Fenómenos paranormales en la gasolinera encantada

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- El miedo social al ‘qué dirán’, o que puedan tomarte por ‘loco’, o perder el trabajo, es la principal causa de muchas personas que han sufrido una experiencia paranormal a guardar silencio, a no querer narrar lo que ellos es realmente traumático o terrorífico.

Nuestro amigo e investigador Miguel Ángel Paredes lo vivió de forma intensa, para él es indiscutible, y ha motivado un interés adicional a querer saber más sobre experiencias similares. En nuestra entrevista me decía sobre aquella noche: “Me paré en una gasolinera cuyo nombre de empresa y ubicación me la voy a reservar por respeto, me dirigí a repostar combustible para mí vehículo y cuando terminé me dirigí a la zona de caja. Allí vi a dos de los empleados hablando y con unas caras de estar asustados, serían las 21:30 de la noche y la gasolinera estaba a punto de cerrar. Cuando escuché la conversación de los trabajadores no pude aguantar y les dije: ‘perdona que me meta en la conversación pero no doy a crédito lo que acabo de escuchar’…, y les comente mi afición por el mundo de lo paranormal y ellos accedieron a hablar conmigo una vez que terminaran su turno”.

Ahí comienza una historia en la que fue calificada como “estación de servicio encantada”, donde el investigador puedo ahondar más en la causa de aquellos miedos: “cuando se cerró la estación nos enfrascamos en una larga e interesante conversación. Pero al rato de estar hablando escuchamos un ruido dentro y vimos como productos que estaban en las estanterías empezaban a caer solos, como si alguien los estuviera tirando y burlándose de nosotros”.

Los empleados indicaron que ese era uno de los fenómenos que ocurrían con más frecuencia, fue entonces cuando “pude comprobar con mis propios ojos cómo se abrió el cajón de la caja registradora. Nos miramos y nos quedamos asombrados”. Los trabajadores además atesoraban otras interesantes experiencias.

Acompañé a mi amigo investigador y pudimos hablas con una chica dedicada a tareas de limpieza de la estación de servicio, la joven nos decía, aún asustada, cómo un día “en horario de tarde, un fin de semana, que normalmente no suele haber mucha afluencia de público, sobre las 16:30 de la tarde, comenzó a sonar el móvil y se me activó la aplicación de la grabadora sola y capto un voz que decía ‘1,2,3…’ “.

Otro de los empleados contaba, cariacontecido, cómo “un día de lluvia, estando arreglando la tienda, escucho como me llamaban varias veces por mi nombre pero no había absolutamente nadie. También recibimos llamadas de teléfono sobre la misma hora que a la compañera le ocurrió eso y no había nadie en el otro lado del teléfono”.

Quizás la experiencia más impactante es la de un chico que pudo ver lo imposible: “vi a una mujer muy demacrada acercarse a la estación y que me pregunto que si tenía algo de comer, no tenía nada y, de repente, desapareció delante mía”. El chico, emocionado, no pudo seguir con su relato.

En las pruebas psicofónicas que realizamos con una grabadora sólo pudo captar una voz masculina diciendo el nombre de ‘Máximo’, la investigación sigue abierta y, posiblemente, tengamos nuevas sorpresas.