Fenómenos paranormales en el barrio de San Lorenzo

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Los fenómenos paranormales son atemporales, no tienen hora, no atienden a razones y son imprevisibles. En muchas ocasiones puede ocurrir que cuando menos lo esperamos se materialicen y nos sorprendan de forma irremisible.

Lo que les voy a narrar es una experiencia personal, una experiencia sucedida en estos meses atrás, vigente hoy. En las cercanías de la sevillana Plaza de San Lorenzo encontramos una red de callejuelas con tanta Historia como cosas que contarnos en la intimidad.

Alquilé un estudio para un determinado periodo de tiempo, todo discurría con normalidad, un espacio no demasiado amplio, tipo “estudio fragmentado” que yo lo llamo jocosamente, baño, cocina, etc. Una noche de febrero comenzaron los problemas, a las tres de la madrugada se activa el televisor solo, pensé que se podría tratar del mando o de alguna disfunción o una programación del anterior inquilino. Sea como fuere ocurría siempre, no a la misma hora pero si en torno a las tres, si fuera una programación siempre sería puntual pero no, variaba. De alguna forma pensé que sería el propio mando y compré otro, funcionó correctamente pero muchas noches -de una semana puede que se activara cuatro- lo repetía para dejarme mil interrogantes. Como aquello afectaba a mi poco descanso opté por una decisión tajante: desenchufar de la regleta el televisor.

Pero hay ocasiones en las que ese “algo” se busca las formas de llamar “tú” atención. Así lo siguiente fue, en plena noche, escuchar como llamaban a la puerta, de forma firme y segura. Muchas veces me sorprendía despierto pues, como escritor, me gusta aprovechar esas horas para tomar inspiración y avanzar en el trabajo a entregar a las editoriales. Iba y abría la puerta, no había nada ni nadie, la escalera empinada no invitaba a gastar la broma y salir corriendo. Volvía y seguía escribiendo para, nuevamente, volver a escuchar ese sonido, ese llamar a la puerta que hacía que cada vez estuviera más “mosqueado”. Opté por trasladar la mesa a las cercanías de la puerta para cuando llamaran abrir sin tiempo a huir… Llamaron, abrí, no había nadie.

El “movimiento” que me impulsó a realizar una investigación allí fue, precisamente, unos susurros que pasaron a ser gritos cuando no atendía a aquellas llamadas. Entonces compartí lo que estaba sucediendo con buenos amigos -primero- y compañeros de investigación: Susana Villalobos, Carmen Bravo y Lorenzo Cabezas, inicialmente.

Decidimos organizar una primera investigación en este sitio, pensando en no encontrar nada, en quizás atribuirlo a situaciones personales, estrés, falta de sueño… Pero pronto, en aquellas pruebas nos sorprendieron las bruscas caídas de temperaturas y con las psicofonías poder captar sonidos tales como alguien que parecía comunicarse con nosotros. A decir “aquí estoy”, “soy yo”, “atrás”, “escaleras”, “Qué pasa”… entre otras. El grabar una psicofonía no supone la existencia de un fenómeno paranormal o algo inexplicable pero si, si se suman factores, que pudiera haber algo que no logramos ni explicar ni comprender.

Buscando en la Historia encontré que la zona había sido muy activa hace siglos donde, en las cercanías, hubo un quemadero donde se ejecutaba a los malhechores de Sevilla -cercana la historia de doña Urraca Ossorio y doña Leonor Dávalos-, en la confluencia de la calle Cruz de Tinajas. También la muerte de un trabajador en otros tiempos, hace décadas… Quizás todo ello pueda explicar lo que hoy sucede en este, hoy, mi estudio.

Experiencias así te hacen valorar más lo que viven los testigos o víctimas de este tipo de sucesos y comprender mucho mejor sus significativos silencios. La investigación sigue en estos momentos.