Los misterios de la estación fantasma de Canfrac

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- Hay edificios diseminados por todo el territorio nacional que no les hace falta contener un misterio para ser un misterio en si. Es lo que le ocurre a la estación de Canfrac (Huesca), un destacado e imponente edificio que guarda celosamente los secretos de otros tiempos en su interior.

La estación de Canfrac se encuentra en un lugar privilegiado de su entorno natural y está en el olvido de muchos que desconocen su historia. Dicen de ella que es un lugar maldito y que en el periodo en el que se estaba construyendo pasaron “cosas” que así lo presagiaba. Quizás sólo habladurías para contribuir a ese halo mágico que tiene un punto de interés turístico en la actualidad.

Llegó a ser la segunda estación más grande de Europa tras la germana de Leipzig, y es que esta monumental edificación de principios del siglo XX no deja indiferentes a nadie. Su diseño se corresponde a la idea desarrollada por Fernando Ramírez de Dampierre comenzando su edificación en 1921. El ingeniero no pudo acabar la acabar la obra al morir y se sustituyó por el ingeniero Ramón Martínez de Velasco

Su funcionamiento fue debido al interés de Midi Francés y Norte de España, dos empresas que quisieron incrementar la actividad ferroviaria en todo ese sector y se logró con notable éxito siendo el rey Alfonso XIII junto al presidente de la República Francesa los que inauguraron la misma siendo famosa la frase el monarca: “Los Pirineos han dejado de existir”.

Una tragedia sucede en septiembre de 1931 cuando sufre un incendio provocado por un cortocircuito en el vestíbulo principal , pasto de las llamas desaparecieron la biblioteca y parte de la cafetería, se cuantificó todo en unas pérdidas estimaron en dos millones y medio de pesetas y no hubo quién no indicó que pudo ser una conspiración francesa pues sólo afectó al lado español y era “sospechoso”.

La Guerra Civil Española  y la II Guerra Mundial detuvo la actividad en varias ocasiones y los gobiernos posteriores hicieron que se cerrara entre los años 1945 y 1946. Se reabre en 1950 y la “maldición” -aquella que dicen que se llevó la vida del ingeniero principal- se cobró un nuevo evento: el descarrilamiento de un tren de mercancías en 1970 en provocó la rotura del puente de L’Estanguet, en el lado francés. Los gastos hicieron que no se reconstruyera y quedó incomunicado con Francia cayendo en el olvido.

El lugar donde se encuentra ha hecho que se haya reactivado como un lugar turístico en plena naturaleza.

De Canfrac se narran también historias de tesoros nazis, así el diario EL PAÍS recogía en sus páginas: “en el año 2000 fue cuando un ciudadano francés encontró allí abandonados los documentos que probaban el paso, entre 1942 y 1943, de 86 toneladas de oro nazi robado a los judíos, destinadas en su mayor parte a Portugal. Se empezó a mencionar a Albert Le Lay, el jefe de la Aduana francesa en Canfranc, miembro de la Resistencia, que facilitó la entrada a España de cientos de refugiados, muchos de ellos judíos, mientras simulaba colaborar con los nazis. “Por entonces al oro no le dábamos importancia. Toda la repercusión que ha tenido vino después”. Lo recuerda Julián Herrezuelo, de 93 años, hijo de guardia civil destinado en la estación.

Para los vecinos tenía entonces más interés la comida que pasaba en los vagones de un país a otro. “Mi padre decía que los de Canfranc eran capaces de quitarle las herraduras a un caballo corriendo. Yo recuerdo ir a las vías y salir con los bolsillos cargados de latas de sardinas… La piña era buenísima. Lo tenía que dejar todo en la primera habitación de casa para que lo recogiera mi madre sin que él se enterara”. Herrezuelo pasea por la estación y cada cosa que ve despierta su memoria. “Este trozo de barandilla quedó hecho añicos cuando unos chavales que jugaban por aquí lo movieron”. A Herrezuelo le acompaña Ángel Sánchez, que, a pesar de la nieve, ha salido de casa con un fino forro polar y mocasines: “Veníamos aquí de niños a jugar porque era el único lugar caliente”. De acogedor no conserva nada el edificio. Es un lugar frío que únicamente tiene visitable la entrada, y aun así cerca de 40.000 personas acuden al año a verlo”.

Su aspecto y su abandono durante años, ha hecho que los muros de Canfranc sean el origen de muchas historias de fantasmas y aparecidos en un lugar en el que no le gustaría quedarse a solas por la noche…