Las ánimas del purgatorio de la iglesia de San Antonio

CÁDIZDIRECTO.- Si caminamos por Cádiz y llegamos a la iglesia de San Antonio no deje la oportunidad de visitar a “El señor del Patio” o la Capilla del Sagrario, son lugares de habitual recogimiento y devoción que, si es creyente (respetando todas las creencias) su alma se lo agradecerá.

Siempre me han llamado la atención los cuadros que recogen los terrible males de las ánimas benditas del purgatorio, en Sevilla en el azulejo -por ejemplo- de la iglesia de San Pedro, en la plaza del Cristo de Burgos, y aquí en encuentro con un cuadro con el mismo reflejo. Es una pintura del siglo XVIII, donde se purgan los pecados, no obstante un texto a modo de leyenda nos saca de dudas: “La devoción por las ánimas del purgatorio expresa la caridad de los cristianos hacia los fieles ya difuntos, así como la esperanza en la vida eterna y la convicción de que debemos purificarnos de toda imperfección de egoísmo para gozar de plena y definitiva comunión de vida con Dios. Los vivos intercedemos con nuestras oraciones y buenas obras en favor de la purificación de los hermanos difuntos”.

Pero las ánimas del purgatorio esconden un as en la manga, se dice que tienen la capacidad de despertar a las personas de su sueño a la hora convenida, el impedir que Morfeo siga su trabajo y se dejen de incumplir obligaciones. No se si es producto de una fuerte sugestión, de nuestra propia psique o si por el contrario esconde algo de real, pero la historia que les narro no deja de ser curiosa pues viene directamente de su protagonista.

Antonio Ortíz es un joven estudiante que preparaba unas oposiciones desde hacía tiempo, como están los trabajos no tuvo otra alternativa mejor que optar por una de las plazas públicas que se ofrecen en concurso público vía prueba de conocimientos. Ya había dejado pasar una ocasión, que le costó tiempo y dinero, pues se quedó dormido el día que tenía que acudir al examen: “me debería de haber levantado a las siete pero cuando abrí los ojos eran las once de la mañana, tiré un año”. Así siguió con el esfuerzo de intensificar sus conocimientos y optar a otra plaza: “Recuerdo que aquella noche pensé en como no quedarme dormido aunque descansar unas horas, puse tres despertadores y mi abuela me dijo: ‘reza a las ánimas del purgatorio con fe y pídele que te despierten a una hora, verás como funciona’. No lo tomé en serio pero leí en internet y recé con devoción. Me quedé dormido a eso de las dos, tras repasar, y a las siete comenzaron a zarandearme las piernas, era muy perceptible, pegué un bote de la cama pero en la habitación no había nadie, miré la hora y vi que era la que yo había pedido. Me quedé impresionado y muy marcado por aquella experiencia”.

Nuestro amigo aprobó el examen y, como gratitud, llevó un ramo de flores a la iglesia, no creía en estas cosas pero aquel suceso lo convenció, quizás haciendo uso de aquella expresión: ‘vivir para creer’. Sugestión, nuestra mente, mil explicaciones que seguro que tiene pero lo deja de llamar la atención.