Las terribles experiencias paranormales de Elisa

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista y Jesús García.-Los que nos dedicamos a la investigación paranormal nos hemos preguntado en más de una ocasión por el destino de la humanidad. Sobre todo, una de las preguntas típicas que se hacen cuando empezamos con esos pensamientos filosóficos es “¿de dónde venimos?”. A partir de ese instante, empiezan a pasar por nuestra cabeza los casos investigados en los que, su protagonista no es el investigador ni el testigo o víctima, sino el fenómeno paranormal en si mismo. Y a partir de ese instante comienzan a surgir aún más dudas…, al menos para el que no ha tenido la posible respuesta a una de las preguntas que pueden derivar de la que hemos comentado.

Porque podríamos plantear la siguiente hipótesis: pensemos por un instante que nuestra procedencia no física puede estar instalada en una especie de dimensión energética, de la cual nos desvinculamos para, no sabemos bien cómo, terminar formando parte de un envoltorio físico con el cual vivir en esta dimensión, y llevar a cabo algún objetivo desconocido para esa parte terrenal, pero claro para ese ser energético.

A esta hipótesis llegamos cuando unimos varios hechos extraordinarios como son las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) y los casos de reencarnación.

Durante la fase inicial y final de la ECM tomamos conciencia de dos cosas: por un lado, esa parte espiritual que forma parte de nuestro YO, y que hemos comentado más arriba, la cual queda patente por los hechos extraordinarios que se “viven”, y en la parte final donde nos encontramos con una parte de esa “misión” con la que venimos a este plano físico. Por otra parte, las investigaciones llevadas a cabo con personas que aseguran haber estado “antes” en un lugar concreto, con una determinada familia, y describiendo hechos pasados con todo lujo de detalles, teniendo en cuenta que todo eso ocurre en un tiempo anterior a la actual vida del sujeto, provoca que el término acuñado para denominar ese paso de una vida a otra sea el más acertado posible. Nos referimos a la reencarnación, claro.

Recapitulando, hemos de pensar (¿porqué no?) que la parte espiritual puede “escoger” un envoltorio físico con el que tener unas vivencias determinadas. Pero, ¿qué ocurre cuando ese “plan” se tuerce? Si pensamos que esa energía toma posesión de ese cuerpo desde su concepción, y éste por razones traumáticas no llega a ver la luz del día, ¿qué le ocurre a ese cuerpo energético?

Puede parecer una pregunta sin sentido, si no llega a ser por algunas investigaciones llevadas a cabo, cuyo contenido es muy sorprendente.

Elisa Clamm es una mujer holandesa que cuenta en la actualidad con 53 años, y que se encuentra en un centro de internamiento psiquiátrico debido a lo que vivió cuando contaba con 21 años de edad. Para ella es ahora un recuerdo que está perdido en un mar de pensamientos sin sentido. Para su madre, uno de los peores capítulos de la historia familiar.

Antes de continuar, debo dejar claro que este artículo no pretende ser un alegato contra el aborto, ni tampoco una historia para remover conciencias, sólo una muestra más de lo apasionante que es una investigación paranormal, y el acercamiento a una teoría ya planteada sobre la existencia del ser.

Elisa se quedó embarazada a los 20 años, y todo parecía ir bien. Su madre, separada, veía en el nuevo ser un aliciente para continuar con fuerzas su vida. Pero la pareja de Elisa no lo veía bien. Al principio las discusiones se basaban en la idea del aborto, cosa que ella rechazaba de plano, y él pelea tras pelea subía más la terrible apuesta con chantajes cada vez peores. La futura mamá no daba un paso atrás, y eso provocó que la relación se rompiera.No influyó ni en ella ni en su madre, pero el chico planeó una venganza terrible.

Antes del cruel suceso, Elisa tuvo uma serie de sueños en los que un niño pequeno le avisaba de algo peligroso; tras despertar no le daba importancia a lo sucedido, ya que los doctores le indicaban que los cambios hormonales podrian provocar ese tipo de visiones oníricas. En cuanto a su madre, el deseo de ver a su nieto hacía que no prestara atención a estos sueños.

Luego empezaron a suceder una serie de fenómenos de difícil explicación, y que le impedían en muchos casos hacer planes para salir de casa. Desde pequeños, e inexplicables, desperfectos cuya reparación les hacía perder tanto tiempo que terminaban por desistir de la salida, hasta ver atónitas cómo su vehículo se negaba a ponerse en marcha, aunque el motor funcionaba y todo parecía estar bien tras una revisión mecánica.

Llegó un 20 de febrero, y la noche anterior fue para Elisa angustiosa. Una pesadilla la despertó y le hizo no poder volvera dormir. Tras comentarlo con su madre, ésta lo achacó a que era ya su sexto mes de embarazo…, pero el estado de nervios que padecía la joven podría estar justificado. En el sueño, el mismo niño de siempre, esta vez con voz amenazante le dijo: “Mamá, te he estado avisando todos estos meses, he impedido que salieras a la calle cuando sabía que había peligro…, aun así no ha servido de nada. Mañana moriré y mi espíritu quedará vagando por no poder completar mi misión”.

Aquella tarde parecía normal, y gracias a las infusiones de su madre, Elisa estaba tranquila. Se sentó en el pequeño jardín delantero para leer un poco, cuando de repente todo se tornó oscuro. Despertó 4 días después en el hospital, con un fuerte golpe en la cabeza, y varios otros por todo el cuerpo. Su madre lloraba a su lado, tomando su mano dolorida. Había sido atacada por su ex – novio y lo peor de todo: había perdido al bebé. El desmayo fue la última respuesta coherente del cerebro de Elisa, ya que lo posterior la llevaría a un estado mental del que todavía no se ha recuperado.

Después de recuperarse, Elisa estuvo viendo por la habitación a un niño en varias ocasiones, el cual la llamaba “mamá”, y trataba de tocarla, de interactuar con ella. Esto hacía que llamara a la enfermera presa del pánico. Parecería un trauma provocado por el lógico shock, si no llega a ser porque varias enfermeras habían declarado haber visto en ocasiones a un niño saliendo y entrando en esa habitación.

Una de ellas incluso le llegó a regañar por esa actitud, y vio sobrecogida cómo la figura del pequeño nse desvanecía. A pesar de ello, no hubo investigación oficial, peromse apresuró demasiado el traslado de Elisa a un centro de atención psicológica.

Mientras, en casa de la madre de Elisa, los acontecimientos paranormales hacían que fuera difícil vivir sin sobresaltos. La vecina hizo acto de presencia en dos ocasiones, preguntando quién era el pequeño que, por las noches, se asomaba siempre por la ventana de la habitación de Elisa.

Aunque han pasado más de treinta años, y a pesar del grave problema mental que los hechos han acarreado a Elisa, el caso sigue activo todavía, porque los hechos paranormales siguen sucediendo en la ahora casa abandonada de nuestra protagonista. Los mismos hechos paranormales que llevaron a la tumba a la madre de Elisa, incapaz de soportar esa situación, suicidándose en el interior de la citada casa.

¿Y el pequeño? Pues incluso en la misma residencia psiquiátrica se sigue apareciendo, acompañando a “su madre”, en pasillos y otras estancias, siendo visto por el personal que trabaja allí, aunque nadie quiere hacer nada para solucionarlo, y lo dejan pasar como si pretendieran que el tiempo, un buen día, haga por acabar con todo lo extraño que sucede.