Experiencia OVNI en las instalaciones militares de Paloma Baja en Tarifa

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- El fenómeno OVNI es tan intrigante como esquivo, y siempre da sorpresas aunque para ello tengamos que remontarnos una década y media atrás para saber de su realidad.

Así nuestro testigo tiene su experiencia en el verano de 1997, en Paloma Baja (Tarifa), donde realizaba el servicio militar. La instalación donde se encontraba era una batería de costa donde no había más de una quincena de soldados y estaba “perdido de la mano de Dios, lejos de la civilización entre la playa y el monte gaditano” según confesaba su propio protagonista.

El testigo aún recuerda su experiencia de forma muy lúcida e impactante: “Aquella madrugada todos dormíamos plácidamente y sería sobre las cuatro, o así, donde nos despertamos consternados por
un fuerte impacto y por un previa detonación con sonido de “ssssssss”. Todos medios dormidos pero con el corazón en un puño nos preguntábamos unos al otro si habían oído eso, pero el cansancio hizo que en escasos minutos volviéramos a dormir”.

A la mañana siguiente aquel ruido fue el tema de conversación en el desayuno, en el que los compañeros que hicieron guardia en aquella madrugada añadieron sus testimonios diciendo que “habían visto unos fuertes destellos de luz a pocos metros de la batería”. El incidente se quedó así, en un mero tema de conversación de desayuno en aquel comedor, “al terminar cada uno fuimos a nuestras labores y ya no se habló más del tema”.

Sobre las 18:00 h., al terminar su turno de guardia, el soldado bajó a la playa “normalmente cuando acabábamos, a esa hora, nuestra jornada llámese militar o laboral teníamos la tarde libre, algunos compañeros se iban a Tarifa a pasar la tarde, otros se quedaban en la cantina jugando a las cartas y otros, como en mi caso, bajábamos a la playa donde teníamos que atravesar muchos metros de follaje y de mala vegetación para poder acceder”.

Y un nuevo incidente se viene a sumar a la ya inquietante noche: “esa tarde a ningún compañero le apetecía bajar a pasear por la playa, pero tal como hacía muchas veces bajé solo con mis auriculares puestos, tal como bajaba por esos inhóspitos caminitos de malas ramas hacia la playa observé a unos cien metros algo insólito: vi restos de un accidente, pero el accidente más raro que he visto en mi vida, observé multitud de colores que jamás había visto en mi vida desparramados por aquella vegetación. Me acerqué corriendo pero con cautela y cuanto más me acercaba más me sorprendía, pude observar algo parecido a cristales líquidos rotos pero con sensación de movimientos, además había materiales que me recordaban a las típicas vidrieras de iglesias pero, como he dicho, antes de un color que hasta el día de hoy desconocía que existiera”.

El testigo también pudo ver unas planchas metálicas -de color acerado- que presentaban una curiosa particularidad ya que “al tirarles una piedra encima se quedaban pegadas como si tuviera magnetismo más allá del metal”.

En el lugar del accidente había otros muchos restos y objetos, otro que destacó y llamó la atención de nuestro protagonista fue el de otra pieza de metal de las mismas características. “Cuanto más te acercabas más notabas un olor raro y no hablo de olor a quemado, lo que sí doy fe es que no vi ningún resto de vida, también es verdad que aquello estaba esparcido más o menos por un perímetro de cien metros a la redonda y solo me quedé estático en un solo punto, me dio bastante pudor adentrarme entre los restos del accidente, con el tiempo he pensado mucho sobre ello y creo que si ese día me hubiese adentrado entre aquellas ruinas estoy seguro que hubiese visto cosas aún más fuertes”.

El soldado reaccionó de forma lógica humana: salió corriendo a dar la alarma al mando de la instalación que, en aquel instante, se trataba de un sargento primero “apellidado Gómez o García, no lo recuerdo bien, al comentarle lo que presencié se vino corriendo conmigo sin pensarlo dos veces, al llegar al lugar quedó mucho más impresionado que yo, no se atrevió ni a acercarse a cincuenta metros de los primeros restos, hizo una primera valoración visual y se fue a su oficina corriendo para llamar a los diferentes mandos de la batería que a esa hora se encontraban ya en sus casas”.

Y seguían las sorpresas: sobre las ocho llegaron militares de alta graduación que se dirigieron al lugar y comenzaron a inspeccionar todo el “accidente” por espacio de unos 90 minutos. Llegaron mandos de otros cuarteles así como una importante dotación de la Guardia Civil. Se dio la circunstancia que los soldados no pudieron acercarse al lugar del “siniestro” salvo nuestro testigo al que se le permitió acceder a aquel punto.

Toda la mañana siguiente militares y autoridades estuvieron en aquel punto, todos uniformados, hasta que llegaron unos caminos del que bajaron unos militares en “bata blanca” que llamó la atención de todos los soldados, iban “completamente vestidos de blanco incluido sus guantes y sus mascarillas”.

Y, como en tantas otras ocasiones la loza del silencio se apoderó de aquel incidente: “No recuerdo ya si fue al día siguiente o al otro, donde yo trabajaba una mañana engrasando una pieza de artillería, cuando me llamó un cabo primero y me dijo que me presentara en la oficina del Teniente, ante mi extrañeza me presento, llamo a la puerta , escucho “pasa” y entro, al entrar me llevé una gran sorpresa, no era el teniente quien me esperaba allí sentado, eran un par de hombres vestidos con traje y corbata, no eran los típicos hombres de negro que tanto se han hablado en la ficción, eran un par de hombres que se identificaban como funcionarios del ministerio de defensa”.

Aquellos dos hombres mantuvieron una corta conversación con el soldado remarcando una pregunta con especial interés: “¿Había más militares de reemplazo que hubiesen visto los resto?”.

Aquellos dos funcionarios se despidieron dándole una vaga explicación de los hechos acompañado de una pequeña amenaza velada dirigida de forma elegante.

Aquella explicación venía a decir que el aparato estrellado era un artefacto aéreo experimental de la OTAN que no había superado las pruebas oportunas. La amenaza fue que “si no me quería meter en problemas y esas cosas teniendo, en cuenta el poco tiempo que me quedaba de servicio militar (se veía que sabían todo sobre mí), era mejor que dejara las cosas tal como ellos me lo habían planteado, evidentemente les di mi palabra, teniendo en cuenta lo importante que es para un soldadete volver a casa con los suyos”.

Sobre aquel incidente tan extraño y la versión dada por los funcionarios nuestro protagonista no creyó una palabra. Puede que fuera la explicación real, puede, pero también puede que trataran de ocultar la realidad de un fenómeno tan desconocido como inquietante como lo es el tema OVNI.

“Jamás me creí su versión, ese artefacto y esos restos no son de este mundo y lo digo muy convencido, han pasado ya casi veinte años y jamás creo que voy a volver a ver ese tipo de restos esparcidos ni creo que lo vuelva a ver en mi vida, no sé si te resultará interesante mi testimonio, es la primera vez que lo cuento”.

Sobran más comentarios pero un dato para cerrar este incidente y este artículo: no hay informes ni expedientes de un accidente militar en aquella zona.