Las barbacoas, al cajón

CÁDIZDIRECTO/Francisco Márquez.- Un ataúd conducido por cuatro integrantes de la chirigota de El Bizcocho, No te vayas todavía, simbolizaba el velatorio del botellón playero del Carranza. Pinchitos y salchichas se fueron al cajón, un término muy carnavalesco por cierto.

Si el 28 de febrero la batalla de coplas se hizo por Andalucía, en esta ocasión el Carnaval regresó al Paseo Marítimo para disfrute de los de Cádiz Norte. Con una megafonía más decente y mejorando poco a poco en otros aspectos. Y hubo un indudable trasiego de peregrinos e incluso hasta marcianos desde la calle Nereidas hasta la calle Brasil quedando en evidencia que la copla fue la verdadera reina de la noche.

Tanto en el propio Paseo como en la arena, efectivos de la Policía Nacional, Local y del servicio de basuras, cual batallón Fletilla, custodiaban y limpiaban la arena y en el aire no quedaba ni rastro de ese humo procedente del vapor del sur de las planchas. Una costumbre que parecía predestinada a durar hasta la eternidad pero que anoche pasó a mejor vida como Manué. Literalmente se la llevó el viento porque también fue noche de levante. Ni en la Victoria, ni en Santa María del Mar, hasta Georgie Dann anda un poco enfadado.

En los chiringuitos, los equilibristas de los números se frotaron las manos porque se hizo caja. Aquí todo el mundo ganó dinero. También hubo lugar para alguna intoxicación etílica. Eso ocurre en cualquier fiesta, lo que pasa es que aquí en Cádiz muchas veces no valemo un duro y exportamos una publicidad perjudicial. En realidad eso sucede en todos los macroeventos donde se mezclan racionales con irracionales.

A las 5 de la mañana todavía había personal alrededor de algunos escenarios. Es lo que tiene no estar obligados a cumplir estrictamente los horarios que en el Falla imponen los del patronato. El Carnaval era una apuesta segura. Como con los reyes, enterrada la barbacoa, viva la barbacoac.