Historias sorprendentes: cuando el premio de la Lotería se convierte en una maldición

Dicen que el dinero no da la felicidad y, algunos, añaden: «pero ayuda». Hoy, un día después del Sorteo de la Lotería de Navidad, hay muchos nuevos millonarios, personas a los que la suerte les ha sonreído y que pueden comenzar a hacer sus sueños realidad pero ¡cuidado!, puede ser el comienzo de su peor pesadilla.

El dinero que toca en la Lotería sirve para ayudar a la familia, pagar deudas, tapar agujeros, darse algún capricho, repartir un poco entre quienes los necesitan pero, si no se tiene cabeza se va con rapidez, Hacienda se queda una buena parte y el resto es cuestión de saber planificar y no gastar en exceso.

A algunos de esos ganadores de grandes sorteos la vida le cambió dos veces, a mejor y a peor, por ese orden, pues tras ser millonarios pasaron a perderlo todo, todo el premio. Según un estudio de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC) el 70% de las personas que ganan el premio de la Lotería se acaban arruinando en los cinco próximos años por decisiones no racionales, caprichosas. Eso es el fin o el comienzo del fin.

Millonarios arruinados

Ejemplos hay muy claros sobre ello, a continuación se exponen algunos de ellos:

Evelyn Adams

Ganó, en dos ocasiones, un premio de la Lotería de siete cifras. Hasta su puerta llamaron amigos y familiares que le pedían dinero, ayuda. El dinero le abrumó y se acabó metiendo en adicción al juego, en ludopatía, de forma que gastó su fortuna en los casinos de Atlantic City. En una entrevista al diario «The New York Post» afirmó: «Estoy en la ruina y tengo dos trabajos. Mi consejo para cualquier persona que gane un gran premio es que lo primero contacten con su abogado y contable».

Michael Carroll

Fue el ganador de más de 14 millones de dólares en la Lotería cuando sólo tenía 19 años y trabajaba de basurero en Norfolk. Decidió tirar por la vía rápida en cuanto a como invertir su dinero como, por ejemplo, gastar dinero con los amigos en alcohol, fiestas, drogas, sexo. En 10 años dilapidó su fortuna. En el diario The Sun declaró: “La gente a menudo me dice, ¿qué se siente al haber perdido todo ese dinero? Les digo que no lo perdí… ¡Lo gasté!». Seguramente si le tocara de nuevo se lo pensaría dos veces. Hoy reparte carbón por las casas.

Américo Lopes

Le toco 38,5 millones de dólares en el MegaMillions de Estados Unidos junto a otros cinco compañeros. Decidió no contarlo y quedárselo, aprovechó una baja para operarse del pie para desaparecer. Tres años más tarde un juez del Tribunal de Nueva Jersey lo condenó a pagar a cada compañero su parte proporcional.

Billie Bob Harrel Jr.

La suerte le sonrió con un premio de 31 milones de dólares en la Lotería del estado de Texas (sur de Estados Unidos). Comenzó a comprar coches y casas y que luego repartió entre sus más cercano, le pedían dinero, lo agobiaban y una noche, dos años después, se suicidó.

El matrimonio Griffiths

En el año 2005 les tocó 2,3 millones de euros en la Lotería inglesa. Se compraron un coche de lujo y se embarcaron en viajes por todo el mundo. En 2010 un incendio destruyó su casa y el seguro no cubrió los daños con lo que perdieron todo y el matrimonio rompió poco tiempo después.

Andrew Whitaker

Jugó al Jackpot y le tocaron 280 millones de euros. Creía que lo tenia todo pero su esposa se divorció de él, su nieta murió poco tiempo después. Comenzó a beber, a ir a clubs nocturno, a rodearse de malas compañías, a jugar en los casinos. Su fortuna menguó y su vida se convirtió en un infierno.

Adrian y Gillian Bayford

Su premio fue de 187 millones de euros en el Euromillones. El dinero no hizo la felicidad, se divorciaron un años y pocos meses después. El dinero que repartieron les supo a hiel pues aquellos que les dijeron que «eran para pagar deudas» lo usaron en comprar casas y vivir a todo lujo. Hicieron malas inversiones y todo ello influyó en añorar su vida anterior al premio.

Son casos en los que el dinero no hizo la felicidad ni ayudó tampoco, casos en los que la mala cabeza, las malas compañías, la buena fe, les llevó a que el sueño de toda persona (que le toque la Lotería) se acabaría convirtiendo en una pesadilla.