La aparecida, el fantasma, del Carnaval de Cádiz

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Nuestras costumbres y creencias populares son las que más participan también de hechos misteriosos e inexplicables, el que a continuación le cuento tiene raíces comunes en otras historias que se cuentan en toda España, sin embargo, en esta ocasión, Cádiz pondrá el escenario perfecto en una época de fiesta y desenfreno.

La acción transcurre en pleno carnaval gaditano, a finales de la década de los 80 del pasado siglo XX. Fue cuando, disfrutando de las chirigotas un chico, junto a sus amigos, llegó a Cádiz, perdidos en las calles, viviendo el carnaval intensamente -con alguna copa de más- vio a una chica por la que sintió una tremenda atracción, disfrazada de forma espléndida, con un vestido estilo “María Antonieta”, de deslumbrante belleza, hizo que nuestro protagonista se acercara a ella.

Pronto entablaron animada conversación, fluyó la amistad y no se separaron en toda la noche, al filo de las 4 de la mañana la joven manifestó que debía marcharse, él le pidió que se quedara un poco más pero ella rehusó y comenzó a alejarse. Él chico le grito: “¡Eh! No te vayas” pero ella, de la que no sabía más que su nombre, caminaba lenta y pausadamente… Pese a ello le resultaba casi imposible alcanzarla.

Entonces aquella joven entró, extrañamente y por la hora, en una iglesia, dentro de ella caminó por una de las alas del templo y el joven creyó que ya podría, al fin, poder hablar con ella y tratar de concretar una cita para otro día. Cuando la tuvo al alcance le pidió un teléfono, una dirección, le confesó su amor pese a que acababa de conocerla. Ella, puso su dedo en la boca del joven y acercándose al oído del joven le susurro: “A dónde yo voy no puedes acompañarme”. El joven se quedó pensativo y, antes de darse cuenta, había desaparecido…

El joven regresó al mediodía a aquel lugar donde vio por última vez a la joven, se sentó en un banco de la iglesia, pensativo, absorto… No se explicaba como pudo dejar irse a aquella joven. Se apoyó en una de las columnas lamentando su mala suerte y vio, en el suelo, una flor, la misma que la chica llevaba en el escote, una rosa blanca. Al agacharse olió aquella bella flor que aún mantenía el perfume de la joven. Pero su mano palpó en la columna, algo que le llamó la atención, miró y eran unas letras, era un lápida que, terriblemente, llevaba grabado el nombre de aquella joven.

Leyendas, historias eternas de una ciudad eterna llamada Cádiz, Cádiz en Carnaval.