Entre la leyenda y la realidad: el palacio encantado de Purullena

Palacio de Purullena
Palacio de Purullena

 

CÁDIZDIRECTO/J.M.García Bautista.- Cada ciudad de nuestra geografía nacional esconde algún secreto del más allá, un caso escondido del que nadie ha oído hablar o que todos, por temor, prefieren ignorar, enclaves del misterio, enclaves mágicos que, cuando menos lo esperamos, nos sorprenden con una actividad frenética e inquietante.

Si camináramos por cualquier punto del casco antiguo de esta ciudad y preguntáramos a un portuense de edad media por historias de fantasmas, sin pensarlo dos veces nos diría: el palacio de Purullena. Y es que al igual que no existe castillo sin princesa, tampoco existe palacio sin fantasmas y mucho menos sin leyenda.

El Palacio de Villarreal y Purullena fue construido por el primer Marqués de Villarreal y Purullena, Agustín Ortuño, en el siglo XVIII. El primer marqués nació en Nápoles ya que su padre fue virrey de esta ciudad. Agustín vino de tierras napolitanas instalándose en el Puerto de Santa María donde desarrollaría su labor como Cargador de Indias, un comercio que solo tenían permitidos unos pocos y que le aportaría una gran riqueza.

La distribución de la casa, como tantas otras que aún permanecen en pie en la provincia pertenecientes en su época a Cargadores de Indias, sigue el esquema de una planta baja que se usaba normalmente como almacén y que contaba con fachada un patio interior, el entresuelo donde se situaban las oficinas y despachos. Además la planta noble donde se encontraban las habitaciones y el ático que disponía de un mirador hacia la costa donde el marqués controlaba la entrada y salida de barcos de la bahía.

El marqués era un enamorado del arte así como un verdadero virtuoso de las bellas artes. Desde tierras italianas trajo a obreros y artistas, importando para ellos materiales de los lugares más exóticos. Con estos ‘ingredientes’ construyó y decoró uno de los palacios con más esplendor de la época. Además, Agustín tenía ciertas mañas para el arte, tanto es así que el mismo talló el crucifijo del oratorio del palacio.

El Marqués de Lozoya se hacía eco del maravilloso caserón en el siguiente artículo:

“Nunca ningún paraje de España, ha penetrado tan puro el espíritu juguetón del rococó europeo. En el gran salón, las paredes van cubiertas de estucos policromados, y el techo, pintado con paisajes y alegorías, penden enormes arañas de cristal. Los balcones, encuadrados en riquísimas tallas doradas, dejan ver la maravillosa escenografía de sus contraventanas decoradas con relieves y abiertas como si fuesen bambalinas. El muro de enfrente está cubierto de grandes lienzos finamente enmarcados, y por bajo corre un largo diván, de respaldo ondulante. En los testeros los más bellos conjuntos de cristales y espejos que he visto en ninguna parte. Acaso vinieron de Nápoles donde con tan exquisito gusto se tallaba la madera. Nada hay aquí improvisado ni debido al azar. Cada mueble fue dispuesto para el sitio que había de ocupar para siempre. El conjunto parece ideado por un atrevido escenógrafo moderno que quisiese evocar, para un ballet, la época de Luis XV”.

Tal fue su grandeza que sirvió de hospedaje a las más altas personalidades de la época como por ejemplo la reina Isabel II. Según consta en los archivos, el día 3 de octubre de 1892 la familia real y su sequito estuvieron alojados en esta casa-palacio portuense.

Un edificio de tal magnitud y belleza, junto con unos habitantes sin desperdicio, no podía estar exento de ciertas historias. Historias que han llegado hasta nuestros días y que aún a día de hoy todavía hacen a los vecinos del Puerto echar una mirada a su interior cuando pasan por este caserón de ensueño.

Una de estas leyendas nos cuenta como por el palacio, en concreto por la zona de la torre, vaga una dama de blanco que representa el fantasma de una de las hijas del Marqués que fue emparedada por su propio padre porque mantenía un romance con un esclavo negro. Se dice que el disgusto de su padre era tal que la sepultó en una pared del torreón con el cabello asomando hacia fuera para así estar totalmente seguro que su hija no se escaparía jamás.

Otra variable de esta misma historia es que la mujer del marqués fue emparedada al ser descubierta su relación con un esclavo negro. Tanto en este caso como en el anterior, el futuro que corrió el esclavo no está claro. Se dice que también fue asesinado e incluso que logró escapar a través de unos túneles secretos que conectan el palacio con la playa de la Puntilla, consiguiendo enrolarse en un barco con destino a América.

En el barrio se cuenta desde antaño que se escuchan ruidos en el interior del palacio y que se ven luces. Como en muchos de estos casos, todo el ‘mundo’ sabe lo que se cuenta pero nadie ha sido testigo.

Para acompañar a la leyenda, se cuenta que en los años sesenta, mientras se realizaban unas obras en la casa, se encontraron unos huesos al derrumbar una pared. Nuevamente nadie conoce a los obreros que llevaron a cabo aquella obra.

Pero ¿Qué hay de cierto en toda esta historia? Una de las hipótesis que explican el origen de este mito es que antaño el barrio alto del Puerto de Santa María era la zona que albergaba los prostíbulos de la ciudad, creándose esta leyenda para, de alguna forma, disuadir a los niños de visitar estas zonas por la noche.

