Fenómenos paranormales en la antigua fábrica de cervezas

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En lo que hoy se conoce en Sevilla como el polígono industrial Calonge, en la avenida de Kansas City, se alzaba antaño el edificio de una antigua fábrica de cervezas, era el edificio de la “Estrella del Sur” (Industrial Cervecera Sevillana). Allí, durante década se estuvo elaborando la que siempre fue rival y hermana pequeña de “Cruzcampo” y allí se va a producir nuestra siguiente historia.

Aquel era un cuartillo en el que destacaba la humedad y sus reducidas dimensiones, no obstante había el suficiente espacio para acomodar una butaca junto a una mesa y la televisión con la que “echar el rato” en los momentos de menos actividad de la fábrica. El trabajo en que lugar tenía momentos más álgidos y más relajados, en estos últimos y en el turno de noche algunos de sus empleados aprovechaban para otros quehaceres de su trabajo. La sala de máquinas solía dar algún que otro problema, la instalación ya vieja tendía a sobrecargarse, la zona de cocción era especialmente cálida y desde la terraza se podía ver el crecimiento de una ciudad iluminada en la noche cuya voracidad no parecía por aquel entonces excesiva y hoy se antoja abusiva. Pues aquellos recuerdos y sus grandes instalaciones iban a ser el marco donde un incómodo inquilino iba a tener sus inquietantes actuaciones.

Normalmente en esos momento de asueto en el trabajo se solía descansar un poco en aquel pequeño cuarto, en el ‘confort’ de aquella butaca y con lo poco que, por aquel entonces, echaba la televisión o escuchando al ‘loco de la colina’ en la radio el caer de los minutos no parecía tan pesado, no parecía tan inalcanzable. Una de esas noches, en medio del fragor de una terrible tormenta de Mayo de 1984 comenzó un fenómeno tan inquietante como inusual. Uno de sus empleados se encontraba en esta habitación cuando de pronto comenzó a sentir como alguien le siseaba.

Era constante y extrañado se puso a buscar “no fuera a ser que hubiera algún bicho en el cuarto”, así tras comprobar como la habitación está libre de molestos insectos u otro animal se dispuso a descansar nuevamente siendo abordado, otra vez, por ese extraño ruido. Menoscabada la paciencia de nuestro protagonista decidió dar un paseo por el entorno de la fábrica y que aquellos malos pensamientos pasaran.

Un año transcurrió sin que aquel fenómeno se volviera a repetir, hasta llegado el mes de Junio de 1985 en el que aquel sonido volvió a aparecer. Nuestro protagonista ya lo había hablado con otros compañeros que habían sufrido otras experiencias similares pero no esperaba lo que le sucedería aquel día: “serían las dos o las tres de la mañana y sentí “sssss, sssss”, no quise escucharlo y seguí a lo mío, nuevamente aquel “sssss, sssss” sonó en aquel cuarto, quité la butaca y la mesa, miré y revisé la televisión y nada, allí no había nada… Al acabar de hacer todo esto y colocarlo sonó de nuevo es mosqueante “sssss, sssss” y entonces me levanté y me di media vuelta, fue entonces cuando una risa ahogada comenzó a sonar en aquella habitación: “jaaaa, jaaaa, jaaaa”. Era bastante inquietante. Salí del cuarto y busqué a los que estaban más cerca pero era imposible que hubieran podido gastarme una broma, no era posible…”

No fue el único empleado de la fábrica que tuvo un encuentro con lo extraño en aquel lugar, Pepe N. Se encontraba allí otra noche y comenzó a sentir un frío inusual en torno a él: “pensé: vaya frío que hace aquí hoy. Me levanté a buscar un brasero eléctrico pero no hubo forma de encontrarlo, donde lo solíamos poner no estaba, entonces la puerta se abrió y se cerró y creí que había entrado alguien allí, sin levantarme de donde estaba inclinado dije: hombre, ayúdame a buscar el brasero que no lo encuentro y debería de estar aquí. Y detrás mía sólo sentí una voz seca, áspera, que me dijo: “aquí no está”, como no me resultaba familiar me volví y mi sorpresa fue mayúscula cuando allí no había nadie”.

