Fenómenos paranormales y aparición fantasmal en el ‘Canal de los Presos’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Las apariciones de carreteras son el típico relato que es parte ya de lo que se llaman ‘leyendas urbanas’. En muchas ocasiones este tipo de experiencias se califican injustamente cómo tal cuando puede que haya habido una vivencia con lo paranormal… Es el caso de nuestra testigo.

Sara Vargas, es amiga y colaboradora, iba a vivir un encuentro con lo inexplicable en una zona donde hay multitud de relatos de visiones de seres del ‘otro lado’. Regresaba de la localidad gaditana de Rota cuando sucedió lo imposible: “Había realizado ese trayecto muchas veces ya que es mi camino habitual de vuelta desde Rota hacia Sevilla. El Domingo 3 de Julio transitaba por la A4 de vuelta a casa, la autopista estaba llena de coches aunque el tráfico era fluido, se podía ir a una velocidad media de 110 km/h sin ningún tipo de problemas. Estaba siendo un viaje tranquilo y sin incidencias, no nos habíamos encontrado con ningún atasco de los que se suelen formar en esa carretera, tan transitada de vehículos un Domingo por la noche, ya que son muchas las personas que se dirigen a su casa después de haber pasado un fin de semana en las playas de la costa de Cádiz para huir del sofocante calor sevillano”.

Pero algo la iba a llenar de temor e inquietud, su acompañante, sin embargo, no vio nada: “Sin embargo para mí no iba a ser un regreso como otro cualquiera… poco antes de las 23h me encontraba circulando por el carril de la derecha de la autovía, estaba situada entre los puntos kilométricos 555 y 553 de la A4 cuando, de repente, veo una silueta de un hombre parado en el arcén derecho de la carretera, su ropa era gris y, aunque no le pude ver su rostro, pude ver cómo me hacía gestos con su brazo derecho, lo movía de arriba hacia abajo, como queriendo indicarme algo… Inmediatamente le pregunté a mi marido, que iba en el asiento del copiloto, si había visto aquel hombre del arcén a lo que me contestó que no había visto nada mientras volvía la cabeza para verlo… Nada, no había nadie parado unos metros detrás del coche. Mientras Antonio lo buscaba yo miré por el espejo retrovisor para volver a ver a ese hombre pero obtuve el mismo resultado, allí no había nadie”, asombrada prosigue “sorprendida le dije a Antonio que cómo era posible que hubiera visto a un hombre parado en el arcén haciéndome gestos con el brazo y que él no hubiera visto nada a lo que me contestó que estábamos pasando por el Canal de los Presos, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Me hizo describirle el gesto del brazo y, cuando se lo hice, me comentó que sería mejor que bajara la velocidad y extremase la precaución, que a lo mejor esa silueta me estaba avisando de algo. Así hice, baje de los 110 a los que circulaba a unos 90-100 km/h y estuve lo que me quedaba de camino hasta llegar a la ronda de circunvalación SE-30 sin adelantar. Sin embargo esa imagen no se me iba de la cabeza mientras me preguntaba una y otra vez si lo que había visto era lo que llaman un aparecido, un ser que aparece de la nada para avisar de algún peligro en la carretera y desaparece como si nada, pero mi cabeza me decía que no era posible”.

Tras aquella vivencia sólo tenían un deseo: “Una vez que me incorporé a la SE-30 dirección Córdoba creí sentirme a salvo, no había casi circulación por lo que decidí cambiarme al carril del centro para dejar incorporarse a otros vehículos, puse mi intermitente izquierdo, miré por el retrovisor y, viendo que sólo había un vehículo en el tercer carril que estaba a una distancia considerable, me dispuse a realizar mi maniobra… La sorpresa llegó cuando estaba haciendo el cambio del carril veo por el retrovisor que el coche que circulaba por el carril izquierdo está a mi altura y haciendo la misma maniobra que yo por lo que no tuve más remedio que dar un volantazo y meterme de nuevo en el carril derecho para que no me arrollara. Afortunadamente todo quedó en un susto ya que yo iba a una velocidad de 60 km/h y el giro que le di al volante no tuvo mayor consecuencia. Sin embargo no fue hasta ese momento cuando realmente fui consciente de lo que podría haber visto unos kilómetros atrás y fue en ese momento cuando el nerviosismo y la sorpresa hicieron presencia en mí. Toda la calma que tuve después de ver y dejar de ver esa silueta desapareció cuando fui consciente de la realidad ¿Casualidad? Sea lo que sea no podía creer lo que me había ocurrido, ese posible encuentro con lo imposible me había salvado de un accidente porque moderé la velocidad después de ver a aquel hombre que había salido de la nada para llamar mi atención y luego desaparecer como si tal cosa. Se le llame como se le llame sólo puedo estarle agradecida”.

No es la primera vez que nos encontramos con una experiencia de este tipo, tampoco que suelan suceder a personas que están totalmente identificadas más allá de lo que ocurre con las leyendas urbanas y, finalmente, que las intenciones de esa “aparición” fueran benefactoras.