Investigación paranormal en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en Sevilla

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Caminábamos por el empedrado suelo de un lugar cargado de Historia, la tarde llegaba a su ocaso, la mortecina luz comenzaba a diluirse en el anaranjado cielo sevillano y una húmeda brisa comenzaba a percibirse en el ambiente. Ante nosotros un portón de madera, tres golpes secos, largos segundos de espera y aquella puerta se abrió para vivir una jornada histórica de investigación, emociones y palabras. Es el Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, en su interior se conjugan Arte, Historia y, por supuesto, misterio.

A los ojos del profano el Monasterio guarda secretos que pasan desapercibidos pero que, una vez, desencriptados se abre ante nuestros ojos un mundo aparte, un mundo lleno de simbología, poder y fenómenos que van más allá de lo explicable.
Desde la lejanía la silueta del monasterio es inconfundible, parte de nuestro patrimonio y con una Historia que vas más allá de lo que podríamos imaginar y que esconde tras siglos entre sus muros y en el tiempo.

Paseando por sus amplias galerías no podía menos que mirar de reojo hacia atrás y sentir el gélido aliento del abad que, con su mirada exigente, me pedía buscar lo imposible en aquel lugar y recordar, en una pequeña sala que allí tiene su cuna la llamada Biblia del Oso.

Pero en el edificio de San Isidoro del Campo también se producen hechos que van más allá de la razón o lo explicable, hechos tildados de paranormales por aquellos que conocen bien su realidad cotidiana… Susurros que surgen de la nada en plena noche o a la luz del día, sombras erráticas que pasean por el lugar en una zona especialmente negra en su historia, pisadas que se acercan, un órgano que toca solo o la extraña presencia de “algo” que parece vagar por toda la eternidad en el Monasterio.

Se autorizó una investigación en el magno edificio dejando muy poco a la improvisación y mucho a la previsión y correcto estudio de lo que se narra que acontece en su interior. A nuestra disposición todas las herramientas tecnológicas para llevar el estudio de la forma más aséptica y objetiva posible. Igualmente otros elementos más subjetivos como la Spirit Box (una radio que hace de medio de transcomunicación) o la Ovilus 3 (un traductor energético) sin olvidar modernas cámaras térmicas, detectores de presencia, grabadoras, cámaras y todo lo posible para vivir de cerca la aventura del misterio.

Cada equipo llevaba, como mínimo material, una grabadora de audio digital y una cámara de fotografía y vídeo, como sistemas más objetivos de trabajo. Igualmente los equipos llevaban otros sistemas de apoyo más subjetivos la famosa Spirit Box, la Ovilus 3 bilingüe, o medios ultrasofisticados –técnicamente- como una cámara térmica con grabación. Todos los equipos, 12 personas en total, ocuparon las principales salas del Monasterio y comienza una noche para el recuerdo.

Cuando la investigación llegaba a su ecuador y el cielo ya había comenzado a derramar su primeras lágrimas los incidentes extraordinarios no se hicieron esperar, así nuestros dos primeros investigadores y testigos, Lorenzo Cabeza y Carmen Bravo, escuchan como el órgano toca sólo, con la particularidad que lleva décadas sin sonar. También se producen los primeros registros psicofónicos con expresiones tan evidentes a la pregunta: “¿Quién eres?” de “Juan… Guzmán”.

Igualmente en la llamada “La sala de los espejos”, Andrés Blanco y Rocío Barrera fotografiaron extrañas esferas de luz, orbes, que están siendo analizadas antes de emitir un juicio precipitado o sensacionalista al igual que una inquietante silueta.

Nuestros dos próximos protagonistas son Sara Vargas y Antonio Cabral al registrar psicofonías y la Ovilus 3 dicta un mortecino mensaje más allá de la vida con palabras como: Biblia, demonio, paranormal, este, muerte, affaire y oración, entre otras.

José David Flores, Erika Rocha y Antonio Díaz conmovidos me narraban como a través de un equipo especial de escucha había oído como en doloroso llanto de una mujer y ante ellos pasaba una sombra negra que les consternó, en un lugar en el que no había absolutamente nadie y estaba cerrado bajo llave.

Algo sucedió mientras Jesús García y yo coordinábamos la investigación. Quizás una de las peores experiencias la tuvieron en el Refrectorio, Pedro Pilar y Ana Belén Garrido cuando ante ellos una sombra dejó oír sus firmes pasos hacia ellos en la oscuridad, se detuvieron a escasos metros, sintieron la mirada inquisitorial de algo que volvió sobre sus pasos sin dejarse ver y desapareció. Todo un encuentro con lo inexplicable que los dejó consternados.

Curiosamente toda la zona que pisábamos aquella noche de investigación y emociones estaba en torno al Patio de los Muertos el lugar en suyo suelo se encuentran enterrados muchos de los caídos en el Monasterio de San Isidoro del Campo.
Tras horas de investigación atrás quedó el edificio esperando a que sus secretos, de este y del otro mundo, sean desvelados en un último acto piadoso que libere por toda la eternidad a los que viven en su interior y comparten su existencia con nosotros sin que aún lo sepamos. Quien sabe…

 

*Fotografía de: Lorenzo Cabezas.