La casa encantada de Chiclana

CÁDIZDIRECTO.- En muchas ocasiones el ser humano se vincula emocional y sentimentalmente a un lugar, es como si no quisiera abandonar el mismo, pese a que por cuestiones de tiempo o vida lo debe de hacer, en ocasiones extremas es la muerte la que se encarga de ello.

Así nuestra protagonista era una mujer ya mayor que vivía en la siempre hermosa localidad de Chiclana, se llamaba Clara y siempre expresó su deseo que “al morir fuera su familia quienes se quedaran con la casa, que no la vendieran”, y sus hijos y nietos siempre le decían que “no hablara de esas cosas” y procuraban evitar la conversación.

La señora tenían siempre adornada su casa, con fragantes flores, pañitos y brillo en el suelo, vivían encantada con su casa y hacía que todo el que llegara allí se sintiera a gusto. Pero Clara comenzó a sentirse mal, a ver que el final de su vida llegaba, lentamente, pero de forma inexorable. Así comenzó a reiterar su deseo expreso que nadie vendiera su casa.

El triste día llegó y Clara murió, en principio se siguió su voluntad de no vender la casa pero nadie quería trasladarse a vivir a Chiclana o tenerla como segunda residencia, de verano, y se contempló venderla, más en los tiempos que corren. El yerno, Braulio, puso en venta aquella casa, y otro de los yernos de Clara, Juan, iba a dar una vuelta -asegurarse que todo estuviera bien-.

Un día Juan acudió y al intentar abrir la puerta no pudo, era como si algo lo impidiese, pensó que la cerradura se habría estropeado. Al día siguiente volvió con las herramientas para solucionar el problema, aún más sabiendo que nadie vivía en su interior y que se podrían haber colado dentro otras personas con ánimos de ocuparla.

Al día siguiente fueron Juan y Braulio y tras muchos esfuerzos intentaban saber que obstaculizaba aquella cerradura, a duras penas introdujeron un brazo y descubrieron que un gran cerrojo que había en la puerta, sin cerradura, estaba echado, pero ¿quién lo había cerrado? Era imposible que se hubiera echado sólo, imposible. Al abrir revisaron la casa y estaba todo en orden, nadie en su interior, entonces no pudieron menos que acordarse de las palabras de Clara antes de morir y su deseo expreso de que no vendieran la casa, ¿casualidad? ¿Quién sabe?, cada vez estoy más convencido que nada es casual y que todo es causal.