Fenómenos inexplicables en el tanatorio

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Los fenómenos paranormales son difíciles de poder reproducir a voluntad, mucho menos en un laboratorio, por eso de lo esquivo que resultan para ser analizados científicamente sin recurrir a una elevada dosis de paciencia. Cualquier persona puede ser testigo de un fenómeno inexplicable al que, posteriormente, poder dar respuestas y explicación.

El fenómeno paranormal, en muchas ocasiones, puede producirse de forma casi inusitada y bajo diferentes formas de “expresión” (sepa leerse el entrecomillado), quizás por haber una amplia gama de fenómenos, desde los visuales hasta los acústicos e incluso olfativos. En torno al segundo de ellos orbita nuestra particular historia inexplicable.

Sucedió en el tanatorio de la SE-30 de Sevilla y nos llega de la mano un testigo llamado Francisco Rodríguez, inquieto se ponía en contacto conmigo para narrarme su experiencia: “José, ¿te suelen comentar casos de músicas de origen inexplicables, dentro del fenómeno de la clariaudiencia?”. Ante la pregunta me serví de responderle y comenzó a desarrollarme un hecho que debe ser calificado como inexplicable.

Nuestro testigo expuso lo que le había sucedido: “En mi caso fueron dos veces consecutivas, y justo al acabar, la bombilla de la lámpara empezó a fallar, como si se fuera a fundir, como si el fenómeno entrara en conflicto con aparatos eléctricos de la sala donde nos encontrábamos”. Pero me resultó confuso de entender sin una explicación previa que está relacionada con la defunción de un familiar “como una demostración de su presencia o como si quisiera indicarme algo”.

Pero el fenómeno también se mostró en su propio hogar: “Serían las 11 de la noche y me fui a la cama a dormir. Estaban todas las persianas bajadas y las ventanas cerradas. Me encontraba leyendo un libro y, de repente, por el pasillo empezó a llegar una música increíble. Eran sonidos extraños pero con unos matices maravillosos. Había algo sutil en las notas, cada vez se sentían más cerca y pensé que lo mismo percibiría algo en mi dormitorio, justo cuando acabó la música la bombilla de la lámpara empezó a fallar. Al cabo de poco tiempo se repitió, todo igual”.

Pero aún hay otro dato que dota de mayor interés a nuestra historia: “El abuelo de mi ex-novia falleció de cáncer de garganta. Fui al tanatorio y esa noche me sobresaltó el sonido de un hombre que parecía que se estaba ahogando, sonaba muy fuerte, era como si entrara el sonido por mi mente, no por los oídos. Mi novia, en ese momento, escuchó lo mismo que te he descrito”.

En la sala había poca gente “y cuando se adentró más la noche sólo habíamos dos personas, entonces aparecieron unos círculos de luz que intercambiaban su posición, eran seis y allí no podía haber reflejos de nada”.

La clariaudiencia se define como la facultad que tiene una persona por la cual es capaz de oír sonidos, o voces, que no tienen explicación y que van más allá de la capacidad normal del oído. Se relacionan con las voces o mensajes de las personas fallecidas. En el caso de nuestro testigo parace que hay razones más que justificadas para pensar, a priori, en ello, aunque todo estará supeditado a la investigación.

No son los primeros fenómenos que se viven en el interior de éste edificio, que trae recuerdos tristes a muchas personas por ser el lugar donde se le da el último adiós a la persona querida; un tema que se trata con el máximo respeto y comprensión hacía los testigos y personas implicadas. Tal vez sólo sea la sugestión, el dolor por la perdida que hace escuchar -o entender- lo que resulta imposible, tal vez sólo se trate de eso.