La visión de la muerte de Miguel de Mañara

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Es, sin dudas, uno de los personajes más duales que ha podido dar la ciudad de Sevilla y que encarnó al típico malandrín que cambiaría su vida, su nombre: Miguel de Mañara.

Antes de dar un giro radical a su vida, era una persona libertina, colérica y soberbia, no era, desde luego, recomendable su compañía.

En cierta ocasión le enviaron desde la Sierra de Huelva unos espléndidos jamones pero el oficial del Ayuntamiento no dejó entrar aquella jugosa mercancía en la ciudad y la retuvo en la Puerta de Triana. Miguel de Mañara tuvo conocimiento de aquel suceso y encolerizado, y espada en mano, fue hacia donde retenían su mercancía.

Al llegar a la calle Levíes tropezó y cayó al suelo hiriéndose en la cabeza, quedó tendido inconsciente y estando en aquel estado tuvo un sueño, una alucinación… Su cuerpo estaba siendo recogido por unos sepultureros que lo daban por muerto y le daban sepultura en el cementerio, en una época en la que enterrar a una persona viva dándola por muerta no era demasiado extraño y circulando por la ciudad todo tipo de historias al respecto.

Otros narran en la calle Ataúd fue atraído Miguel de Mañara con engaños para darle muerte pero al llegar escuchó una voz que le decía: “Traed el ataúd, que ésta ya está muerto”. Y salió corriendo del lugar. Años después la calle pasaría a llamarse, debido a aquel suceso, calle Ataúd.

No sería la última experiencia de este tipo que tendría don Miguel de Mañara que, incluso, llegó a ver su propio cortejo fúnebre e hizo que cambiara radicalmente su vida convirtiéndose en hermano de la Caridad y siendo un gran benefactor de los pobres y enfermos.