Conspiración en Afganistán: nada es lo que parece

Sorprendentes son las imágenes que se están viendo estos días en Afganistán donde la población se afana en huir y se agarran, desesperados, hasta a los fuselajes de los aviones provocando dramas difíciles de sostener. No ha sido inesperado para los analistas internacionales y expertos en geopolítica que ya advirtieron que con los “puentes de plata” tendidos por Estados Unidos y otros países al abandonar la zona lo más posible era que sucediera es lo que hemos visto: la toma de Kabul por parte de los talibanes.

Así, con la entrada del fundamentalismo yihadista en Afganistán vuelve el régimen del terror y el feudalismo a un país que se había mantenido con el apoyo de los países que tenían presencia militar en el mismo, incluido Rusia.

En una zona rodeada de países como Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y la República Popular China, se muestra como el más débil y donde países como Reino Unido, Rusia o Estados Unidos han estado jugando a ese juego de la geopolítica donde era más interesante el oleoducto con el petróleo del Golfo Pérsico que el bienestar de la población, era más importante tener preferencias sobre sus “bolsas” de gas (de un posible gaseoducto) que la solidez política y libertad del pueblo, y donde, igualmente, se convertía en el principal productor de opio del mundo, que es otro factor a tener en cuenta.

Inversiones interesadas en Afganistán

No deja de resultar paradójico que esos mismos talibanes que toman Kabul, e imponen el terror, fueran adiestrados por países como Estados Unidos o Rusia y que miraran para otro lado en el despojar de sus derechos a la población, espacialmente mujeres, y contra la cultura. Un país al que se le acusó de dar cobijo a Bin Laden, líder de Al Qaeda e ideólogo de los atentados del 11-S, para finalmente no estar en el mismo y si en la cercana Pakistán, pero el fin justificaba los medios y el oleoducto bien merecía esa excusa pese a los informes negativos de los servicios de inteligencia de diferentes países.

Dos billones de dólares destinó Estados Unidos a, presuntamente, modernizar el país y el ejército, infraestructura y material del que ahora se aprovechan los talibanes en un acto, calculado, por parte de la Administración de Joe Biden.

España gastó en Afganistán 3.500 millones de euros y 104 militares que se dejaron la vida en aquellas áridas tierras (incluyendo el accidente del Yak 42 con 62 víctimas), el caso de España es uno más del “acuerdo internacional” de aquella famosa reunión de las Azores en la que estaban el primer ministro británico Tony Blair, el presidente de los Estados Unidos George Bush y, por España, José María Aznar que continuó, posteriormente, el socialista José Luis Zapatero.

La situación se veía venir, en su día la preocupación no era “cazar” a Bin Laden, la preocupación era salvaguardar la integridad del oleoducto a fin de evitar un atentado contra el mismo y disparar el precio del crudo, pero valía la pena enmascararlo con otras razones. El oleoducto recorre 1680 kilómetros para transportar el mismo hasta Dauletabad, en Turmenistán, hasta Pakistán cruzando el territorio de Afganistán occidental (Kandahar y Herat), construido en 1996 por la empresa Unocal (Estados Unidos) en cooperación con los talibanes que gobernaban, en la época, el país. El proyecto se abandonó a finales de los 90 por la inestabilidad política y militar en el país y se elige otra ruta por el del Cáucaso meridional, y en 2006 se inaugura un gasoducto que transporta gas de Turkmenistán a Turquía a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Georgia.

Pero en abril de 2008 se firma un acuerdo con India y se preveía la apertura del mismo en 2018 con empresas petrolíferas muy interesadas en el mismo y de países tales como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido. Pese a todo las previsiones de apertura del oleoducto para 2018 se quedaron sólo en eso: expectativas difíciles de cumplir.

Geopolítica y oleoductos

Sobre su valor estratégico dentro del corredor energético de la zona, Miguel Ángel Ballesteros Martín del IEEE (Instituto Español de Estudios Estratégicos) indica: “Aunque Afganistán dispone de algunas reservas de petróleo en la zona norte y de minerales estratégicos en la zona sur su principal valor se lo otorga la posición geopolítica que ocupa y que le convierte en un lugar de paso para los recursos energéticos procedentes de Irán y Turkmenistán hacia Pakistán y la India, e incluso hacia China. Irán dispone de las segundas reservas de gas del mundo y Turkmenistán de las cuartas”.

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Además señala: “La creación de oleoductos y gaseoductos por Afganistán hacia Pakistán y la India aumentaría las salidas de los recursos energéticos de Asia Central e Irán lo que favorecería a la mayoría de los países de la región. Sin embargo, esta posibilidad perjudicaría a la política rusa que trata de controlar, hasta donde le es posible, la distribución de gas en Europa y Asia. La empresa UNOCAL (Union Oil of California), de la que Hamid Karzai llegó a ser consultor, proyectó la construcción de un gaseoducto que partiendo de Turkmenistán entraría en Afganistán por Herat y pasaría por Kandahar hasta llegar a Pakistán por Multan. Este proyecto se denominó TAP por las siglas de los países. En julio de 2001 esta empresa llegó a establecer negociaciones con el Gobierno talibán. La intervención norteamericana de 2001 paralizó el proyecto y favoreció a la empresa rusa GAZPROM seguir monopolizando el gas turkmeno” por lo que ya sabemos mejor las motivaciones de los unos y de los otros, de rusos y estadounidenses en un claro ejemplo de geopolítica.

