Casos extremos: los peligros de la ouija

En muchas ocasiones se habla del mal llamado juego de la ouija como «algo» potencialmente peligroso que puede alterar la psicología de la persona hasta extremos insospechados. Hay partidarios y detractores del tablero que según los investigadores de este tipo de cuestiones es «un portal abierto al otro lado» cuando, tal vez, es un «portal abierto» a la psicología más débil o más influenciable.

Casos hay para temer e inquietarse pero aún más con algunos que son llevados al extremo, tanto que, incluso, pudo costar la vida de personas que lo practicaron. Ejemplo de ello son los casos que les quiero exponer.

Sucedió en Sevilla

El primero de ellos tuvo lugar en Sevilla, allí un grupo de estudiantes se reunía a practicar el juego en la Universidad Laboral de la capital hispalense. Un día comenzaron una sesión y quedaron «enganchados» con la adrenalina y el mensaje de ese «ser» del otro lado con el que decían haber contactado. Eso hizo que practicaran frecuentemente con el tablero.

Pero pronto surgiría una situación indeseada pues una de las participantes se quedó sola con el tablero y, en lugar de ir a clase, decidió quedarse practicando con la misma. En esa sesión se le pidió una «prueba de vida» para evitar mayores daños a sus compañeros, según indicó el «ser» con el que comunicaban. Así, en la plataforma superior de un trampolín de salto profesional, a una altura de cuatro pisos, con la piscina vacía, la chica decide saltar, al vacío, a la nada…

Una caída de 15 metros más el calado de la piscina es lo que esperaba a aquella chica que tuvo la suerte de no impactar contra el cemento del suelo de la misma sino que lo hizo sobre un neumático de camión quedando mal parada y con muchos huesos rotos y contusiones.

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El diario ABC se hacía eco de la noticia:

«ABC SUCESOS DOMINGO 13- 3- 94 Sevilla: Ingresada en la UCI tras arrojarse desde el trampolín a una piscina vacía Sevilla. Efe La joven de 15 años, R. C. R. resultó gravemente herida tras lanzarse a una piscina sin agua en Sevilla y continúa ingresada en la UCI del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, informaron ayer fuentes de dicho hospital. La chica, según informaron fuentes sanitarias, se arrojó el pasado miércoles, por causas que se desconocen, desde lo alto del trampolín de la piscina vacía de la Universidad laboral de Sevilla, desde una altura equivalente a la de un cuarto piso. Según las mismas fuentes, como consecuencia de la caída, la joven sufre un politraumatismo del que se recupera en el Hospital Virgen del Rocío de la capital sevillana».

Fue auxiliada por dos personas que se encontraban jugando al frontón en unas instalaciones deportivas cercanas, uno de ellos era sanitario y pudieron atender a la joven hasta que llegó la ambulancia que la conduciría al Hospital Virgen del Rocío, no cabían en su perplejidad cuando la vieron saltar de esa plataforma.

Es un primer caso extremo de lo que es malentender la ouija y los peligros psicológicos que tiene.

El Caso Vallecas

Otro caso impactante es el de Estefanía Gutiérrez Lázaro en el madrileño barrio de Vallecas, un caso que siempre ha sido una referencia en el mundo del misterio y para los investigadores de lo paranormal.

Ocurrió en 1992 cuando Estefanía murió en extrañas circunstancias tras realizar diferentes sesiones de ouija y una serie de fenómenos inexplicables que sucedían en su casa.

Vivía en la calle Luis Marín, la chica, de 18 años, practicaba la ouija en el instituto con otras amigas. En una de aquellas sesiones trataron de contactar con el espíritu del novio (fallecido) de una de ellas en un accidente de moto. En plena sesión son descubiertas por una profesora. Unos cuentan que «aspiró» un «humo raro» que salió del vaso y otros dicen que eso «sólo es una leyenda urbana que nunca sucedió», pero lo cierto es que Estefanía comenzó a sufrir todo tipo de fenómenos físicos como convulsiones y alucinaciones, escuchaba voces e iba a peor. En el mes de agosto de 1991 fallece tras ser ingresada en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

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Pero no acabó ahí lo sucedido en casa de Estefanía Gutiérrez Lázaro pues el 27 de noviembre de 1992 se recibe una llamada en la central de la Policía Nacional en el que la familia avisa de fenómenos paranormales en la casa. Hasta el lugar se desplaza el inspector José Pedro Negri junto a tres agentes más que, en el informe, hicieron constar que: «pudieron oír y observar como una puerta de un armario perfectamente cerrada, cosa que comprobaron después, se abrió de forma súbita y totalmente antinatural». Así se desencadenó «una serie de sospechas serias».

En el mismo informe señalan: «No habían salido de la sorpresa y comentando la misma, se produjo un fuerte ruido en la terraza donde pudieron comprobar que no había nadie» y «momentos después pudieron percatarse y observar como en la mesita que sostenía el teléfono y, concretamente, en un mantelito, apareció una mancha de color marrón consistente identificada como babas», el Cristo del crucifijo estaba despegado, separado de la cruz y en un póster había huellas de arañazos.

¿Respuestas? Casi ninguna a un caso que hoy es toda una referencia.