Las guerras del Vaticano

CÁDIZDIRECTO.- Dentro del Vaticano siempre ha habido luchas de poder, en unos casos entre órdenes religiosas como bien pudieran ser Jesuitas, Franciscanos o Dominicos –entre otros- o nuevas órdenes religiosas del tipo de los Legionarios de Cristo o el Opus Dei. Este último es señalado como una de las principales fuerzas de poder dentro de la Santa Sede donde ha ubicado en destacadas posiciones a sus miembros, como también lo están dentro de la sociedad española o de otros lugares del mundo donde amplía su círculo de poder.

Es precisamente el poder una de sus motivaciones, una de las causas por las que religión y poder parecen ir de la mano y sin embargo se encuentra tan alejada de aquella bella doctrina de paz y amor que predicó Jesús de Nazaret y cuyo mensaje, desde el siglo I hasta ahora tanto ha cambiado por intereses que, a veces, no se logra ni entender.

El Opus Dei fue fundado por José María Escrivá (o Escribá) de Balaguer en los años 20 del pasado siglo XX, en España. Floreció en una época en la que en el país había una fuerte represión impuesta por el sistema de gobierno dictatorial del general Francisco Franco, y fue en ese periodo histórico donde más cotas logró, a su amparo, entre la ciudadanía. Pero el gusto del gobierno no tenía por qué estar en consonancia con el que sentía el papado hacia el Opus Dei, que era diametralmente opuesto. Al papa Juan XXIII no le gustaban las formas y el excesivo conservadurismo de sus miembros y simpatizantes, le desagradaban conductas que apreciaba; con la muerte del papa los sucesores de este si iniciaron un acercamiento a la denominada “Obra”.

Quizás el acercamiento, o paso más importante, al Opus Dei lo dio Juan Pablo II, un papa excesivamente estratega e inteligente que no daba un paso al azar –sus últimos años de vida, por su enfermedad, si fue asesorado para bien y para mal-. A finales del año 1982, el 28 de noviembre, Juan Pablo II proclamaba oficialmente al Opus Dei cómo una prelatura personal. Para muchos analistas religiosos este paso fue “meter el enemigo en casa”, para otros fue “una bendición divina”, y es que no siempre llueve a gusto de todos.

Así fue como la organización ideada por Escrivá de Balaguer logró colarse dentro del Vaticano y tomar posiciones en una lucha en la que tendría otros poderosos rivales amparados, como ellos, por influyentes miembros del gobierno de curso en sus respectivos países. La “Obra” había penetrado en la Santa Sede y el objetivo de estar más cerca de la cúpula de poder, aquella que domina la Iglesia católica, era un hecho.

Pero su lucha por ascender dentro de la jerarquía vaticana no iba a ser sencilla pues otros grupos de poder estaban igualmente interesados, como bien pudieran ser la masonería o la misma Logia P2. Aunque no es declarada si es cierto que en el Vaticano se vive una guerra interna, desde la que va por lograr el ascenso dentro de la Curia y favorecer a sus respectivos grupos de poder hasta dentro de las finanzas con sus más que dudosas apuestas económicas en negocios de dudosa moral o sorprendentes si quien está detrás es el Vaticano.

Las consideraciones que tiene el Opus Dei son muy diversas, desde quienes consideran que hacen una labor piadosa hasta quienes la califican como de “santa mafia” o secta secretista. Todo ello derivado de los testimonios, experiencias, declaraciones de diferentes personas que han denunciado públicamente los hábitos, conductas y comportamiento de estos “religiosos”, un comportamiento que dejaría mucho que desear y no estaría en una línea cristiana tal y como predican, sino más bien sectario y represivo. En ese orden encontramos, en el año 1997, como una comisión del Parlamento de Bélgica incluía al Opus Dei dentro de la lista sectas o asociaciones sectarias. No ocurría lo mismo en España donde goza del beneplácito del gobierno pues miembros del mismo son destacados fieles de la “Obra”, donde además otros miembros de la sociedad como banqueros, ministros, empresario pertenecerían a la misma.

El Gran Maestre de una Obediencia de la masonería italiana, Giuliano del Bernardo, en esa disputa por el poder en el Vaticano afirmó: “las fuerzas de la reacción católica están en pleno movimiento, reorganizan sus tropas y cusan a la masonería. Pero, ¿por qué no se dice también que el Opus Dei, el integrismo católico, ha invadido como un pulpo las finanzas internacionales y también las italianas. Hombres del Opus Dei ocupan los más altos cargos del poder y condicionan las elecciones de importancia nacional”. Todos callaron, tal vez por saber que aquellas palabras eran una realidad.

La infiltración del Opus Dei dentro del Vaticano, dentro del poder de la Santa Sede, es evidente. Se piensa que dentro de la prelatura no se prueba el aperturismo que en determinadas épocas ha habido y abogan por una línea más conservadurista. Si bien hay grupos de poder que aspiran a humanizar una Santa Sede y una Iglesia Católica deshumanizada –en su opinión- el Opus Dei apostaría por lo contrario: cerrarla más, hacerla más radical y conservadora, a veces hasta límites insospechados.
Con todo ello los tentáculos de la “obra” siguen extendiéndose por todo el mundo gracias al poder que se les ha otorgado, gracias a la “Palabra de Dios”, aunque esta Palabra haya sido manipulada tan a conveniencia que sea ya irreconocible.