Por otra parte, se puede explicar esta fábula por la presencia de una mampara que representa a la primera marquesa, Florentina Montanaro poniendo en libertad a un esclavo y recibiendo esta a cambio un ramo de flores. Hipótesis que queda totalmente descartada puesto que la marquesa murió 27 años después que su marido, Agustín Ortuño.

Otra historia más que apasionante y que también puede explicar la creación de esta leyenda en torno al palacio de Villarreal y Purullena es el pleito que tiene lugar cuando el hijo de la segunda marquesa, Juana Ortuño, muere, quedándose su hija y heredera del marquesado Pascuala Ortuño a cargo de su madre, Josefa Somoza. Al casarse esta en terceras nupcias con Juan Carrillo, ambos intentan casar a Pascuala con el hijo de este, cerrando así el círculo en torno a la herencia.

Esta situación provoca que la abuela y marquesa pida a la Real Chancillería de Granada que le quiten la tutela de su nieta a su madre y padrastro. Cuando la Real Chancillería dicta sentencia en este caso, pide al alcalde mayor de la ciudad que retirase a la joven del cuidado de su madre, madre e hija se han refugiado en Cádiz donde parece ser estuvo durante un año y medio recluida en un convento de monjas.

La ausencia repentina de Pascuala podría haber dado pie a los vecinos del Puerto a crear esta leyenda. A continuación se presenta un fragmento de la resolución del pleito donde el presidente de la Real Chancillería pone en antecedentes el caso:

“El presidente de la Real Chancillería de Granda en cumplimiento de la carta orden  que les ha dirigido Don Manuel de Aizpun y Rendin, con fecha en Madrid a 10 de este presente mes y año para que informen a cerca de la revisión que mandaran liberar cometida al Alcalde de Sanlúcar de Barrameda para que depositase en un convento a Doña Pascuala Ortuño y Somoza, Marquesa de Villareal de Purullena, vecina de la ciudad de Cádiz, dicen que la marquesa viuda de este título abuela de Doña Pascuala, vecina de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda que dirigió una representación al señor gobernador del consejo el 20 de Octubre del año 1789 manifestando que habiendo casado con doña Josefa Somoza, su hijo legítimo, y primogénito Don Antonio María Ortuño de este matrimonio dejó al morir Don Antonio por su única hija póstuma a Doña Pascuala  Josefa Ortuño, la cual quedo y aún permanecían en tutela, y compañía de su madre doña Josefa Somoza, sin embargo de que esta luego caso con Don Juan Antonio Valera de la real audiencia de la contratación de Cádiz, por cuya muerto, acontecida en noviembre de 1785 la referida, segunda vez viuda, contrajo tercer matrimonio con Don Juan Carillo, persona de no igual nacimiento también viudo y con un hijo de edad capaz para casarse, domiciliados todos en la ciudad del Puerto de Santa María.

En estas circunstancias, y añadida la especialidad de haberse celebrado el ultimo matrimonio secretamente negándose los párrocos a franquear certificación de su partida la exponente se ha instruido de que la tutela materna de su nieta Doña Pascuala Josefa Ortuño, caduco desde la segunda boda de Doña Josefa Somoza, y por lo mismo la menor debía salir al junto de su compañía, y no continuar manejando su caudal, y un mayorazgo en que sucedió a su difunto padre, por los padrastros repetidos que le había dado.

Temiendo además, y no sin fundamento la que representaba que se dispusiese colocar con el hijo del Don Juan Carrillo, a su nieta joven, que exigía particular atención en el destino de su boda, por su ilustre calidad, por el mayorazgo que ya gozaba y por ser inmediata sucesora al que poseía la recurrente con su título de Castilla consiguiente a todo ello para evitar los inconvenientes que amenazaban en uno de sus legítimos derechos, la marquesa, como abuela paterna de una menor expuesta a todo género de ultrajes había mediado reclamando ante la justicia de el puerto de Santamaría pero considerando el valimiento que allí disfrutaban Doña Josefa Somoza y su marido D. Juan Carrillo, su prepotencia y actividad, respecto a una litigante, que por forastera, por su sexo, y edad crecida, había de valerse de segundas manos y teniendo presente que unidos a estos principios, los artículos y dilaciones inmensurables de un juicio, sobre creación de tutela  usufructuaria, el principal intento de recuperar y poner a salvo la persona de D. Pascuala Josefa Ortuño, pues entre tanto se evacuaban  los traslados y se practicaban justificaciones que daban sobrado espacio a su madre y padrastro para ocultarla, transportarla, y lo más ruindoso para seducirla y casarla con el hijo de D. Juan Carrillo…”

Tras llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre el árbol genealógico de la familia de Villareal y Purullena no hemos encontrado evidencias de la desaparición en condiciones extrañas de ninguna de las descendientes del marqués.

De aquella majestuosa casa no queda nada, quedó deshabitada y el tiempo hizo mella en lo que antaño fueron gloriosos salones y bellos cuadros del palacio. Actualmente es la Fundación Luis Goytisolo dedicada a la literatura.

Si se presta atención, tal vez, en su interior, podríamos escuchar los lamentos de los fantasmas que vagan por el Palacio de Purullena.