Fenómenos extraños en el Canal del Bajo Guadalquivir, el ‘Canal de los Presos’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Hay lugares marcados por la tragedia y lugares donde, sin saber cómo, un día se despiertan fuerzas que no podemos llegar a imaginar  o explicar.

Uno de esos lugares lo encontramos en las cercanías de Sevilla, en el barrio de Montequinto, un lugar donde una pareja de jóvenes iba a vivir un fenómeno tan inquietante como inexplicable. Era nuestra comunicante la que nos pedía información sobre el lugar a la vez que nos explicaba lo que les sucedió: “mi novio y yo fuimos a este lugar (del que no podemos facilitar mayor información) al que se accede por una pequeña carretera y se ve perfectamente si vienen coches o no; es un descampado bastante grande, sin casas, sin coches… Desde que llegué ese día a ese sitio sentí una gran incomodidad, como si alguien nos estuviera observando, pero puedo asegurar que allí no había nadie físicamente presente, porque miré varias veces (sin decirle nada a él, porque pensaba que serían cosas mías) y con la luz del coche se podía ver perfectamente cualquier cosa”.

Con la extraña sensación de estar acompañados siguieron en el lugar: “Estuvimos allí tres cuartos de hora aproximadamente y en los primeros veinte minutos empezaron a ocurrir cosas que nunca habían ocurrido. Estábamos en la parte trasera y mi novio vio una sombra pasar por detrás del coche, justo donde estábamos nosotros, hacia la izquierda. Tapó las luces que se veían a lo lejos, era algo grande, como si una persona acabase de pasar justo por detrás del coche. Salió para ver si había alguien, pero allí, como he dicho antes, no había absolutamente nadie. La sensación de incomodidad se hizo aún más grande y, de repente, la temperatura descendió de una manera brutal. Estaba asustadísima, sólo quería irme, pero mi novio no le dio más importancia y continuamos un rato más. Después de diez minutos él volvió a ver exactamente la misma sombra pasar para el otro lado, hacia la derecha, justo donde antes, como si fuera una persona; volvió a salir y de nuevo… nada”.

Con las pulsaciones muy aceleradas y los nervios a flor de piel nuestra testigo nos comenta: “Yo no podía ni hablar en ese momento así que decidimos irnos, porque yo sentí que alguien o algo nos estaba avisando para que nos fuéramos de allí, así que cogimos carretera y nos fuimos. Cuando estábamos en un sitio con luz, en el que ya no me sentía observada ni incómoda, le conté que me sentí rara desde el principio que llegamos, que no quería volver ahí nunca más. No hemos vuelto. Además, cuando llegamos a casa nos quedamos un rato hablando en el coche, y éste empezó a hacer ruidos extraños, pensábamos que eran los amortiguadores pero sonaban incluso sin que nosotros nos moviéramos y la luz de la radio parpadeaba al moverse. Al día siguiente, el coche estaba perfecto, no sonaba ese ruido ni parpadeaba absolutamente nada”.

En la zona donde ocurrió éste hecho se han informado, en ocasiones pasadas, de fenómenos igualmente inexplicables; se encuentra enmarcado en las proximidades del Canal del Bajo Guadalquivir, allí murieron varias personas ahogadas y en el año 2008 un grupo de amigos hizo una sesión de ouija “por pasar el rato y asustar a los amigos” que tuvo unas consecuencias muy extrañas cuando uno de los participantes convulsionó y comenzó “a hablar de forma extraña, con una voz diferentes, mirada perdida y diciendo que nos iba a matar”, tras aquel suceso el lugar parece haberse ‘activado’ y ahora da origen a situaciones tan extremas como la que vivió nuestra protagonista junto a su novio.