Investigación paranormal en el ‘Sanatorio de los muertos’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista y José David Flores.- Durante la época de la dictadura en España, fueron muchas las bases militares que compartimos con EE.UU., especialmente en nuestra comunidad andaluza. Prueba de ello son las aún hoy activas Base Aérea de Morón de la Frontera en Sevilla o la Base Naval de Rota en Cádiz.

Pero hubo una base, quizás menos conocidas para algunos, que fue utilizada por la gran potencia americana y que tras pasar a mano civil española, acabó siendo abandonada. Nos estamos refiriendo a la Base Militar Aérea de San Pablo en Sevilla, hoy conocida como el ‘Sanatorio de los Muertos’.

Este lugar, creado en 1957, fue utilizado hasta el traslado de todos los militares a Morón de la Frontera, quedando el gran hospital construido en sus instalaciones para uso Civil en Sevilla, hasta la apertura del Hospital Virgen Macarena en 1975. Este fue utilizado desde entonces para usos administrativos y hasta quedar completamente abandonado en los años 90.

Las pistas de dicha base militar, son las que actualmente pertenecen al Aeropuerto Civil de Sevilla o Aeropuerto de San Pablo.

La base aérea de San Pablo tenía todo tipo de instalaciones en su interior, desde el ya nombrado ‘Hospital’, con numerosas habitaciones para 2 o 3 enfermos en cada una de ellas, ‘Colegio’, zona de rayos X y quirófanos, barracones, comedores, baños, etc.

El pasado día 8 de Julio, decidimos -junto con algunos amigos y compañeros- realizar una investigación en estas instalaciones. Por todos es conocido los diversos fenómenos que se cuentan ocurren en el Hospital y en otros edificios colindantes a este.

Carmen Bravo, Erika Rocha, Isabel Toledano, Susi Salido , Miguel Rodríguez, Lorenzo Cabeza, Jesús Rodríguez y los que esto escriben llegamos a las puertas del Sanatorio. La noche ya caía sobre el lugar y como suele ser natural, todo parece aún más tétrico.

Nos adentramos por sus pasillos, pasillos llenos de escombros de esos tabiques prácticamente destrozados por el vandalismo y el abandono.

Con la Spirit Box -una especie de “radio”, a grosso modo,que genera interesantes “comunicaciones”- comenzamos a realizar preguntas: ¿Cuántas personas nos acompañáis? ¿Cómo te llamas? ¿Qué te pasó?…,parecían algo tímidos y las respuestas no parecían llegar.

Nos trasladamos por tanto a la primera planta para repetir la experiencia y en este lugar no se hizo esperar la primera respuesta: “¿Quién eres?” Una voz de niña se escuchó de forma inmediata: “Soy yo”. La sorpresa de todos fue tremenda. Inmediatamente recordé las historias que cuentan la presencia de una niña vestida de blanco que se pasea por los pasillos de este recinto.

Como no podía ser de otro modo, le preguntamos si era ella: “¿Eres tú la niña que se pasea por estos pasillos?” Nuevamente la voz de esta pequeña se pudo escuchar: “Sí”. Nuestra sorpresa se tornaba en nerviosismo. Más aún cuando nuevamente se pudo escuchar esta voz; pareciera estar buscando a alguien, más concretamente a su madre, pues se pudo escuchar “Mamá, mamá”.

Como es lógico, queríamos descartar casualidades, posibles interferencias que provocaran interpretaciones que nos llevaran a error, así que preguntamos: “¿Me puedes decir el nombre de alguno de los que estamos aquí?” Una voz, en este caso de una mujer contestó: “Loren”. No había duda, lo que allí hubiera, daba respuestas inteligentes y con sentido a nuestras preguntas.

Decidimos cambiar de edificio. Concretamente nos trasladamos a un edificio colindante a este hospital, el cual parecía haber tenido funciones de consultas externas. Lo curioso de este lugar, es que días antes había tenido la oportunidad de visitarlo junto a otros amigos como Lorenzo Fernández Bueno, Laura Falcó e Ismael Cabeza y durante esa visita, todos sentimos una inquietud que nos inundaba. Ese día, una voz nos dijo que molestábamos. El día 8 de Julio, pasó exactamente lo mismo a los allí presentes.

Nuevamente con la Spirit Box tuvimos oportunidad de preguntar y recibimos solo una respuesta, repetitiva, una y otra vez: “Peligro, peligro, peligro”, para posteriormente, con esa amabilidad que suele caracterizar a estas energías indicarnos, con voz contundente: “Marchaos”.

La experiencia nos dice que cuando alguien no quiere que estés en un lugar, lo mejor siempre es marcharse. Así que nos dispusimos a ello. Tras compartir por unos instantes las experiencias que llevábamos vividas hasta el momento, pusimos rumbo hacia otro nuevo edificio. En esta ocasión accedimos a un edificio que pareciera haber sido en sus tiempos un barracón para los militares que allí residían.

El lugar concretamente no invitaba a acceder. La estampa que podíamos ver desde el exterior, alumbrado por esa luna que nos acompañaba, era el de un lugar tétrico, con unos grandes eucaliptos junto a él, que daban la impresión de estar custodiándolo. Una vez más conectamos la Spirit Box. Justo al entrar por las puertas, algo hizo que todos nos miráramos. Una voz de infante nos saludaba en inglés “Hi” (“Hola”). Por supuesto devolvimos el saludo y una voz de mujer pudo ser oída: “Hello”.

Nos fuimos adentrando en aquel lugar, pero a la vez que íbamos accediendo, algo no tan amable como aquellos saludos parecía estar vigilándonos. Descubrimos una imagen dantesca, restos de animales sacrificados, a saber para qué tipo de rituales, se encontraban esparcidos por diferentes estancias.
Al girar hacia la derecha en uno de los pasillos, una voz de mujer nos preguntaba a nosotros “What happen?” Todos nos miramos ¿Qué ocurre? ¿Qué quería preguntarnos con ello? Erika comentó en ese instante que sentía frío (realmente la temperatura había descendido bruscamente) y una nueva voz, en este caso de un hombre dijo: “Erika… Of course”.

A partir de ese instante todo sucedió de forma muy rápida. Comenzamos a ver como sombras se escondían tras las columnas y tabiques del lugar. Incluso Lorenzo y Miguel tuvieron la oportunidad de escuchar en uno de los pasillos mientras transitaban por él, como unos pasos parecían seguirles.

Decidieron detenerse y esos pasos continuaron tras ellos hasta también detenerse a su lado.
Preguntamos el nombre de esas entidades que nos acompañaban. Una voz de hombre nos respondería: “John”. Pero sabíamos que habían más entidades, pues nos habían saludado al entrar. ¿Quién acompaña a John aquí?, la voz de aquella mujer que nos saludara al entrar contestó: “Maryann”.

Algo pasó en ese instante. Algunos de los allí presentes comenzamos a sentirnos mal. Pareciera que algo nos había extraído de pronto toda la energía. Comenzamos a sentirnos agotados, en algunos casos mareados e incluso con nauseas. Decidimos que era el momento de poner punto y aparte a aquella investigación.

El buen investigador no es aquel que saca muchas psicofonías, fotografías o vídeos, sino aquel que sabe respetar el lugar que va a investigar y a las entidades que en él residen y por supuesto, el que sabe cuándo debe poner punto y final a un día de investigación por el bien de uno y por el de los acompañantes.

Bases abandonadas de San Pablo, uno de los lugares más encantados de Sevilla que nunca deja de sorprender a cuantos nos adentramos en sus edificios para captar los innumerables fenómenos que en ellos se producen.