Exorcismos que acabaron en tragedia

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En el terreno de los fenómenos paranormales e inexplicables hay uno que es especialmente inquietante y es el que está relacionado directamente con las posesiones, con la presencia del diablo. Es un tema controvertido pues lo primero que hay que dilucidar si el diablo -o el Maligno- existe y si hay una parte de ese indemostrable lado que afecta y puede llegar a tomar el cuerpo de una persona. Evidentemente todo ello va dentro del sistema de creencias de la persona siendo un fenómeno sujeto a creencias.

Existe un ritual por el cual se intenta expulsar a esos mismos demonios del cuerpo de la persona poseída, es el ritual del exorcismo. El exorcismo que, aunque se identifica con la religión católica, está presente en otras religiones del mundo. Mediante el exorcismo se intenta expulsar a los demonios del cuerpo, espíritus malignos que habrían poseído a las personas y que sólo hay una forma que abandone el mismo: que diga su nombre, el nombre del espíritu que ha poseído a su huésped. En plena posesión debe ser el espíritu -en boca del poseso- el que pronuncie su nombre. Algo que no es nada sencillo y que implica sesiones que pueden durar meses.

Muchos de esos exorcismos no han acabado de la mejor forma, quizás por extralimitarse en el ritual o ser demasiado severo en la forma de aplicarlo, exorcismos que han acabado en tragedia y en la muerte de la persona sobre la que se realizaba el mismo. De entre todos los casos que han acabado de forma trágica hay algunos de ellos que es conveniente conocer para que no se vuelvan a repetir hechos así.

Charity Miranda Martin era una chica de 17 años que entró en una severa depresión. La chica presentaba todos los síntomas habituales pero su madre, Vivian Miranda, creía que todo lo que tenía su hija era obra del diablo y que esta la había poseído. Así Vivian decidió que lejos de llevar al médico a su hija iba a pedir la ayuda a sus hermanas, Serena y Elizabeth, para hacer un exorcismo sobre la chica. El “ritual” duró siete horas y cuando llegó al final del mismo comunicó a sus hermanas que Dios le había pedido que asfixiara a su hija y así el demonio la abandonaría. Las mujeres agarraron a la chica, la sujetaron con fuerza y lo intentaron usando una almohada. El plan inicial falló y entre salmos y lecturas de la Biblia la madre cogió una bolsa, la puso sobre la cabeza de la joven y allí la tuvo hasta comprobar que había dejado de respirar. Las tres mujeres, felices, cantaban y bailando al son de la música de Frank Sinatra festejando su “victoria” sobre el maligno sin darse cuenta de la barbaridad y cruel asesinato que había cometido.

Otro exorcismo que terminó en tragedia es el que se cometió sobre Amora Bain Carson, un bebé con tan solo 13 meses. Fue la pareja de Jessica Carson, Blain Keith Milam, el que convenció a la madre para practicar un exorcismo sobre la niña haciéndole creer que estaba poseída por el demonio. Previamente había acudido a un sacerdote para que lo realizara él pero este se negó no encontrando indicios de tal posesión, así que decidieron ellos mismos realizar el mismo… En 2008 el bebé fue asesinado, en la autopsia se encontraron mordeduras en todo el cuerpo, golpes en la cabeza, contusiones y un martillazo fatal que acabó con su vida.

Otro caso terrible es el de Terrance Cottrell Jr. al que se le diagnosticó autismo cuando tenía dos años de edad, pero en la iglesia apostólica a la que iba su madre no pensaban de la misma forma y le hicieron ver que se trataba realmente de una posesión, de estar tomado por el diablo y la necesidad que había de quitarle ese mal al niño. Pasaron seis años cuando su madre, Patricia Cooper, lo comenzó a llevar a la iglesia donde un grupo de fanáticos religiosos rezaban en torno a él para que se volviera un niño normal obviando que era autista. El tiempo pasaba y las sesiones se eternizaban hasta que fue una especie de exorcismo prolongado en el tiempo. Fue el ministro de la iglesia, Ray Hemphill, el que en 2003 trató de liberar al niño de la presencia del “diablo” en su cuerpo, para ello se ubicó encima del pecho del niño mientras que realizaba el exorcismo, durante las oraciones y rezos, debido a la presión, asfixio al niño y le provocó la muerte, el peso de Hemphil sobre su caja torática provocó el óbito del niño. El sacerdote fue condenado a dos años de prisión por la muerte del niño durante el ritual.
Son sólo algunos de los exorcismos desconocidos que terminaron en tragedia y con la muerte de la persona.

Uno de los exorcismos más tristemente recordado es el de Anneliese Michel, una chica alemana, introvertida, criada en el seno de una familia profundamente católica en la localidad de Leiblfing. Habitual en las misas dos veces por semana y de profundas convicciones religiosas.

Su trágica historia comienza cuando tenía 16 años y comienza a tener repentinas convulsiones siéndole diagnosticado un cuadro de epilepsia, además entró en una profunda depresión y, debido a ambos diagnósticos, fue hospitalizada. Su aversión a todo lo que era un objeto religioso surge con 20 años, lo siguiente sería escuchar voces, fue cuando su familia creyó que “la había poseído un demonio“. Convencidos que esto era lo que le ocurría a la chica decidieron interrumpir el tratamiento y comenzaron busca apoyo en la iglesia, en concreto en dos sacerdotes Ernst Alt y Arnold Renz, dando lugar a los exorcismos.

Así las sesiones para sacar a ese demonio de su cuerpo fueron extremas, vivió encadenada a una silla, sin comer, beber o dormir. Los sacerdotes identificaron a Lucifer, Caín, Judas, Iscariot, Hitler y Nero. Tras 11 meses y 67 sesiones de exorcismo, la chica no aguantó más, estaba enferma de tanto castigo, sufría neumonía, tenía rotos dos ligamentos en la rodilla, la autopsia, no obstante, determino que murió debido a la malnutrición y deshidratación. Tenía sólo 23 años y pesaba 30 kilos.

Como no podía ser de otra forma padres y sacerdotes fueron juzgados y declarados culpables de homicidio por negligencia, a los padres no se les impuso pena “porque ya habían sufrido lo suficiente” y los sacerdotes recibieron tres años en libertad condicional.