La terrible explosión de Cádiz de 1947

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Transcurría plácidamente aquel verano del 47. España vivía una complicada situación del posguerra pero Cádiz, con su filosofía de vida sonreía a cada día… Hasta el 18 de Agosto de 1947, ese día se escribió una de las páginas más trágicas de la Historia reciente de España y de la ciudad de Cádiz. Como mudo testigo de aquel episodio nos queda, en el centro de la plaza de San Severiano, un pequeño monumento de piedra blanca sobre la que aparece en negro una vista aérea de la capital gaditana.

Como cualquier otro verano, la ciudad gaditana sufría los rigores de las calurosas noches andaluzas, las calles y patios se poblaban de sillas donde los vecinos en medio de tertulias improvisadas, plantaban cara a las altas temperaturas.

Aún quedaban en el recuerdo los sones, las risas y los bailes de la Velada de los Ángeles, además se esperaba con ansiedad la actuación del cubano Antonio Machín  que iba a cantar aquella misma noche en la capital gaditana. En la los cines seguía triunfando La Lola se va a los puertos, de Juan de Orduña protagonizada por Juanita Reina. No era raro escuchar por las calles el canturreo “Cantando la Lola se va por los mares…,pero no murmuren porque vaya sola…”.

En 1947, donde se encuentra actualmente el Instituto Hidrográfico de la Marina, estaba desde 1943 la Base de Defensas Submarinas. En el corazón de ese edificio, se encontraban dos almacenes llenos de minas submarinas y cabezas de torpedo. El almacén número 1 tenía 1.100 cargas de TNT, el almacén número 2, 98.000 toneladas de TNT. Casi cien mil toneladas de explosivos almacenados en un edificio rodeado de viviendas, una parroquia a medio construir en 1947, la de San Severiano, colegios y hasta una casa cuna.

Nadie sospechaba lo que iba a suceder cuando estaban dando las diez de la noche un resplandor inquietante se señaló en el cielo, todo se tiñó de rojo y un enorme estruendo resonó, tras ello todo tembló… Nervios, inquietud, miedo… Muchos recordaron la Historia y el gran terremoto del siglo XVIII, pero esta vez parecía peor…

En aquel almacén habían estallado muchas toneladas de TNT, la explosión fue de tal magnitud que se escuchó en las ciudades de Sevilla o Huelva, incluso Lisboa lo registró, en la fortaleza del Monte Hacho de Ceuta se veía la columna de humo y fuego procedente de la costa gaditana. Parecía una versión doméstica de Hiroshima y Nagasaki y la devastación atómica.

De repente no había luz, ni agua, no había teléfono… Cádiz estaba incomunicada y parecía haber quedado borrada del mapa…Barrios como de San Severiano, la Barriada España y Bahía Blanca estaban arrasados…Los astilleros de Echevarrieta y Larrinaga y la tragedia: el Hogar del Niño Jesús donde las Hermanas de la Caridad cuidaban a decenas de niños huérfanos estaba devastado.

La vieja muralla que tantas veces protegió a los gaditanos los salvó una vez más al amortiguar la onda expansiva, pero ya la destrucción era elevada… Las puertas de la catedral sufrieron graves desperfectos quedando como si el sólido material del que estaban construidas se hubiera derretido.

 “A la playa, todo el mundo a la playa” gritaban muchos vecinos mientras las familias cogían a los más pequeños y otros alertaban: “Va a haber una segunda explosión, vamos a la playa porque va a haber otra explosión”.

Y no era un rumor, contiguo al almacén 1 estaba el almacén 2 cargado de TNT, su explosión hubiera sido el final… El almirante Pascual Pery Junquera fue el héroe de aquella noche trágica cuando junto a un grupo de hombres se jugaron la vida para evitar que el calor y las llamas provocasen la deflagración del segundo almacén. Al no haber agua tuvieron que apagar el incendio con los escombros y la tierra de la zona, un grupo anónimo de gaditanos empleó la fuerza que sólo el miedo y el coraje de los héroes es capaz de generar para, a empujones, retirar de las zonas afectadas por las llamas un tren de mercancías que contenía más cargas explosivas.

Mientras, en el puerto, un barco cargado de pólvora, levaba anclas y se alejaba de la costa en previsión de nuevas explosiones. Todo pudo haber sido mucho peor de lo que fue, inimaginable.

Aquel almacén, junto a otros, guardaba todo tipo de bombas, minas, morteros, de la Guerra Civil y de otros lugares, miles de explosivos que no todos estaban en condiciones de ser almacenados con total seguridad… Debían ser llevados a la sierra de San Cristóbal, cerca de Jerez de la Frontera, en la zona del Rancho de la Bola, a las cuevas artificiales pero provisionalmente se quedó allí…

El experto en el tema de la explosión de Cádiz José Antonio Florido Aparicio cree que fue por una decisión del gobierno de Franco y su temor a que los Aliados iniciaran la conquista de Europa por costas españolas y comenzó a acumular explosivos en este lugar…

Querían blindar las costas españolas y para ello adquirieron unas 16.000 minas mayoritariamente compradas a Rusia en un estado de conservación preocupante detectándose incluso pérdida de material. Cuando las tropas aliadas desembarcan en Sicilia el material explosivo adquirido por el gobierno español no tenía razón pero permanecería almacenado en el aquel mismo lugar.

La explosión se saldó con 151 personas fallecidas, muchos de ellos niños de la casa cuna y más de 5000 heridos; como daños colaterales cientos de familias sin hogar, vidas destrozadas y muchas preguntas por responder…

Se habló de sabotaje y de una pequeña barca embarcación  a motor que se alejaba de la costa gaditana en la oscuridad… Es la teoría del atentado, que se reforzaba con la explosión en Alcalá de Henares de otro polvorín en circunstancias similares, el 9 de septiembre de 1947 pero nadie se atribuyó el presunto atentado, nadie, ni anarquistas ni comunistas reivindicaron una conspiración que, quizás, sólo exista en la cabeza de unos pocos. Para otros fue una explosión fruto de experimentos nazis en los astilleros de Echevarrieta…

Pero quién más luz ha arrojado sobre este trágico incidente es José Antonio Aparicio  Florido y respaldada por Miguel López Moreno. Piensa que la explosión fue provocada por el mal estado de las cargas y a la existencia entre ellas de misiles WBD. Esto es debido a que llevaban una sustancia que se le conoce como algodón pólvora, cuando la temperatura es elevada (por encima de 18 grados) se comienza a descomponer, a emanar gas inflamable…

El gran calor reinante en aquel almacén no preparado para albergar aquellas cargar hizo el resto… El gas se inflamó y la llama provocó la explosión en cadena que originó la tragedia de la Base de Defensas Submarinas de la Armada Española.

Se abrió una investigación oficial (justicia civil  y posteriormente justicia militar) pero un oportuno incendio redujo a cenizas buena parte de los archivos de la Marina en San Fernando y el contenido real del almacén junto con mucha documentación se perdió. El tampoco ayudó a esclarecer las circunstancias de la tragedia y prefirió cubrirlo de silencio.

El terror que vivió Cádiz aquella trágica jornada del 18 de Agosto de 1947 pasó a los anales de la Historia y queda aún el mudo recuerdo de los fallecidos, una explosión que pudo haberse evitado y muchas vidas de gaditanos que podrían haberse salvado. Vaya desde aquí nuestro recuerdo.