“En 2008 el proyecto del TAP se transformó en el TAPI al incluir a la India, aunque este país no ha aceptado formar parte del proyecto hasta el momento. Seguramente prefiere no depender de Pakistán, su tradicional rival, por donde recibiría el gas”.

De entre las conclusiones de Ballesteros Martín destaca:

Hay que evitar a toda costa que Afganistán se convierta en un estado fallido, que proporcionaría el escenario ideal a Al Qaeda para restablecer su santuario. Para ello, la construcción de instituciones solidas estatales resulta esencial (que no parece que con los talibanes vaya a suceder).

En imprescindible conseguir la participación en la solución de los países directamente implicados en el conflicto como son los EEUU, así como la aportación de los Estados de la región tales como Pakistán, India, Irán, China, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Rusia. (Países que, en su mayoría, han salido de la zona o no quieren relación con el régimen talibán).

La solución debe ser válida para los pastunes de Afganistán y aceptada por los pastunes pakistaníes. Esto implica tratar de negociar con los talibán hasta donde esto sea posible.

La solución debe propiciar la reducción significativa del cultivo de amapola, para poder evitar la corrupción del estado Afgano. La corrupción supone un grave riesgo ya que podría acabar con el Gobierno al poco tiempo de que las tropas internacionales abandonaran el territorio afgano, como ocurrió tras la salida soviética. (Hecho que se va a potenciar siendo para los talibanes un negocio en el que Afganistán va a ser el “supermercado de la heroína” en el mundo).

La retirada de las tropas internacionales debe ser consensuada por todos los países intervinientes y llevada a cabo sin ser anunciada hasta que no sea estrictamente indispensable, para evitar que las potencias y países de la región traten de obtener posiciones de ventaja. Además de que los anuncios de retirada refuerza a los talibán y debilita al Gobierno Karzai. (Algo que Donald Trump no cumplió al airearlo a los cuatro vientos).

Es importante el punto de la importancia del “fallido” oleoducto afgano y la importancia como productor de droga en un punto estratégico en Asia como lo tiene Afganistán cerca de la zona china de Xinjang con sus ricos pozos de petróleo y la financiación de la CIA al nacionalismo uigur, desestabilizador en la región.

Control del opio y la heroína en el mundo

El control del tráfico mundial de la heroína es básico con un volumen de negocio de 150.000 millones de dólares anuales. Es la competencia directa del “Triángulo del Oro” o “Triángulo del Opio” formado por Laos, Birmania y Camboya donde la CIA tuvo un importante peso específico y financiaba con el tráfico de drogas operaciones anticomunistas en toda la región del sudeste de Asia, misma forma de actuar que tuvo en Colombia o Ecuador en los años 80 o que ha tenido en Afganistán en la lucha contra Rusia por parte de los muyahidín.

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“Los estadounidenses no hacen nada contra la producción de droga en Afganistán porque les proporciona, por lo menos, 50 mil millones de dólares al año. No es un misterio que los estadounidenses transportan la droga en sus aeronaves militares al extranjero” decía el general ruso Mahmut Gareev.

El periodista Dave Gibson afirmaba, apoyado en informaciones de un confidente de la inteligencia de Estados Unidos, que: “la CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam”.

Son los llamados “narcodólares“, Eric Margolis, en el Huffington Post, escribía: “Estados Unidos no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai. Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos”.

El director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), Antonio M. Costa, decía: “El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado. El dinero del tráfico de drogas es actualmente el único capital líquido disponible para inversión. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario, de ahí que este capital en efectivo se haya convertido en un factor importante. Parece que los préstamos bancarios han sido financiados con dinero que proviene del narcotráfico y otras actividades ilegales. Es, obviamente, difícil de probar, pero hay indicios de que algunos bancos se han salvado por estos medios”.

Y llegados a este punto cabe volver a preguntarse: ¿De verdad no ha sido todo un movimiento intencionado y calculado? Creo que las respuestas las tiene más cercana pero, hay un elemento más que es importante y que tiene nombre y apellido: litio. Según el prestigioso diario The New York Times, en Afganistán había mucho litio (en base a un informe filtrado por el Pentágono) y eso era importante pues significaba que el país afgano tenía un importante recurso con el que autofinanciarse y Estados Unidos junto a otros países abandonar la zona dejando estabilidad política y económica. Pero es obvio que este tipo de artimañas ya es usual. ¿Recuerdan cuando Bush invadió Irak diciendo que tenían uranio empobrecido y armas de destrucción masiva? Realmente no tenía nada de eso pero era una forma de tener petróleo barato sin tocar los recursos de Estados Unidos. La guerra se saldó con 1846 soldados muertos y más de 400.000 millones de dólares de coste pero “el fin justifica los medios” y Estados Unidos es el único país que siempre gana en una guerra aún perdiéndola pues lo compensa con el lado económico.

Mientras que los países se afanan en sacar a sus ciudadanos de Afganistán los talibanes toman todas las ciudades e imponen la ley del terror. El presidente Asharf Ghani huyó y 60 países emprenden la repatriación de los suyos en una permisividad que tiene, como hemos visto, mucho de geopolítica y poco de sorpresa aunque a usted le harán creer lo contrario.