Hablando con fantasmas

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- No, les voy a hablar del libro de Miguel Ángel Sabadell “Hablando con fantasmas” sino de la posibilidad real de una comunicación con estos seres sean de donde sean o pertenezcan al mundo que pertenezcan.

Reconozco que siempre que he escuchado, o practicado, alguna de las formas de presunta comunicación con el más allá siempre lo he tomado como una forma de neo espiritismo donde la “mesa parlante” o la ouija se ha visto sustituida por modernos aparatos y por una metodología más “científica” sin por ello significar que lo captado sea real o pueda tener una explicación paranormal. Con los años he descubierto que tengo más preguntas que respuesta y que aún investigo sobre el origen de las psicofonías.

Así las cosas, en una reciente investigación, en un ayuntamiento de una localidad sevillana pudimos poner en práctica algo que me llamó poderosamente la atención.

Un compañero de investigación sacó de su equipo la denominada como “caja de espíritus” o “spirit box”. para no hacer tediosa la explicación diré que es una radio que va saltando de frecuencia en frecuencia (radiofónica) en una especie de escaneo constante donde predomina el ruido blanco que es “aprovechada” para ser soporte de psicofonías y realizar preguntas que pudieran ser contestadas “on-line” por estas presuntas entidades. ¿Fiabilidad? la que se le quiera dar teniendo en cuenta que es un canal abierto a ondas de radio y emisión de voz, pero lo cierto es que cuando se obtienen respuestas coherentes e inteligentes con lo que se consulta la duda te asalta y planteas si ese aparato no pudiera estar realmente en una línea de comunicación correcta, ¿quién sabe?

Dudar es de sabios y a mí, lo reconozco, me planteaba y plantea mis dudas, pero en aquella investigación algunas iban a quedar más cerca de ser disipadas. Había visto en “acción” a la “spirit box” en programas de género docurreality como “Buscadores de Fantasmas” con Zack Bagans o “Buscadores de Almas” con Diego Fuentes, pero experimentar aún no lo había hecho -lo reconozco-. Así con mi compañero con aquel aparato y su altavoz a mi lado comenzó aquella experimentación.

Tras unos minutos la “caja de espíritus” comenzó a responder y nos asombramos:

1º.- Primera pregunta: ¿Estamos solos en el edificio?

Respuesta: No.

2º.- Segunda pregunta: Dinos el nombre de alguien de aquí.

Respuesta: Bauti.

3º.- Tercera pregunta: ¿Qué queréis?

Respuesta: Que recéis.

4º.- Cuarta pregunta: ¿Qué rezamos?

Respuesta: Un Padrenuestro.

Mi sorpresa fue mayúscula, el azar está presente y se puede dar una casualidad así en el rastreo constante que hace el aparato por las diferentes frecuencias pero que de esas respuestas sujetas al azar implica una posibilidad contra 438.339 (!). Por cierto: mis compañeros rezaron el padre nuestro solicitado para escucharse a través de la “spirit box” un lacónico GRACIAS.

La “spirit box” dio respuestas coherentes, otra cosa es su procedencia. En el lugar, para conocimiento del lector, fue un antiguo convento con una apasionante historia tras ella. Quizás estas respuestas o comunicación no sea más que una increíble casualidad pero…