Fenómenos paranormales en el refectorio de San Isidoro del Campo

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En ocasiones, cuando se acomete una investigación paranormal, uno no sabe exactamente a lo que se va a enfrentar. Hay muchos testimonios de testigos de hechos inexplicables pero jamás se sabe si el día (o la noche) elegido para las pesquisas paranormales será tranquilo o si, por el contrario, gozará de la necesaria agitación paranormal como para poder concluir algo definitorio sobre un determinado lugar objeto de análisis.

En dichas investigaciones se elige cuidadosamente a los miembros de la investigación, de huye de sistemas subjetivos como realización de ouija y demás, se opta por tratar de captar el fenómeno con equipos informáticos, cámaras de diferente tipo como térmicas, visión nocturna o normales, fotografías, grabadoras de audio, detectores de presencia, medidores de campo y mucho más aparataje que ayudada a determinar la realidad de un fenómeno en el edificio, aunque, en honor a la verdad, también se dispusiera de sistemas como la Spirit Box (una suerte de trans-radiocomunicación) y la Ovilus III.

En una de esas investigaciones dos colaboradores, y amigos, tuvieron un particular encuentro con lo imposible, se llaman Pedro P. Jiménez y Ana Garrido, investigaban en un ala de un edificio tan emblemático como el Monasterio de San Isidoro del Campo en la localidad sevillana de Santiponce -con autorización oficial-, estaban realizando prácticas de psicofonías y fotografías y, cuando, de repente, sintieron unos pasos que se acercaban, creyeron que se trataba de algún compañero. En plena noche, en la soledad del refectorio de tan magno lugar, esperaban la luz anunciadora de una linterna de un compañero, pero no hubo luz y si unos pasos intimidantes: “Resonaban en todo el refectorio. Eran unos pasos firmes, decididos, como los de un abad que fuera a meterle una bronca a alguien y al llegar recordase algo y se diera la vuelta”, entonces “la oscuridad se hizo como mas negra delante de nosotros…”.

Ana es muy descriptiva: “Yo con los ojos como platos, los pelos de punta y casi aguantando la respiración. Se sentía como alguien con poder, con mando.Fue muy emocionante” y entran valores como la relación mental, la ideoimagen: “La imagen del abad fue lo que se me vino a la cabeza…” Curiosamente todos esos sonidos que pudieron escuchar en la soledad de aquel recinto pudieron ser captados por varias grabadoras y verificar que en aquel lugar, en ese momento, no había entrado ni salido nadie.Pedro, por su parte, no salía de su asombro y la cara, que es el espejo del alma, lo decía todo.

Hubo más incidencias esa noche de investigación, pero… ¿Qué fue lo que acompañó por unos momentos a nuestros investigadores? La respuesta puede que jamás la sepamos aunque ellos piensen, junto con otros miembros de aquella mítica investigación, que se tratara el alma de uno de los monjes allí sepultados, ¿quien sabe?