Terrible experiencia de exorcismo en Sevilla

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En ocasiones el investigador de lo desconocido, de lo misterioso, de lo inexplicado, se enfrenta a pruebas que son muy difíciles de asimilar por las diferentes vertientes que entraña y la cantidad de matices a analizar. No obstante, en el mundo del misterio, siempre hay lugar para las sorpresas.

Una de esas sorpresas llega cuando un buen amigo me informa de una posibilidad: “¿Te interesaría asistir a un exorcismo en una casa del centro de Sevilla?”. Y mi respuesta no se hizo esperar: “Si, ¿pero quién lo realiza? Si es un vidente, un sanador o similar no me interesa”.

Pero mi comunicante iba a ir un paso más allá: “No, es un sacerdote al que le han pedido ayuda  y va a ir en estos días, si te interesa se lo digo”. Con mi más rotunda afirmación mi amigo comenzó las gestiones para que nos permitieran estar en ese exorcismo en el referido inmueble. Pocos días después teníamos la respuesta: “Podemos asistir al exorcismo pero me han dicho que te diga que nada de entrevistas, nada de vídeo y nada de grabadoras, son las condiciones, o se toman o se dejan”.

No tardaron muchos días en pasar, pasada la Semana Santa de 2016, cuando nuevamente este amigo me comunica: “No quedes con nadie mañana que vamos a ir a un sitio, a donde te dije, al exorcismo”. Y así comenzó una singular experiencia. En pleno centro de Sevilla, en las inmediaciones de la remozada plaza de la Encarnación, hoy famosa por la futurista arquitectura de las llamadas ‘Setas’, se encuentra el inmueble afectado. Se trata de una vieja casa bastante reformada en su interior, allí, en un primer piso se encontraba el foco de los problemas que afectaban a la familia.

Tuve la oportunidad de conocer al sacerdote que iba a realizar el ritual, en su mano el conocido ‘Ritual Romano’, afable, de carácter abierto pero severo en sus observaciones: “¿Tu eres el periodista? No hagas demasiadas preguntas, los asuntos de Dios atañen exclusivamente a Dios” y la verdad es que aun no se bien lo que me quiso decir con aquella afirmación, pero guardé un respetuoso silencio.

Con la familia me mostré un poco más incisivo en mis preguntas, deseaba saber las razones por las que habían llegado a esta situación y con el beneplácito del sacerdote me dijeron: “El niño se reunió con unos amigos en su habitación, hablaban del programa de ‘Cuarto Milenio’ y de la ouija, por lo visto uno de ellos quiso llevarlo un poco más allá e improvisaron una sesión en su habitación. Se lo tomaron a broma para asustar a las niñas, tienen entre 12 y 13 años y ‘tienen el pavo cogido’, así que sentí a la media hora gritos y una de ellas muy nerviosa. Al parecer habían contactado con el tío de una de ellas que falleció el pasado verano y les había dicho que los perseguiría y que iba a ser su pesadilla. Cogí a los niños aparte y les dije que me contaran lo que había pasado y si alguno le había gastado una broma, pero me dijeron que no, que el vaso se había movido sólo y que apenas lo estaban tocando”.

Interrumpió el sacerdote que, dirigiéndose a mí, afirmó: “No saben el daño que hace ese juego y lo que ven por televisión, juegan con fuerzas que no conocen”. Desde ese día, por la noche, comenzaron a sentirse extraños ruidos en la casa, principalmente en la habitación del joven, a cualquier hora. Las puertas de abrían y cerraban solas, había frías corrientes de aire en la casa pese a estar todas las ventanas cerradas, la televisión se conectaba o apagaba sola y cambiaba de canal, el carácter de la familia comenzó a cambiar, se percibía la negatividad y pensaron que todo tuvo un punto de partida desde la lamentable sesión de ouija. Debido e ello, y conociendo un poco estos temas, la familia decidió contactar con un sacerdote quien se prestó a visitar la casa.

Soy consciente que en muchas ocasiones se visitan, por parte de religiosos, determinados inmuebles para bendecirlos y para “exorcizar” (sepa entenderse el entrecomillado) su interior, en muchas ocasiones no es un ritual cierto, verdadero, sino más bien un ‘placebo ritual’ que tiene su positivo efecto a nivel psicológico, para tranquilizar.

Aquel sacerdote se vistió para la ocasión y comenzó un ritual mientras bendecía con el hisopo cada rincón, en un momento determinado se comenzó a dirigir a un lado de la habitación del niño, del joven ‘jugador’ de la ouija, gritando: “¡En nombre de Dios yo te expulso, en nombre de Dios yo te expulso!”, curiosamente un frío intenso nos rodeó, la cortina se movía como impulsada por unas manos invisibles y un fuerte olor, desagradable, se percibía. Fue entonces cuando aquel hombre cesó en sus rezos y mirando a los padres les dijo: “No temed, ya se ya ido. Era un espíritu maligno que provocó la ouija, pero ya se ha ido. No temed”. La demostración había sido impresionante aunque margen hay para la sugestión.

Resultó ser una experiencia terrible, no por lo que se vivió -que también- sino más bien por el ambiente, por la tensión, por los nervios de la familia, por el terror de sus rostros, por la solemnidad de aquel sacerdote, un compendio de factores que llevaban a límites insospechados el ‘exorcismo’ realizado.

No sabría explicar bien lo que sucedió en aquella habitación, de donde surgió ese frío gélido, el antinatural movimiento de la cortina o el mal olor, ante mi cara de circunstancia el sacerdote, sonriente me dijo: “Los asuntos de Dios son de Dios”. Y se marchó tranquilamente mientras la familia respiraba con alivio. ¿Sugestión, ‘efecto placebo’ o realidad? Uno de los misterios de nuestro siglo XXI y del que la Iglesia guarda silencio y la Ciencia trata, con metodología, de explicar.