Los fantasmas de doña Emilia y el ‘Cine Cortijo’

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista y Jesús García.- No hay puerto sin amor… ni ciudad sin casas encantadas, incluso como en este caso, cines. Esto lo podemos ver en esta historia que a continuación, les paso a contar. Para ello, debemos ir por la nacional 352, en el tramo paralelo a la calle de Santander, por el lado opuesto al mar de la ciudad de Ceuta. Aunque bien es cierto que lo que verá serán las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en esta zona.

Corría el año 1955, y en aquella época era un lugar de obligado divertimento, además de los largos paseos por la ciudad o por los parques (donde los hubiera), la visita a la gran pantalla para poder pasar un rato mirando una ventana en la que poder vislumbrar qué pasaba en otros lugares, o qué aventuras le ocurrirían en esa ocasión al actor de moda del momento.

Posiblemente, en aquel pequeño cine de Ceuta llamado “Cine Cortijo” se proyectara también aquella película en la que se mezclaban tres historias que giraban en torno a los oyentes de la radio, y la gente podría reír y llorar con aquel concurso en el que se ganaban 3000 pesetas, o con aquella historia de un ladrón que contestaba a una llamada desde un programa, estando en una casa robando. Una gran película del momento, magistralmente dirigida por José Luis Sáenz de Heredia.

Aquel cine no era el único que habitaba la ciudad. Había muchos cines, entre ellos, varios de verano. Pero si tenía una particularidad que a nosotros nos interesa en esta obra. Detrás de ese cine, en la barriada donde se ubicaba, vivían vecinos en sus casas. Todos ajenos a unos extraños acontecimientos que estaban sucediendo, menos una vecina que además los sufría casi a diario.

Se trataba de Emilia, una señora mayor cuya casa colindaba exactamente con el cine anteriormente citado. Esta buena mujer, se quejaba de unos sonidos extraños en su casa. Los familiares de los testigos (ya que la historia es un poco antigua), que aseguran haber oído los relatos de Emilia, cuentan que en un principio le pareció que todos aquellos ruidos provenían de la proyección de películas en el cine.

Pero claro, los sonidos en su casa también aparecían cuando el local carecía de actividad. En un principio no decía nada por temor a que los demás vecinos la tomaran por loca. Pero estos fenómenos se fueron agudizando y ella, presa de la tensión a la que estaba sometida y del temor que le producía, no tuvo más remedio que comentar estos hechos a algunos vecinos con la esperanza de que, uno sólo de ellos, también compartiera esa experiencia en su domicilio. Describía los sonidos como sonidos de cadenas que provenían de la pared que daba al cine, lloros y voces, lamentos desgarradores en algunos casos, sobre todo cuando el fenómeno se recrudecía.

Aquellas personas que asistían atónitas a sus relatos, pensaban que esa señora mayor deliraba a causa de su edad, que posiblemente tenía ya la cabeza perdida y no existía tal “fantasma”, más que en su pobre cabeza, posiblemente, ya perdida. Ante la insistencia de la buena mujer en defender sus argumentos, los comentarios se extendieron por la zona haciendo que, las personas que visitaban el cine y los vecinos empezaran a prestar más atención a los sonidos de los alrededores. La sorpresa fue mayúscula cuando varias atestiguaban dando la razón a Emilia, ya que podían percibir también esos sonidos de ultratumba.

El cine así se convirtió en doble espectáculo: los residentes y familiares que venían simplemente a ver la proyección del día, y los curiosos que, agudizando el oído, paseaban por la zona cerca de este recinto y de la casa de Emilia para escuchar los lamentos, golpes y sonidos metálicos que allí acontecían, no sin gran admiración y estupor al comprobar la veracidad del hecho.

La casa de esta buena mujer, al poco, se vio deshabitada. Posiblemente, Emilia ya no aguantaba más esa tensión, ni las frecuentes visitas de los curiosos. El caso es que, nadie se atrevió a habitarla, quedando así como casa fantasma.

Hemos dicho anteriormente que, si tiramos del hilo de una leyenda o una historia, nos podemos encontrar una base mediante la cual, poder indicar que posiblemente los fenómenos descritos en la misma pueden tener veracidad. Y ahí van algunos datos.

El cine y la citada vivienda se encontraban en un lugar denominado “Huerta Rufino”, donde en la pasada década de los 90, en una de las tantas excavaciones arqueológicas realizadas por la cuidad, se encontraron un conjunto de viviendas hispanomusulmanas del siglo XIV en un magnifico estado de conservación. Además de las estructuras básicas de las viviendas, se encontraron zócalos pintados que decoraban algunas de las estancias.

Las mismas se englobaban en el conjunto de la Ceuta bajomedieval, que surge en los terrenos y viviendas abandonadas tras la conquista de la ciudad por los portugueses en 1415. Aljibes, hornos, cocinas, letrinas… Todo ello debajo de la casa de Emilia.

Sabemos los que nos dedicamos al misterio que son muchos los enclaves antiguos en los que podemos detectar cierta actividad paranormal, y este, tiene las características necesarias y descritas para poder hacer veraz la historia que hemos relatado. Quien sabe si, esos antiguos moradores, no querían que aquel lugar fuera habitado más que por ellos, como defendiendo desde ultratumba, lo que antes les pertenecía.