Pero las experiencias no terminan en este relato, el más escalofriante llegaría de la mano de José G. quién se encontró con algo muy extraño, tan extraño que casi le da un sincope del susto: “Había acabado con una de las embotelladoras cuando me fue a descansar un poco, eran las cuatro y veinte y lo primero que hice fue lavarme las manos, luego tiré para el cuarto, al tratar de entrar era como si alguien no quisiera que entrara y empujara la puerta hacia mi, pensé: quien es el idiota que está dentro… Y dije: a ver , déjate ya de historias que estoy cansado y quiero entrar. Y la puerta dejó de ejercer fuerza hacia mi, entonces entré y al entrar, en la zona de la butaca vi como había una silueta, una sombra neblinosa, una sombra negruzca, alta, fornida que se dirigía hacia mi , reculé como pude por que aquello no era normal. Y cuando aquello pasó unto a mi sentí un frío mortal… Me senté en la butaca y la puerta se cerró y retumbó en el cuarto una risa lenta y pausada. Me quedé blanco en la silla, tardé unos minutos en reaccionar, me faltaba el aire y un sudor frío me recorría la espalda. Al salir, en el patio un compañero me dijo que si me encontraba bien pues me bebía muy mala cara y le dije que necesitaba tomar el aire. No me dejó estar solo y cuando me recuperé me pidió que le contara lo que me había pasado, cosa que hice y me miró y me dijo: “si, a nosotros también nos han ocurrido cosas raras ahí dentro”. Yo no olvidaré aquello mientras viva”.

Otros empleados de la fábrica se atrevieron a ir un paso más lejos y trataron de grabar esas presuntas voces del otro lado llamadas ‘psicofonías’, los resultados variaban desde simples gruñidos que se podían explicar desde un plano racional hasta una voz apesadumbrada que decía lacónicamente: “esto no es vida”, ¿voces del más allá? Esto debieron pensar nuestros osados y neófitos experimentadores quienes se atrevieron a enviar la cinta al programa “Medianoche” que dirigía un mito de la comunicación y del misterio: Antonio José Alés.

Fueron años de intriga y de misterio los que rodeó a aquel incómodo inquilino de aquel inhóspito cuarto, una década de misterios, diez años de intriga los que envolvieron a este espectro de ese temido y respetado otro lado.

Todo son conjeturas en cuanto a lo que habitaba allí o su posible origen. Tres hipótesis se barajaban y solo una parece cierta: para unos la razón era que aquel lugar estaba construido sobre un cementerio aunque jamás se encontraron restos humanos multitudinarios como para poder afirmarlo. Otros pensaban que aquella zona había estado lo suficientemente alejada como para que los brujos de la Sevilla inquisidora la hubieran elegido para sus aquelarres e invocaciones quedando el lugar maldito, quedando el lugar embrujado. Por el contrario la tercera vía nos decía que posiblemente el lugar fuera el elegido para que sobre su yerma hierba fueran fusilados los rebeldes de la cainita Guerra Civil, habida cuenta de que era una de las zonas de entrada en Sevilla de las tropas nacionales. Quédense con este último dato ya que allí mismo, apenas a 20 metros estas mismas tropas asesinaban al padre de la patria andaluza, a esa hija de España llamada Andalucía, allí murió Blas Infante. Era un 11 de Agosto cuando es fusilado, sin juicio ni sentencia previa, a 4 kilómetros de la carretera de Carmona, a apenas 20 metros de aquel lugar maldito de otros fusilamientos y posteriores fenómenos inexplicables que era la antigua fábrica de la ‘Estrella del Sur’.

Finalizada la década de los 90 sobre el solar de la derribada cervecera sevillana creció la prolongación del polígono industrial Calonge, sobre sus restos el edificio ‘Vilaser’ en cuyo interior aún, sólo por el momento, no hemos sido informados que se manifieste ningún fenómeno más allá de los extaordinario.