el título Discípulos y apóstoles de Cristo que asumen su vocación y misión en las cofradías ha sentado las bases de la naturaleza y misión de las Hermandades.

En esta carta, el prelado señala a los cofrades lo siguiente: “Estáis llamados a compartir la fe y el amor de Dios como laicos cristianos, miembros de la Iglesia y en profunda comunión con ella, expresada en su vida, doctrina, liturgia, obediencia, siempre fieles a vuestra vocación y misión”. Y critica, entre otras cosas, “los gastos ostentosos y superfluos”, el “afán de poder” o el “figurar” en las cofradías.

La carta incluye los siguientes párrafos:

“Las Hermandades son una realidad muy importante de la Iglesia. Sois
asociaciones de fieles de la Iglesia Católica, con capacidad de convocatoria
y cauce de piedad.  Discípulos y apóstoles de Cristo que asumen su vocación y misión en las cofradías”.

“Doy gracias a Dios por vuestra historia, por cada triduo, procesión,
etc. como tiempo de gracia que está llamado a prolongarse en vuestra
relación de hermanos durante todo el año. Cada cofradía tiene vocación
de hermandad, con su significado eminentemente cristiano, que se
inserta en la comunidad y vive en la comunión de Dios Trinidad en la
Iglesia Santa”.

“Estáis llamados a compartir la fe y el amor de Dios como laicos cristianos,
miembros de la Iglesia y en profunda comunión con ella, expresada en
su vida, doctrina, liturgia, obediencia, siempre fieles a vuestra vocación
y misión. Como dijo Benedicto XVI, las hermandades son escuelas de
vida cristiana y talleres de santidad”.

“De poco servirían vuestros cultos y procesiones si el primer objetivo no es vuestra santificación, el amor a Cristo y a su Iglesia, la comunión fraterna y la unidad. Ahora bien, también vosotros estáis acechados por la secularización y todas las tentaciones que hoy acosan quienes viven la fe. Para que las hermandades gocen del tesoro de la fe, cumplan su misión y sean lugar de encuentro con el Señor, escuelas de vida cristiana y santidad, las cofradías deben estar en un constante proceso de conversión y reforma”.

“El Plan Diocesano de Pastoral quiere aplicar en nuestra diócesis, adaptado
a nuestra situación y posibilidades, el impulso misionero de la
Iglesia universal. Debéis leerlo, meditarlo, aplicarlo como todos los
demás. No podemos encerrarnos en una mirada particular endogá-
mica en nuestros pequeños grupos. Somos Iglesia Católica, no islas”.

“Es indispensable tener una mente y un corazón educado, formado, capaz
de “dar razón de nuestra fe” (cf. 1Pe 3,15) para superar la mundanidad y la
secularización en nosotros mismos y en nuestros ambientes. Necesitamos
por tanto una formación profunda y renovadora de la vida cristiana, para
dar testimonio con palabras y obras. Esta sigue siendo una gran deficiencia
aún que hemos de empeñarnos en superar y en la que debemos trabajar
con decisión poniendo los medios oportunos”.

“Mas allá de la legalidad, hay que evitar también contrasentidos que,
además, nos hacen más vulnerables, como por ejemplo los gastos
ostentosos y superfluos que puedan escandalizar”.

“Somos Iglesia, una familia que comparte el amor de Dios en la fe. Este
mundo dividido y enfrentado, individualista y subjetivista, necesita más
que nunca el testimonio de la unidad, que brota de la obediencia filial y
del amor a la Iglesia y a la jerarquía que es sacramento de Cristo. No tiene
sentido entre nosotros el interés personal, los protagonismos ostentosos,
el figurar; menos aún, el afán de poder. Sobran los personalismos y los
modos autoritarios, así como todo tipo de reyertas, criticas o cualquier
aprovechamiento particular”.

“Formamos parte de la Iglesia diocesana donde Cristo nos sostiene. Unidos
de corazón afrontamos los retos y resistimos las tempestades, valorando
y respetando todos los carismas, unidos al Obispo y al presbiterio. Vivir
ajenos a esta comunión afectiva y efectiva es condenarse a la asfixia y
cerrarse a la vida del Espíritu de Dios”.

“Ya San Pablo VI pedía a la jerarquía por caridad pastoral, orientar
bien la religiosidad popular para superar los riesgos de desviación, y que
fuese un medio privilegiado de encuentro con Jesucristo, lo que supone
creatividad, acompañamiento, orientación para que las HH y Cofradías
sirvan de verdadera siembra evangélica, de la conversión del corazón, y
verdadero vehículo de transmisión de la fe”.

“Las Hermandades no son autosuficientes, no pueden ser islas que
caminan por libre, porque no pueden llenar todos los ámbitos de la fe
ni su desarrollo. Necesitan de las parroquias, movimientos y delegaciones
diocesanas y han participar en ellas implicándose a fondo. Hemos de
trabajar necesariamente en una renovada pastoral de subsidiariedad,
evangelizadora y catequética, que una el anuncio (kerigma), la comunión
(koinonía), el servicio (diakonía), el testimonio (martiría) y la liturgia
(leiturgía). Es asfixiante privarse del beneficio eclesial de la relación, de
los cursos de formación, encuentros, catecumenados, peregrinaciones, etc.”.

“Las cofradías, como Iglesia que son, no viven para si mismas, existen
para evangelizar. Este carácter misionero deben ejercerlo en primer lugar
entre los mismos hermanos alejados y en su interés por transmitir la fe
a los demás. Este es quizá el aspecto más urgente que nos exige una
conversión personal y pastoral en sentido misionero, lo cual supone
fidelidad, espiritualidad, generosidad, y, sobre todo, salir de esquemas
pasados, inercias y rutinas, para afrontar con audacia y compromiso los
nuevos retos”.

“El Santo Padre ha publicado su exhortación Christus Vivit fruto de la reflexión de toda la Iglesia sobre los jóvenes en el último sínodo. Es una prioridad pastoral y debe ser un objetivo principal en cada cofradía la
transmisión de la fe a los jóvenes, pues sois responsables de su crecimiento.
En ello se juega el futuro próximo de vuestras hermandades y la vida de
la Iglesia. Tenéis en ello una gran responsabilidad. Cuento con vuestra
colaboración para profundizar con ellos en este documento y seguir
sus indicaciones de modo que se asuma un nuevo planteamiento de la
formación, unida a la transmisión de la fe y la evangelización. Encontraréis
aquí los criterios para conseguir los fines y los medios oportunos con
ayuda de vuestros Directores Espirituales que han de asumir con vosotros
este compromiso. La Delegación Diocesana de Juventud está siempre a
vuestro servicio en esta misión”.