La Inmaculada de Murillo de Cádiz

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La Inmaculada de Murillo

 

CÁDIZDIRECTO.- Hijo de Gaspar Esteban, barbero cirujano de vivir holgado, y de María Pérez, de familia de artistas, nace nuestro pintor en la Sevilla de 1618, el último de catorce hermanos.

El apellido con el que hoy le conocemos, el segundo, es el de su abuela materna, pues su madre figura siempre como María Pérez.

Queda huérfano a los nueve años de edad, y pasa a la tutoría de unos familiares, los cuales le alientan a que entre en el taller de Juan del Castillo para que inicie su aprendizaje.

Muchas son las obras de éste artista, nacido y criado en el barrio de la Magdalena, pasando luego por San Isidoro y San Bartolomé. Muere en el de Santa Cruz, en cuya iglesia es enterrado el 3 de abril de 1682. Al derribarse el templo en 1811 para convertir el solar en la plaza que hoy lleva su nombre, sus restos no pueden ser identificados.

Como la mayoría de los pintores españoles de su siglo, Murillo es, sobre todo, pintor de temas religiosos.

Su obra encarna el deseo de la Reforma Católica de despertar con el arte el fervor del creyente por medio de la contemplación de escenas religiosas concebidas en un tono esencialmente humano.

Nos ha dejado aparte de sus Inmaculadas, una serie de cuadros de la Virgen con el Niño siendo los más bellos de toda la historia de la pintura española.

Murillo recibe poco tiempo antes de morir el encargo de pintar el retablo mayor de la iglesia de los Capuchinos de Cádiz, pero tan a última hora que sólo pudo trazar y comenzar el lienzo central de Los Desposorios místicos de Santa Catalina, el cual termina su discípulo Meneses Osorio.

Durante esta etapa gaditana, desde septiembre de 1680 a enero de 1682, los críticos coinciden en afirmar que también realiza la Inmaculada del Oratorio de los Padres Filipenses, el Oratorio de San Felipe Neri. Algunos, como Santiago Montoto se inclinaba a creer que pintó el rostro de su hija Francisca en la Inmaculada del lienzo, el cual tiene unas enormes dimensiones con 2,77 metros de alto y 1,86 de ancho.

La composición de la pintura es la clásica del artista,en el centro de un óvalo o mandorla aparece la figura de la Virgen sin dinamismo violento, y rodeada de la admirable variedad de movimientos de los ángeles, que no se limitan a acompañarla sino que juegan a enmarcar su figura,dándole a la escena un gran colorismo.

Existen varias teorías sobre el encargo de ésta Inmaculada, ya que se cree que lo pintó para un caballero de la Corte, y al no quedar conforme con la obra, que se negó a pagar, Murillo lo donó a los Padres Filipenses. Y por otro lado, los hay que piensan que fue un encargo de la familia Eminente, y  que más tarde la donaría al Oratorio.