El misterio de la memoria celular

CÁDIZDIRECTO.- Es un fenómeno apasionante que crea una gran controversia, para los científicos ortodoxos -los negados a estudiar otras posibilidades- se trata de una simple casualidad, por contra los científicos más heterodoxos -abiertos a replantear postulados de la Ciencia- creen que podría ser una posibilidad. Nos referimos a la llamada como “memoria celular” y la capacidad que tendrían las células para recordar su ‘vida’, esto se pone de manifiesto, especialmente, en el caso de los trasplantes.

Ha habido casos en los que una persona que recibe un órgano de otra, de un donante, comienza a adquirir hábitos y comportamientos ajenos que coincidiría con el de la persona donante -normalmente ya fallecido-. Este fenómeno se produciría por el recuerdo que mantienen vivo las células que forman el órgano y que afectaría al receptor del órgano.

No se produce en todas las personas que han recibido un órgano en un trasplante, depende de la importancia del órgano -afirman los que abogan por este hipótesis-, sin embargo el cambio es muy notorio.

La Ciencia trata de explicarlo diciendo que hay una especie de simbiosis, de empatía, entre el donante y la personalidad que atribuye a la persona que donó el órgano. Igualmente a los efectos de los fármacos facilitados, a los inmunodepresores, al propio estrés que afecta a la persona o a otras causas psicológicas ajenas al órgano trasplantado.

La conclusión más radical es que los órganos, los tejidos, las células, mantendrían el recuerdo, la memoria de su vida pasada, y una vez recepcionado en el nuevo cuerpo transmite este conocimiento, rasgos de la personalidad a la persona receptora.

Algunos casos son realmente sorprendentes, como el que se refleja en el libro “Un cambio de corazón” en el que una mujer llamada Claire Sylvia, recibió un trasplante de corazón y de pulmón en el Yale New Heaven Hospital. La chica comenzó a notar como le apetecían cosas que antes no le gustaban. Ella era bailarina y coreógrafa, cuidaba mucho su salud, y al salir del hospital se le antojó entrar en un restaurante de comida rápida y comer unos nuggest de pollo, cosa que nunca había hecho. También comenzó a cambiar en gustos, por ejemplo los tonos cálidos vestía antes (anaranjados y rojos) cedieron su lugar a tonos fríos (azules) y comenzó a ser agresiva e impulsiva. Cuando lo consultó un hecho la conmovió: estaba representando los gustos del donante muerto.

En torno a ello surge un caso en el que textualmente se escribió en el informe:

El donante era un joven de 18 años que falleció en un accidente de coche. La receptora era una joven de 18 años con endocarditis e insuficiencia cardiaca.

El padre del donante (psiquiatra):

Mi hijo se pasaba el tiempo escribiendo poesía. Tras su muerte, esperamos más de un año para ordenar su habitación. Descubrimos un libro de poemas que nunca nos había enseñado y jamás hemos hablado de esto a nadie. Uno de ellos nos conmovió tanto emocionalmente como espiritualmente. En este libro, mi hijo presentía su repentina muerte. También era músico y encontramos una canción titulada: “Danny, mi corazón es tuyo” (las palabras indicaban que mi hijo presentía que iba a morir y dar su corazón a alguien). Decidió donar sus órganos cuando tenía 12 años. Esto nos pareció muy valiente, pero pensamos que era porque hablaban de ello en la escuela.. Cuando encontramos a la receptora, estuvimos tan… no entendimos lo que había pasado. Hoy todavía seguimos sin entenderlo. Es sencillamente incomprensible”.

La receptora: “Cuando me enseñaron fotos de su hijo, lo reconocí inmediatamente. Lo hubiera reconocido en cualquier sitio. Está dentro de mí. Sé que está dentro de mí y que está enamorado de mí. Siempre estuvo enamorado de mí; quizá en otra época, en alguna parte. ¿Cómo podía saber, años antes de su muerte, que iba a morir y dejarme su corazón? ¿Cómo podía saber que me llamaba Danny? Después, cuando me hicieron escuchar algunas de sus canciones, podía acabar las frases sola. Anteriormente no tocaba ningún instrumento, pero, después del trasplante, me empezó a encantar la música. Me salía del corazón. Mi corazón necesitaba tocar música. Le dije a mi madre que quería tomar cursos de guitarra (el instrumento que Paul – el donante – tocaba). Su canción está en mí. Lo siento muy intensamente a la noche. Es como si Paul me cantara una serenata”.

El padre de la receptora: “Mi hija tenía, si se puede hablar así, una vida un poco disoluta. Hasta que enfermara, supuestamente, por culpa de un dentista- estaba alocada. Después, se calmó mucho… Pienso que esto se debe a su enfermedad, pero ella afirma que se siente con más energía y no al contrario. Dijo que quería tocar un instrumento y cantar. Cuando escribió su primera canción, describió en ella su nuevo corazón así como el de su enamorado. Decía que su enamorado había venido a salvarla”.

Los casos que nos llegan son sorprendentes y te hacen pensar si, realmente, no haya algo de verdad en todo ello y que nuestros órganos también guarden la memoria de nuestra vida -no sería algo descabellado-. Creemos que nuestra vida está almacenada en nuestros recuerdos, en el cerebro, pero despreciamos el resto de nuestros órganos donde también podría haber una suerte de ‘disco duro’ vital más allá de lo que podríamos pensar.