La mañana que inauguraron la estatua de Moret

CADIZDIRECTO / Manuel Devesa.- Si tuviese el poder de viajar en el tiempo no dudaría en utilizarlo. Porque con sus cosas negativas como todo en la vida, uno sería testigo de momentos realmente históricos que estoy seguro nos gustaría observar. Pero como no lo tengo, me basta esta ventanita que abro desde este periódico para viajar a través de los recuerdos eligiéndoles a ustedes como compañeros ideales de viaje. ¿Están preparados?

Retrocedemos hasta 1909. Concretamente al domingo 28 de noviembre. Son la una y media de la tarde y San Juan de Dios está a punto de rebosar. ¿Qué ocurre aquí? Para empezar, el que ha vendido los sombreros que lleva puesto media plaza se ha debido poner las botas.

Será la moda supongo. Los balcones de la zona están adornados con colgaduras especiales y hay dos berlingas que sostienen los cables que ondean las banderas de España. Hay iluminación especial que entiendo se encenderán por la noche como la casa donde nació Moret que también se iluminará. Y creo entender a la gente que me rodea que ya tienen las papeletas para recibir la limosna de pan que dará el Ayuntamiento.

La cosa debe ser importante, hay una tribuna instalada y un señor cuyas largas y canosas barbas están pidiendo unas tijeras como mi estómago a mí un tapeo. No puede ser… pero si es él, Cayetano del Toro, el alcalde y ahí llegan con un rollazo pa ellos el resto de concejales que salen del Ayuntamiento acompañados de una parafernalia que ni las películas de romanos. La Marcha Real comienza a sonar en una plaza en la que no cabe un alfiler.

Cuando el alcalde nombra a Moret, mis ojos se dirigen solos hacia su mítica estatua. Está tapada. ¡No me lo puedo creer, estoy en la inauguración!

El reloj del Ayuntamiento marca las tres de la tarde. Mi estómago me avisa insistentemente como la batería del móvil cuando se va acabando. Le echo el ojo al lugar donde debería estar el bar de tapas “Destino” mientras la boca se me hace agua pensando en el solomillo confitado a la crema de jabugo que me voy a meter entre pecho y espalda. El mundo se me cae a los pies cuando caigo en la fecha en la que estamos. “Va a tardar en abrir” me digo irónicamente entre dientes.

La gente sigue allí apelotonada para ver el momento en que el alcalde tire del cordón y descubra finalmente la estatua. Cuando lo hace y queda al aire libre, la ovación de la multitud es mayúscula. Que nuevecita se ve. Entre el respetable hay de todo, gente emocionada que vive aquello intensamente y otras un tanto indignadas porque Segismundo no esté presente. Le ha sido imposible acudir según reza en un comunicado que se lee en la misma plaza.

De fondo se escucha el inconfundible sonido de las bandas. ¡Con lo que gustan aquí!.

Frente al Ayuntamiento hay nada más y nada menos que tres. Y lo primero que hacen es tocar la marcha de Cádiz. Cuando parece que se van alejando de San Juan de Dios con ese andar tan característico que tienen, lo que hacen realmente es pasear por la ciudad dispuestos a contagiarla de la alegría y el espíritu de fiesta que en la plaza se respira. Pero ni con eso mi estómago me da una tregua. Así que cierro los ojos dispuesto a cuando lo abra encontrarme en pleno 2017 e hincarle el diente al suculento solomillo. Pero ni por esas. Es domingo y el bar descansa. Ya es mala suerte…