Fenómenos extraños en la escuela infantil

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.-Las apariciones espectrales siempre son un motivo que nos crean miedo e inquietud. Los hechos que se suceden en el fenómeno previo a la materialización de un fantasma nos puede llegar a impresionar tanto como la visión de uno de estos, en un hecho que, sin dudas, marcará nuestras vidas.

Si este tipo de fenómenos ocurre en una escuela infantil y tiene como protagonistas a niños todo es aún más complicado y extraordinario. Fenómenos paranormales que, en muchas ocasiones, tiene lugar en centro educativos, en concreto hoy le narro -en su propia testigo- de unos fenómenos paranormales en una escuela infantil.

Nuestra testigo nos iba a narrar una experiencia que tiene un gran valor testimonial -dada la dificultad que hoy día hay para que las personas que  tienen este tipo de experiencias hablen públicamente o con los investigadores-.

Su nombre no podemos facilitarlo aunque la llamaremos “Elena” y los sucesos tuvieron lugar en una conocida escuela infantil sevillana.

Elena nos decía: “Yo siempre he tenido mucha sensibilidad para este tipo de cosas pero nunca vi nada. Siempre se me han puesto los pelos de puntas cuando he entrado algún sitio (raro o no raro) o cuando he visto a alguien y no me ha dado buena vibración; soy más de ese tipo de cosas y nunca de ver nada tan tangible como para creérmelo, hasta que me ocurrió este caso”.

Intrigado comienzo a preguntar, de forma pausada, a nuestra testigo sobre lo que le ocurrió: “Soy educadora infantil y siempre estoy de una guardería a otra, hace unos años estuve en muchísimas durante ese invierno porque todas las semanas rotábamos de unas a otras dependiendo de la demanda de niños que había. De las 4 o 5 guarderías que rotábamos se encontraba una muy especial relacionado con una institución religiosa muy importante, nunca antes de esa fecha había oído ni siquiera hablar de ella, solo de verla cuando pasaba por aquella calle”.

La guardería en cuestión tiene un pequeño patio donde los padres dejan los carritos, la entrada se suben unos escalones y tiene un pequeño recibidor y seguidamente un recibidor que se divide en varias zonas haciendo una especie de semicírculo; en la parte izquierda, despacho de la directora y una clase, seguida otras clases que se entra por la misma puerta y esa segunda clase está pegada a un baño infantil. Este baño da justo al patio interior de los niños, el cual está pegado a las ventanas del convento, ese patio tiene unas escaleras que llevan directamente al cuarto de las lavadoras, secadora, un baño para adulto y demás enseres de mantenimiento del guarda que se queda por las noches (una especie de garita cuarto de la colada).

Si seguimos ubicándonos en el interior del edificio habríamos de regresar otra vez en la puerta de la entrada, justo enfrente tenemos la cocina y el comedor del personal de la guardería, de la cocina hay una puerta que da otra vez al patio de los niños. Solo queda la parte derecha desde la puerta de la calle que hay un despacho para el personal de la guardería con sus taquillas y la alarma del recinto. Seguidamente una puerta que da a una clase y esa clases a su vez a un pasillo pequeño donde está el cuarto de baño del personal y otro baño de niños y contiguo a ese pasillo otra clase.

El lugar, como se puede decudir, ha sido muy visitado y conocido por nosotros. Pero nuestra testigo tiene aún que narrarnos su historia: “Ese invierno fui varios días y entraba a esa guardería como a cualquier otra con total normalidad hasta que entré en el zaguán y me sentí rara, con inquietud por dentro, como si alguien me observara y me ponía los pelos de puntas sin saber la razón, pero bueno no le eche cuenta y trabaje ese día como otro cualquiera sin decirle nada a nadie y sin darle más importancia que aquella sensación que me dio ese momento”.

Elena sigue relatándonos su experiencia “fui días alternos con los cual no le di ninguna importancia a aquella reacción que tuve tanto ese primer día como los días siguientes que fui, solo sé que me sentía rara, observada y cada vez que quería ir al baño del personal (parte derecha de la guardería) no se porque, tenía la necesidad de ir corriendo por que había algo que me daba miedo y no podía explicar el motivo, pero siempre lo hacia corriendo tanto la ida como la vuelta, lo hacia inconcientemente, nunca lo hablé con nadie por que pensaba que eran tonterías mías. Terminé ese invierno y ahí se quedó todo y a mi se me olvidó esas tonterías mías. En julio de ese mismo año me volvieron a contratar para trabajar todo el mes haciendo las sustituciones de los profesores, yo me incorporé tres días después que el resto de mis compañeras de ese año. Estaba tan contenta que no me acordaba que esa era la guardería en la que sentía cosas raras, mi primer día exactamente igual que cuando entre por primera vez fue pisar el zaguán y volver a sentirme observada e inquieta por dentro, intente no sugestionarme y pasar del tema sin decirle nada a ninguna de mis compañeras y callarme todo lo que sentía. Me llevé todo el mes de julio inquieta, pelos de puntas a ratos y mis carreritas hacia el baño”.

Pero lo peor estaba por llegar, le pregunté ¿Qué te pasó entonces? Y ella con una risa nerviosa me contestó: “Todo discurrió así hasta que llegó el 31 de julio y comenzó lo peor, ese día todo comenzó como otro normal, entrábamos a las 7:30 de la mañana y dos compañeras y yo salíamos a las 18:00 de la tarde, el resto de las compañeras se iban a las 15:00 de la tarde, los peques estaban dormidos, algunos se marchaban a las 13:30 y sólo se quedaron ese día cuatro niños a dormir porque era ya el ultimo de guardería, hasta septiembre se cerraba.

