Misterio en la ‘Casa del Conde’, en Cádiz

CÁDIZDIRECTO/Jose Manuel García Bautista.- En muchas ocasiones los casos paranormales -o presuntamente paranormales- se dan cuando uno menos lo espera, cuando no lo sospecha si quiera. De alguna forma atienden a esa atemporalidad de la que hablo en muchas ocasiones.

Uno de ellos viene a sucederse en una casa en pleno corazón de Cádiz, en un lugar cuyo nombre le pusimos -como identificador- la “Casa del Conde” y dónde se suceden todo tipo de fenómenos inusuales. Allí sus inquilinos actuales pronto comenzaron a tener extrañas experiencias.

Cuando llegaron a aquel inmueble comenzaron a sentirse ruidos, creían que podían ser roedores pero se mantenían por todo el día y los desparasitadores no encontraban explicación pese a que también lo escuchaban. Las noches percibían un olor putrefacto muy extraño “era como si hubiera un animal muerto o huevos podridos, muy desagradable. Pensamos que eran los bajantes pero no… Todo estaba bien pero el olor echaba para atrás… Pero no había tampoco explicación. Mi padre decía que íbamos tener que llamar al Iker Jiménez ese…” decía Manuel Jesús Fernández.

Los fenómenos se recrudecieron de forma más abrupta con el pasar de los días, de las semanas… “Una noche se comenzaron a sentir pasos en la zona de arriba cuando fui no había nadie, luego fueron los portazos, las puertas que se dejaban abiertas se cerraban solas y algunas eran difíciles de mover y, pese a todo, se cerraban solas” seguía comentando.

La luces también se encendían solas en el pasillo” pero el peor momento llegó “cuando una noche, tras ver una película, al subir a las habitaciones, vimos una sombra que se paseaba por el corredor, por el pasillo, y una puerta que se cerraba. Pensamos que era alguien, fuimos a la habitación y no había nadie”, decía cariacontecido y contrariado.

“¿Qué hicisteis para libraros de aquello?” fue mi pregunta con un tanto alto de incredulidad, la respuesta fue: “Lo comentamos a unos amigos y nos pusieron en contacto con un sacerdote que, tras escucharnos, aceptó venir a casa y bendecir las habitaciones y demás. Una de las personas que vino nos dijo que la casa tenía ya sus años y le decían la “Casa del Conde” entre los más cercanos -una denominación que pocos conocen- por qué no sabían bien si el propietario antaño fue un Conde, de la aristocracia, o era Conde de apellido. Sea de la forma que sea la cosa es que hoy dicen que es quién se aparece aquí, pero nosotros desde la bendición estamos más tranquilos”.

Así la investigación en la casa comenzó con resultados negativos, quizás por que el “Conde” ha dejado de morar por sus estancias encontrando la paz perdida… ¿Quién sabe?