El terror de las casas encantadas

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- ¿Qué pensaría si todas las ventanas de la casa donde vive saltaran por los aires, que estallaran sin motivo aparente? Pensaría que ha habido una especie de temblor o una onda sónica que podría haberlas roto, lo que nunca -seguramente- pensaría es en fantasmas como causantes de las mismas.

La casa encantada de Butler Street

Sin embargo algo muy similar ocurrió en la localidad estadounidense de Springfield, en Massachusetts, en enero de 1959.

Los protagonistas de nuestra historia son la señora Charles Papineau, una octogenaria que vivía con su nieto Wayne, de 13 años. Fueron ellos los aterrados testigos de ver con sus propios ojos como todas las ventanas de la casa estallaban sin que hubiera ninguna explicación. Previamente, en un denominador común en las casas encantadas, dijeron haber sentido en la misma sonidos como pasos que no originaba nadie o raps, pequeños golpes que dejaban confusos a los habitantes de la casa. Después de ello las 39 ventanas de la casa quedaron rotas sin explicación aparente.

Conforme a lo que les dijo el cristalero que se encargó de reponer los vidrios en las ventanas era “cómo si algo hubiera golpeado los cristales desde el exterior del edificio pues estos cayeron en el interior de la misma”, pero en el exterior no se podían encontrar objetos contundentes como bien pudieran ser piedras o similares. La Policía, ante la denuncia, no pudo encontrar pruebas de nadie que hubiera realizado la agresión a los cristales de la casa, nadie vio nada y nadie apuntó a ningún responsable dentro del vecindario, las ventanas parecían que se habían roto de forma espontánea incluyendo aquellas que se habían encontrado como parte de la estructura interna de la casa; en el vecindario no se localizó otra casa que hubiera podido tener un suceso similar.

Una vez repuestos los cristales en las ventanos estos de volvieron a romper pero no en todas, sólo en algunas. El fenómeno no duró más de una semana y no pudo ser explicado correctamente, ni en la investigación policial ni por miembros de la compañía de seguros que no encontró explicación a lo sucedido. El arquitecto John C. Parker instaló una serie de termómetros para tratar de controlar la temperatura y el efecto que tendría ésta dentro de la estructura y la rotura de los cristales, pero no pudo dictaminarse a esta causa como el origen el misterioso fenómeno.

El fenómeno de la casa encantada de la calle Butler desapareció como apareció ante la incredulidad de los testigos que poco más pudieron añadir ante un fenómeno cuya naturaleza desconocían y que no les apetecía pensar que en algo tan sagrado como el hogar pudieran tener un fantasma que ensombreciera su existencia más allá de cualquier otra circunstancia.

El fenómeno vivido en el hogar de la señora Papineau tuvo una enorme trascendencia en los medios de comunicación que recogieron el mismo en sus páginas preguntándose por la identidad del fantasma que destrozó las 39 ventanas de la casa. Hasta el día de hoy sigue siendo un verdadero misterio sin resolver.
Las apariciones en el parque de los niños muertos

Dentro de la parapsicología podemos encontrar una serie de fenómenos que carecen de toda explicación desde un punto de vista racional y que se atribuye a fuerzas que no controlamos ni sabemos de su naturaleza que muchos expertos relacionan directamente como fantasmas y espectros.

Se dice que aquellos lugares en os que la persona estuvo ligada en vida son los que más proclives se tienen por objeto de manifestaciones del más allá, de corte paranormal o, simplemente, inexplicables. Vestigios energéticos que quedan en nuestro mundo y que son el mudo recuerdo de la persona que ha dejado la vida. Normalmente es más intenso en aquellos casos en los que la muerte ha sido cruel, inesperada o violenta e, igualmente, suele haber lugares en los que toda esta energía “de la vida” es mucho más intensa como pudieran ser los hospitales y, en algunos casos, los más extraños, cementerios.

Uno de esos lugares es el Parque de los Niños Muertos en Alabama, Estados Unidos, del que se cuenta que por las noches se aparecen los espectros de los niños que se hallan en el cementerio próximo al mismo y que jugarían en él de forma evocadora o macabra. Este parque se encuentra en Huntsville y se ubica junto al cementerio de Maple Hill, construido en 1822. Pero por las noches se cuenta como los columpios del parque infantil comienzan a moverse solos, a chirriar los balancines o a sentir como hay risas infantiles, provocadas por niños invisibles, en la resbaladera. Así se ha ganado la justa fama de “parque encantado”.

Los fenómenos se manifiestan entre las 22.00 horas y las 03:00 horas, también se ha relatado como surgen evanescencias, columnas de polvo, cantos de niños o hasta voces de personas más mayores. Igualmente se han captado extrañas esferas de luz, orbes -como se las llama- y que parecen no corresponderse a ninguna realidad concreta ni racional.
En el año 2007 se decide demoler el parque, en sólo una noche se produjo esa tarea pero las protestas vecinales hicieron que el parque se volviera a construir y comenzaron a surgir los rumores sobre más hechos paranormales.

La Asociación Paranormal de Alabama, en el año 2008, registró el lugar y desarrolló una ingente tarea de investigación donde se captaron psicofonías e hicieron fotografías que fueron de lo más impactantes pues se captó una figura neblinosa que conmocionó a los investigadores. Cómo explicación a todos estos sucesos se piensa que podría ser todo la consecuencia de una masacre infantil perpetrada en el lugar en 1960 o que los niños del cementerio sean los que tratan de jugar desde el otro lado con sus atracciones.

Sea como fuere el denominado como Parque de los Niños Muertos es hoy uno de los lugares más encantados del Sur de los Estados Unidos, un lugar donde lo imposible se manifiesta y la realidad supera a la ficción allá donde el vestigio de los fallecidos parece volver a querer disfrutar de algunos de los placeres de la vida terrenal.