Retomando el tema, a las 14:00 empecé a calentar en el microondas la comida de nosotras, ese día me tocaba a mi prepararla y las demás ponían la mesa puse un plato con comida dentro del microondas lo calenté y así varios platos cuando fui a calentar el cuarto, el microondas no funcionó más. Entonces extrañada hable con las compañeras por si ellas habían quitado la luz, porque como era el último día estábamos desenchufando todas las cosas. Me dicen que no, que “qué raro” pero que a una de ellas le ha pasado que por la mañana la lavadora dejo de funcionar también y dije bueno pues nada comeremos medio frío medio caliente.

Antes de sentarme fui a llevar unos pañales al cuarto de baño de los niños que daba al patio, hacia tanto sol a esas horas que no hizo falta encender ninguna luz y cuando estaba colocando los pañales en su casillero la bombilla se fundió haciendo el mismo ruido que se hace cuando hay una subida de tensión y explota la mire y vi que estaba entera no se había roto encendí la luz y ya no funcionaba, me siento en la mesa les digo que la bombilla se ha estropeado también y entonces es cuando empezaron mis compañeras a explicar que estaban pasando unas cosas muy raras,…”

Y es que, paralelamente, el personal de la guardería estaba viviendo experiencias difíciles de explicar: “uno de los primeros días de guardería, una de las niñas que dormía plácidamente se despierta como si alguien le hubiera hecho algo, las profesoras van a ver qué le pasa la consuelan porque creían que era una pesadilla y la niña llora más y más señalando un punto fijo de la pared y cada vez que señalaba ese sitio más lloraba y más gritaba se la llevaron de la clase y las que estaban allí se asustaron porque en la pared no había nada. Era como si estuviera viendo algo.

Elena comenzó a hablar con sus compañeras y estas le empezaron a decir las cosas que ellas sentían, ella les dijo que pensaba que sólo le pasaba a ella y que no había querido decirles porque pensaba que era cosa suya. De las seis chicas que estaban allí se marcharon tres y se quedaron otras tres con un sólo niño y recogiendo la guardería para dejarlo todo preparado para la hora del cierre.

Cuando se llevan al último niño y las tres chicas comienzan a recogerlo todo y desenchufar las cosas, una compañera y Elena subieron al cuarto de la colada “garita” para terminar de bajar los baberos que se habían quedado allí, a Elea el cuarto de baño de la planta baja le daba miedo entrar, le dijo  a su compañera que subiría al de arriba y así “mataban dos pájaros de un tiro”, la otra compañera se quedó limpiando en la planta de abajo, al subir comprobaron que estaban desenchufadas las lavadoras y la secadora “mi compañera entra al baño y yo la espero en la puerta al lado de las lavadoras y demás cacharros de ese sitio, sale ella y entró yo y cuando estoy dentro escucho algo y yo le digo, ¿qué te pasa? Y nadie contestó. Pero yo salí riéndome como si nada, risa nerviosa, me la encontré con la cara blanca mirando fija la lavadora y diciéndome “ay,ay, mira miraaaa” y cuando mire la lavadora empezó a centrifugar cada vez más rápido.

Yo me quede tan alucinada, que me quede clavada en el suelo yo miraba el enchufe y vi que estaba desenchufado y la lavadora centrifugando sola sin comerlo ni beberlo, mi compañera me tomó del brazo y tiro de mi por las escaleras hacía abajo, ya salimos corriendo y la compañera cuando nos escuchó correr salió asustada que preguntando sobre lo que pasaba. Le dijimos “corre vámonos que aquí pasan cosas raras, corre ahora te contamos” y nos metimos las tres en el despacho de las taquillas para coger bolsos y poner la alarma, la alarma no saltaba al OK por más veces que le metíamos la clave, tiene censor de movimientos y no nos dejaba algo ponerla, no saltaba hasta que después de siete veces saltó y pudimos irnos corriendo de allí cerrando las puertas”.

Cuando las chicas estuvieron en la calle le empezamos a contar a la compañera lo que les había pasado en la parte de arriba la tercera chica no se lo creía en ese momento. Una de ella se dio cuenta que el móvil lo había dejado olvidado en el edificio. Entraron en una zona en la que tuvieron que abrir una puerta que parecía movida por unas manos invisibles. Entonces una de ellas notó como si alguien tirase de la puerta hacia el lado contrario para poder abrirla en ese momento. Nuestra testigo nos decía “me puse a chillar y a decirle a mis compañeras “por favor venir venir que yo me voy”, no solté el pomo porque sabía que si lo soltaba se abriría la puerta y entones me da algo allí, bajaron mis compañeras pusimos alarma solté el pomo y sin mirar atrás salí corriendo de allí esta vez no nos paramos ni fuera para hablar si no que salimos corriendo las tres de allí lo más lejos posible”.

Pasaron un par de meses y una persona le dijo un día “donde has estado trabajando pasan cosas raras, ¿verdad? En esa guardería hay presencias, dos de dos niños pequeños, dos presencias burlonas que se dedican a jugar y hacer trastadas por toda la guardería”.

Nuestra protagonista no volvió jamás allí, sus compañeras fueron dejando igualmente el lugar, un lugar marcado por las experiencias que una noche tuvieron y cuyo recuerdo más les abandonará.